Martes 24 de Febrero de 2026

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24 de febrero de 2026

La campaña que llevó a Perón a la presidencia: sabotajes en las vías, el papel de Evita y la disputa con el embajador de EEUU

El 24 de febrero de 1986, hace 80 años, se celebraron elecciones nacionales que consagraron a un militar, artífice del golpe de junio de 1943. Cómo construyó su sustento político y cuál fue el papel de los radicales en el marco de una violenta campaña electoral

>El binomio Tamborini Mosca, que era la fórmula de la Unión Democrática, estaba exultante. Es que cuando se conocieron los primeros cómputos, que llegaron de las provincias de San Luis y San Juan, los daba como ganadores. Ellos creyeron que esa era la tendencia y que habían derrotado al candidato oficialista del gobierno de facto, el coronel Las elecciones del 24 de febrero de 1946 eran el cierre de una etapa que se había iniciado el 4 de junio de 1943 cuando los militares agrupados en la logia Grupo de Oficiales Unidos (GOU) habían derrocado al gobierno de Ramón Castillo. Ese golpe inauguraría un nuevo ciclo para el país y para el ascendente coronel, que sabría sacarle provecho a la situación. Causó sorpresa e incredulidad cuando eligió hacerse cargo del Departamento Nacional del Trabajo, un organismo inoperante que había sido creado en 1907.

En noviembre de ese año, Perón logró cambiarle el status a su dependencia y pasó a ser Secretaría de Trabajo y Previsión, que sería una base de sustentación a su proyecto político, ya que dicho organismo estatal poseía filiales en todo el país.

Sus principales colaboradores se lanzaron al operativo seducción de radicales. Domingo Mercante, Juan Atilio Bramuglia y Arturo Jauretche fueron algunos de los que intentaron convencer a los yrigoyenistas y a los jóvenes nucleados en torno al sector intransigente. Si bien no consiguieron sumar a líderes de primera línea, se pasaron al nuevo proyecto, que aún no se llamaba peronismo, personalidades como Armando Antille, Diego Luis Molinari, Ricardo Guardo, César Guillot, Román Subiza, Miguel Tanco, Alberto Durand, Eduardo Colom, John William Cooke y Joaquín Díaz de Vivar, entre tantos otros.

El 23 de octubre de 1945 crearon la Unión Cívica Radical Junta Renovadora. Mientras tanto, los dirigentes sindicales que habían motorizado la movilización del 17 de octubre dejaron constituido el Partido Laborista. A Perón lo nombraron afiliado número uno.

En las pujas por definir las candidaturas, se notó que radicales y laboristas serían como el agua y el aceite. Los dirigentes sindicales no comulgaban con aquellos políticos a los que asociaban con componendas, arreglos y traiciones. Solo se pusieron de acuerdo en llevar la fórmula Perón-Quijano, pero el resto de los candidatos fueron con listas separadas, salvo escasos distritos. Como a Perón también lo apoyaban sectores nacionalistas y conservadores, que no encajaban ni con radicales ni con laboristas, se armó, para contenerlos, el Partido Independiente.

Las elecciones nacionales estaban previstas para el 7 de abril de 1946, pero el presidente Edelmiro Farrell las adelantó para el 24 de febrero. La oposición no puso ninguna objeción, ya que se sentía preparada. Los radicales alvearistas, los socialistas, demócratas progresistas y comunistas conformaron la Unión Democrática, que llevó la fórmula José Tamborini-Enrique Mosca. “Por la libertad, contra el nazismo” era uno de sus principales slogans.

Durante la campaña electoral se registraron graves actos de violencia. Por ejemplo, hubo tres muertos en un tiroteo cuando el Tren de la Libertad, que llevaba a los candidatos de la Unión Democrática, viajaba por el norte y otros dos en Plaza Once. Perón era precavido: en sus giras por el interior hacía detener el tren tirado por la locomotora “La Descamisada” antes de llegar a la estación, donde descendía con su comitiva. En una oportunidad, obreros ferroviarios hallaron explosivos colocados en las vías, hubo descarrilamientos provocados por actos de sabotaje y la lluvia de piedras era una constante.

La Unión Democrática hizo un gigantesco acto el 9 de febrero de 1946 en Nueve de Julio y Avenida de Mayo. Los candidatos fueron redundantes en las alusiones a la democracia y a la libertad, relacionaban a Perón con el nazismo. Sentían que tenían la elección ganada. “Ha llegado la hora de combatir”, anunciaron.

El 12 fue un día lluvioso. Perón estaba resfriado y se hizo un acto desde los balcones de un viejo edificio frente al obelisco, en Diagonal Norte y Cerrito. El candidato pasó la tarde preparando el discurso que leería. Estaba preocupado por la multitud que lo esperaba, aunque Evita estaba exultante.

Estados Unidos había dado a conocer el Libro Azul, en donde se trató de vincular al candidato con el nacionalsocialismo, derrotado meses atrás en Europa. Su contenido fue reproducido por los principales diarios. Tres días antes de las elecciones, Perón contraatacó con el libro Azul y Blanco. Era el corolario del enfrentamiento mantenido con Spruille Braden, el embajador norteamericano, a quien asoció a los intereses de los políticos de la Unión Democrática.

La oposición, evaluaba que “Perón es asunto terminado”, tal como declaró Amadeo Sabattini, en rueda de prensa en su provincia. Faltaban tres días para las elecciones y el dirigente radical cordobés, que había hecho una muy buena gestión como gobernador entre 1936 y 1940, estaba por demás confiado.

- Le oí a Ricardo Rojas recitar “El albatros”, de Baudelaire –contó Molinari.

- Entonces, no caben dudas. ¡Perón ya es presidente!

Ese domingo 24 de febrero, a las 8 menos cuarto, Perón llegó a la mesa de la calle Juncal 2961, entre Billinghurst y Sánchez de Bustamante, distante unas veinte cuadras de Posadas al 1500, donde vivía con Evita. Debió esperar quince minutos hasta que las autoridades y fiscales se acomodasen para poder habilitar la mesa. Su principal contrincante, el radical José Tamborini, un médico que dos días antes había cumplido 60 años, lo hizo a las 11 de la mañana en Cerrito 526.

Los votos de San Luis y San Juan, que daban ganador a la Unión Democrática, no representaban una tendencia. A medida que fueron llegando los resultados de otras provincias, especialmente el litoral, y Buenos Aires, los números daban una clara ventaja para Perón, quien se había recluido en su quinta de San Vicente.

Los resultados finales se conocieron el 8 de abril. Perón-Quijano obtuvo 1.487.866 votos, el 52,84% y 304 electores, contra 1.207.080, 42,87% y 72 electores de Tamborini-Mosca.

No era el único favor que le harían. Farrell, el presidente saliente, se hizo cargo de medidas impopulares, como fue la intervención de las universidades y coartarle a los diarios de la oposición el acceso al papel.

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