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19 de enero de 2026

Astrónomos revelaron impactantes datos sobre la formación de planetas lejanos

Científicos identificaron dos estructuras únicas en el espacio profundo, conocidas como la Hamburguesa de Gómez y el Chivito de Drácula, que permitieron analizar en detalle el proceso de nacimiento de mundos gigantes

>Los lugares donde nacen los planetas suelen permanecer ocultos. En la mayoría de los sistemas estelares jóvenes, los discos de gas y polvo que rodean a las estrellas aparecen inclinados o difusos, lo que dificulta observar su estructura interna.

Los astrónomos aclaran que GoHam (la Hamburguesa de Gómez) y el “Chivito de Drácula” no son el mismo objeto. Son dos discos protoplanetarios distintos, aunque se parecen en varios aspectos y por eso suelen generar confusión.

Ambos objetos pertenecen a una categoría clave de la astronomía moderna: enormes estructuras de gas y polvo donde se agrupan los materiales que, con el tiempo, pueden dar origen a planetas rocosos o gigantes gaseosos. En estos dos casos, su tamaño extremo, su orientación casi de canto y sus marcadas asimetrías permitieron observar procesos que rara vez quedan expuestos con tanta claridad.

Las nuevas observaciones, realizadas con instrumentos de vanguardia como el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) y el Telescopio Espacial Hubble, revelaron sistemas dinámicos, desordenados y mucho más activos de lo que los modelos clásicos anticipaban.

La Hamburguesa de Gómez, también conocida como GoHam, es uno de los discos protoplanetarios más grandes jamás observados. Su apodo surge de su apariencia: desde la Tierra se observa casi exactamente de canto, con capas de gas que recuerdan a los “panes” de una hamburguesa alrededor de una estrella joven en el centro. Esa orientación excepcional permitió a los astrónomos estudiar su estructura vertical con un nivel de detalle imposible en la mayoría de los sistemas conocidos.

“GoHam nos proporciona una visión excepcional y clara de la estructura vertical y radial de un disco muy grande, casi de canto”, declaró Charles Law, líder del equipo de la Universidad de Virginia. “Esto lo convierte en un sistema de referencia para probar modelos detallados de cómo evolucionan los discos y forman planetas. La combinación de un tamaño de disco extremo, fuertes asimetrías, vientos y la posible formación de planetas lo convierte en el laboratorio perfecto para comprender cómo se forman los planetas gigantes lejos de su estrella y cómo su presencia modifica el gas y el polvo circundantes”, completó.

El tamaño del sistema resulta impactante. Mientras que el polvo y los sólidos más grandes se concentraron hacia el centro, el gas se extendió hasta una anchura equivalente a unas 2000 veces la distancia entre el Sol y la Tierra, y alcanzó alturas de varios cientos de veces esa distancia. Estas dimensiones posicionaron a GoHam entre los discos protoplanetarios más extensos detectados hasta ahora.

Otro rasgo notable fue su abundancia de polvo. Las estimaciones indicaron que el contenido sólido de este disco superó ampliamente al de otros sistemas similares alrededor de estrellas jóvenes. Esa riqueza de material aumentó de forma significativa la probabilidad de que el sistema pueda formar planetas gigantes y, potencialmente, un conjunto de varios mundos orbitando la misma estrella.

En la cara norte del disco, los astrónomos detectaron señales de un viento fotoevaporativo, un proceso por el cual la radiación de la estrella expulsa gas hacia el espacio. También apareció un arco de monóxido de azufre más allá del polvo, visible solo en uno de los lados. Ese arco coincidió con una masa densa de material conocida como GoHam b, que los investigadores interpretaron como materia que colapsa por su propia gravedad. Esta región podría representar una de las etapas más tempranas de formación de un planeta gigante en una órbita lejana.

A miles de años luz de distancia, otro disco protoplanetario gigante llamó la atención de los astrónomos por razones similares. Oficialmente catalogado como IRAS 23077+6707, el objeto recibió el apodo de “Chivito de Drácula” por su forma de sándwich y por el origen de sus descubridores, provenientes de Transilvania, en Rumania, y de Uruguay.

La analogía gastronómica reflejó las capas de gas y polvo visibles en el disco, que evocan los ingredientes superpuestos del popular sándwich.

Al igual que la Hamburguesa de Gómez, el Chivito de Drácula se observó casi de canto desde la Tierra, una orientación que permitió distinguir detalles estructurales poco comunes. En su centro podría alojar una estrella masiva y caliente, o incluso un par de estrellas, rodeadas por un disco sorprendentemente caótico. Brillantes volutas de material se elevaron muy por encima y por debajo del plano principal, una señal de actividad intensa.

Las asimetrías dominaron el paisaje del sistema. En uno de los lados, filamentos de gas brillantes se estiraron de forma vertical, mientras que el lado opuesto presentó un borde definido y abrupto. Esta distribución desigual sugirió que fuerzas internas, aún poco comprendidas, modelan el disco a medida que evoluciona.

El Chivito de Drácula ofreció así una ventana directa a las etapas tempranas del nacimiento planetario, en un entorno extremo donde el gas y el polvo interactúan bajo condiciones de alta energía. Su tamaño colosal y su estructura irregular plantearon interrogantes sobre cuántos planetas podría albergar y qué tipos de mundos podrían surgir en un sistema tan vasto.

Al observar estos sistemas excepcionales, los astrónomos no solo ampliaron el catálogo de objetos exóticos del universo, sino que también dieron un paso decisivo para comprender cómo surgieron planetas similares a Júpiter o Saturno en otros rincones de la galaxia.

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