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24 de febrero de 2026

Yurii Klymenko, embajador de Ucrania: “Rusia no logró quebrantar nuestro espíritu, solo fortaleció la determinación de defender la patria”

En el cuarto aniversario de la invasión, el diplomático analiza en diálogo con Infobae la “determinación de hierro” del pueblo ucraniano, denuncia el uso del frío como arma de guerra y evalúa el papel de Argentina en los esfuerzos por alcanzar una paz justa

>Al cumplirse el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala, el embajador de Ucrania en Argentina, Yurii Klymenko, advirtió que la resistencia de su país ha mutado de la urgencia de supervivencia a una “determinación de hierro” que no admite concesiones territoriales. En una entrevista exclusiva concedida por escrito a Infobae, el diplomático analizó el complejo escenario geopolítico de 2026, marcado por la mediación de Estados Unidos, las tensiones en Ginebra y el uso estratégico del invierno por parte del Kremlin como una herramienta de “terrorismo” contra la población civil.

Respecto al panorama internacional, el diplomático alertó sobre la “fatiga” de los aliados y envió un mensaje directo al Hemisferio Sur y a los países del G20. “Los autócratas no se cansan de la guerra y el ‘mundo ruso’ no tiene límites”, sentenció Klymenko, instando a la comunidad internacional a entender que permitir una victoria de Moscú sentaría un precedente peligroso para cualquier frontera soberana en el mundo. El diplomático también reafirmó la importancia de la “autoridad moral” de Argentina en la búsqueda de los miles de niños ucranianos deportados por Rusia, un proceso que Kiev considera una prioridad nacional absoluta.

—Los agresores rusos han causado un inmenso sufrimiento: ciudades destruidas, millones de desplazados y una herida profunda. A mediados de febrero de 2026, hemos registrado más de 216.000 crímenes de guerra. Confirmamos el fallecimiento de al menos 16.700 civiles, incluidos 684 niños. Estos datos reflejan la magnitud de la tragedia humanitaria en Ucrania y, al mismo tiempo, explican nuestra firmeza de seguir luchando por la justicia.

—Valoramos la activa implicación del presidente Donald Trump. El presidente Zelensky ha señalado que el liderazgo de EEUU es clave para generar un impulso diplomático real hacia la paz. Saludamos la disposición de Argentina a respaldar estas iniciativas. Al mismo tiempo, es fundamental que Ucrania participe como actor pleno en cualquier proceso de negociación, junto con sus principales socios.

Nuestra posición es clara: necesitamos una paz justa y duradera, no una simple congelación del conflicto. La paz solo será posible con la retirada completa de las tropas rusas y el restablecimiento de la integridad territorial dentro de nuestras fronteras reconocidas internacionalmente y la rendición de cuentas por los crímenes cometidos. Los territorios temporalmente ocupados siguen siendo parte integrante de Ucrania. Confiamos en que Argentina, en su diálogo con EEUU, promueva este enfoque: una paz justa y sostenible.

—Hay límites infranqueables: no reconoceremos jamás como rusos los territorios temporalmente ocupados. Tampoco aceptaremos retirar nuestras fuerzas de territorio soberano bajo control ucraniano porque son una parte integral de nuestro Estado, de nuestra identidad y de nuestra población. Tampoco aceptaremos exigencias que impliquen la retirada de nuestras fuerzas de territorio soberano actualmente bajo control ucraniano. Para nuestra sociedad, cualquier cesión territorial sería moralmente inaceptable; la gente nunca lo perdonaría porque se trata de su tierra, su bandera y sus ciudadanos.

—Tras cuatro años de sanciones, ¿la diplomacia ucraniana percibe alguna grieta en el consenso social interno de Rusia o el control del Kremlin sigue siendo absoluto?

Aunque muchos rusos huyeron para evitar la movilización —algunos a Argentina, abusando del régimen sin visado—, no ha habido una condena colectiva clara al dictador. En gran medida, la sociedad rusa, en su mayoría, sigue permaneciendo en silencio.

Aun así, empieza a crecer el malestar por la suba de precios y la deformación de la economía. No importa lo que diga la propaganda rusa, las sanciones internacionales están cumpliendo su función. La historia enseña que los regímenes autoritarios no son eternos; sabemos cómo terminan las dictaduras y cuál suele ser el destino de las autocracias que se sostienen en la represión y la agresión.

—Este año el desafío invernal, aprovechado por el agresor, es particularmente duro: hubo momentos en que las temperaturas bajaron hasta -25 °C en Ucrania. El invierno es usado como arma para quebrar la moral, con ataques reiterados y masivos contra instalaciones civiles del sistema energético ucraniano. En enero-febrero de 2026 se registraron ataques casi diarios a la infraestructura energética y muchos golpes a gran escala que afectaron simultáneamente a distintas regiones. Eso se traduce en una realidad simple y brutal: familias con niños que pasan horas y horas a oscuras y bajo cero, literalmente tratando de no congelarse.

Entiendo que a 13.000 kilómetros de distancia, en el verano argentino, cuesta imaginarlo. Pero justamente por eso el mensaje de Ucrania a la comunidad internacional es inequívoco: lo que hace Rusia – bombardear la energía civil y usar el frío como arma – no puede llamarse de otra manera que terrorismo, teniendo un claro componente genocida del pueblo ucraniano, lo que debe ser contrarrestado inmediatamente. Por eso pedimos no mirar desde lejos: necesitamos más defensa aérea y apoyo urgente para sostener el sistema energético (transformadores, repuestos). Numerosos socios internacionales ya están ayudando y les estamos muy agradecidos. Argentina puede contribuir y contamos con su apoyo.

—Fue una decisión estratégica previa a 2022. Esa apuesta con soluciones como el portal estatal Diia, que hoy reúne más de 22 millones de usuarios, ayuda a emitir más de 30 documentos digitales y presta alrededor de 150 servicios, nos ha dado una base muy sólida para resistir en tiempos de la guerra rusa. Esto permitió que, bajo ataques, el gobierno siguiera pagando beneficios sociales y gestionando trámites sin presencialidad. Cerca del 59% de los ucranianos utiliza servicios electrónicos estatales. Pero no es solo tecnología. También se trata de organización y creatividad: descentralización de funciones, procedimientos de continuidad operativa, trabajo distribuido, priorización de servicios críticos y coordinación estrecha con autoridades locales y socios internacionales.

—Usted —Agradecemos a Argentina su adhesión en 2024 a la Coalición Internacional para el Retorno de los Niños Ucranianos. Para nosotros, no se trata solo de un gesto político de solidaridad, sino de una contribución significativa de un país que posee una profunda autoridad moral en esta materia, basada en su propia experiencia histórica en la defensa del derecho a la identidad. Esperamos que la activa participación argentina contribuya a ampliar la Coalición, en particular alentando la adhesión de Uruguay y Paraguay y fortaleciendo la dimensión latinoamericana de esta iniciativa.

—El canciller Quirno también se reunió recientemente con el Secretario de Estado del Vaticano para reiterar la invitación al Papa a la Argentina y hablar sobre la paz. ¿Qué expectativas tiene sobre la mediación del Papa León XIV y el rol de Argentina como puente con la Santa Sede?

—A dos años de la gestión de Milei, ¿se han concretado avances como el Acuerdo de Cooperación Técnica-Militar de 2013 o la organización de la cumbre Ucrania-América Latina en suelo argentino?

—Las pérdidas de la guerra ascienden a 800.000 millones de dólares. ¿Hay interés real de las empresas argentinas en participar de la reconstrucción?

—Con el conflicto entrando en su quinto año, existe el temor a la fatiga informativa y financiera en los aliados. ¿Cómo convencer al G20 y al Sur Global de que una victoria rusa es un precedente peligroso para cualquier frontera en el Hemisferio Sur?

Pero hay que ser muy consciente de que está en juego. Rusia ha optado por la ley del más fuerte. Ya lo vimos con el uso del grano como arma, que afectó a África y Medio Oriente. Permitir una “victoria” rusa legitimaría este comportamiento en cualquier frontera. Los autócratas no se cansan: hoy la economía rusa depende estructuralmente de la guerra. Cualquier concesión al autócrata solo alimentaría nuevas ambiciones.

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