30 de abril de 2026
La Guardia Revolucionaria concentra el poder político y económico en Irán y desplaza el liderazgo clerical tras meses de guerra
Las decisiones claves quedaron en manos de los altos mandos militares
La muerte de Ali Khamenei durante el primer ataque coordinado contra Teherán marcó el fin del liderazgo clerical tradicional en Irán y abrió paso a un control efectivo de los comandantes de la Guardia Revolucionaria.
Mojtaba Khamenei, hijo del fallecido líder, resultó gravemente herido y asumió una jefatura formal, aunque sin capacidad operativa real; sus funciones se limitan a respaldar decisiones tomadas por el círculo militar más cerrado.
Tras este cambio, la jefatura política y militar quedó concentrada en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y la plana mayor de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), quienes asumieron la dirección de la guerra y la política interna.
Mojtaba, impedido de aparecer en público por sus heridas, mantiene contacto solo a través de colaboradores militares. La toma de decisiones efectiva recae en este núcleo, que determina la estrategia frente a Estados Unidos e Israel y define la orientación de las políticas nacionales.
La estructura de mando colectiva sustituyó el sistema anterior, donde un único líder religioso concentraba el poder. Ahora, la interlocución internacional y las negociaciones recaen en figuras como el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, y el comandante del IRGC, Ahmad Vahidi, este último señalado como referente principal en las decisiones clave.
A su vez, el presidente del Parlamento, Mohammed Baqer Qalibaf, excomandante de la Guardia, actúa como nexo entre los sectores político y militar.
La presión de la guerra forzó la concentración de poder en un círculo reducido y de línea dura, con Mojtaba relegado a un papel legitimador.
La fragmentación del mando ralentizó la respuesta del régimen: "No existe una única estructura de mando decisoria", afirmó un alto funcionario del gobierno de Pakistán involucrado en la mediación de las conversaciones de paz a la agencia Reuters.
La última propuesta de Teherán a Washington postergó el debate nuclear, pero Estados Unidos insiste en abordarlo desde el inicio.
En el ámbito interno, la supremacía de la Guardia Revolucionaria se tradujo en una política exterior más agresiva y una represión intensificada.
Voceros radicales, como el exnegociador nuclear Saeed Jalili, incrementaron su visibilidad con discursos intransigentes, aunque sin peso institucional suficiente para alterar el rumbo. El ascenso de Mojtaba fue respaldado por la Guardia, que desplazó a sectores pragmáticos e impuso su agenda dura, consolidando su dominio en todos los niveles del Estado.
El conflicto tuvo un impacto devastador en la economía iraní. El encarecimiento de alimentos básicos, como el pollo y la carne, alcanzó aumentos del 75% y 68% respectivamente, y los productos lácteos subieron un 50%. El bloqueo estadounidense de los puertos frenó la exportación de petróleo, principal fuente de divisas.
El viceministro de Trabajo, Gholamhossein Mohammadi, confirmó que se perdieron al menos un millón de empleos de manera directa, mientras el economista Hadi Kahalzadeh advirtió que la ola de despidos podría afectar hasta 12 millones de puestos.
Por otro lado, sectores tradicionales como la industria de alfombras de Kashan sufrieron parálisis, con el 80% de los fabricantes detenidos y un alza de hasta el 50% en materias primas.
El régimen prometió reforzar el seguro de desempleo, pero la presión sobre el sistema de seguridad social aumenta debido a la caída de las exportaciones, que en 2025 sumaron USD 98.000 millones, casi la mitad provenientes del petróleo.
(Con información de Reuters y AP)
