Miércoles 19 de Enero de 2022

NACIONALES

20 de marzo de 2015

Promesa cumplida: a los 91 años caminó 83 días y llegó a Luján

Salió de Tucumán y recorrió unos 1.200 km para pedir por la paz y los jóvenes. Una multitud la recibió en la Basílica.


Bajo un sol que fue su guía en los últimos kilómetros, con el aplauso de unas 2 mil personas y de la mano de su espíritu conmovedor, Emma Moroncini pisó la Basílica de Luján ayer después de caminar casi tres meses desde Tucumán. Fueron poco más de 1.200 kilómetros para esta abuela peregrina de 91 años que cumplió con la promesa iniciada el 27 de diciembre. Su mensaje era por la paz y por los jóvenes. Por eso su emoción en cada paso final.

“No tengo palabras, es una emoción muy grande para mí”, le dijo a Clarín la abuela que llegó a las 9 al perímetro de la Basílica por un camino vallado con rejas y un cordón humano. Su mano derecha enyesada y el pómulo cortado eran las imágenes visibles de la caída por deshidratación que sufrió el lunes pasado, cerca de Los Robles. La gente aplaudía su andar y coreaba “Emma, Emma”, para darle más fuerza en esos metros finales antes de llegar al objetivo. “No es mérito mío, es mérito de Dios”, dijo más tarde.

Italiana, dijo que “quería venir a Argentina para ver a la Virgen de Luján, que el Papa tanto venera”.

“Por favor, les pedimos respeto por la salud de Emma”, decía a través de un megáfono uno de los organizadores, mientras una bandera argentina y otra italiana que portaban los integrantes de la agrupación Virgen Gaucha, ondeaban a la par de la abuela que cruzó a pie las provincias de Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe, hasta llegar a Buenos Aires. Entre su vestimenta no faltaron ese sombrero rosa que la protegía del sol y el chaleco naranja para ser visible en la ruta ante los ojos de los que manejaban.

Hubo ovación cuando llegó al pie de la Basílica. Allí la recibieron el cura párroco Daniel Blanchoud y los integrantes de un centro de jubilados. La suelta de palomas cerró la primera etapa de su llegada. En simultáneo, la gente le sacaba fotos con sus celulares y se apretaban para lograr el mejor lugar. Emma, a esa altura, parecía más una estrella de rock que una peregrina que ya había surcado los caminos de Polonia, Israel, México y Brasil, cumpliendo sus promesas.

“El pueblo argentino, para mí, es un pueblo especial. Tiene un valor moral muy alto y un gran corazón. Aquí hay juventud y esperanza en el futuro”, opinó la abuelita, que minutos antes ya había dado su mensaje a los feligreses tras la misa que brindaron en su honor. “Nuestro corazón se ha elevado. La Virgen María es maternal con nosotros. Abramos nuestro corazón a ella, que sabe de nuestras dificultades y problemas”, dijo.

“Mi emoción no tiene explicación, lo que hizo ella es de una gran fuerza de voluntad. Yo tengo 43 años y tengo dolor en la ciática”, dijo Lorena, que venía de Ituzaingó para verla.

Olga Trocz, una jubilada, aseguró que Emma “es un ejemplo para todos”, mientras María Clara, una de las voluntarias de la Basílica se asombraba porque “ahora hay más lío que cuando vino Juan Pablo II”. De fondo se escuchaba al cura que, micrófono en mano le decía a la gente “esta es una misa de una abuela peregrina, no de una figura del espectáculo. Tranquilos, por favor”.

Algunos de los que la acompañaban le dieron alojamiento en sus casas a lo largo del recorrido. Y en otros tramos de la travesía se hospedó en asilos o geriátricos.

“¿Cómo será mi encuentro con Francisco? No se puede anticipar lo que pasará con él. No lo sé”. Comentó entre risas la mujer que hoy es un monumento andante. Eso sí, ya anticipó que para ese encuentro programado para el 22 de abril en el Vaticano, “le diré que estuve en su pueblo y que aquí me dieron todo. Le diré que su pueblo lo ama. Y le daré un beso”.

Cuando Emma se va saludando y los últimos flashes rebotan en su pequeño y resistente cuerpo, queda la sonrisa flotando en una ciudad convulsionada. Ya había sido nombrada visitante ilustre y ahora le tocará un descanso en nuestro país hasta el jueves que viene, cuando tome su avión hacia Roma. Habrá dejado más que una promesa cumplida en estas tierras.


 

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