30 de abril de 2026
El presidente del Parlamento iraní dijo que el bloqueo naval de Estados Unidos busca provocar un colapso interno en el régimen
Mohammad Bagher Ghalibaf llama a la unidad nacional al acusar a Washington de combinar presión económica y propaganda para fracturar al régimen en plena crisis de liderazgo
Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y principal negociador con Estados Unidos, acusó este miércoles a la administración de Donald Trump de diseñar una estrategia de doble pinza para debilitar a la república islámica: bloqueo naval de sus puertos combinado con una campaña de manipulación interna. Según informó la televisión estatal iraní, Ghalibaf sostuvo que Washington "divide al país en dos grupos: intransigentes y moderados", para luego presionar con el bloqueo económico y la discordia entre facciones. Su llamado a mantener la unidad llegó en un momento en que la estructura de poder iraní experimenta su reconfiguración más profunda desde la Revolución Islámica.
El bloqueo naval estadounidense, en vigor desde el 13 de abril, fue impuesto en represalia por el cierre del estrecho de Ormuz decretado por Teherán el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña aérea contra Irán y eliminaron al líder supremo Ali Khamenei. La Marina de EEUU ha interceptado o desviado al menos 38 embarcaciones desde entonces, según el Comando Central. El estrecho, paso obligado de aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, permanece clausurado para el tráfico internacional, disparando los precios globales de los hidrocarburos.
Ghalibaf, ex general de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y cuatro veces candidato presidencial, emergió como la figura más visible del régimen tras la muerte de Khamenei. La Guardia lo designó para encabezar la única ronda de negociaciones directas con Estados Unidos, celebrada en Islamabad con el vicepresidente JD Vance. Su ascenso refleja el nuevo mapa de poder: según reconstruyó The New York Times a partir de fuentes en Teherán, es la IRGC la que toma las decisiones estratégicas, mientras que el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, hijo del asesinado, aún no ha consolidado autoridad propia. Sanam Vakil, de Chatham House, señaló que Mojtaba "todavía no tiene el mando o el control total".
El propio Trump alimentó la narrativa sobre la fragmentación interna. A comienzos de abril declaró que el régimen iraní estaba "seriamente fracturado" y días más tarde afirmó que Irán "no tiene idea de quién es su líder". Es exactamente esa lectura la que Ghalibaf rechaza. En su intervención televisada del miércoles, describió al enemigo como alguien que "ha entrado en una nueva fase" y busca "activar la presión económica y la división interna a través del bloqueo naval y la manipulación mediática para debilitar o incluso hacernos colapsar desde adentro".
La fractura que Ghalibaf niega tiene expresiones concretas. Según el Financial Times, 261 diputados respaldaron la línea negociadora, pero los líderes del sector más intransigente —el Frente Paydari— no suscribieron el texto. La segunda ronda de diálogo prevista en Pakistán colapsó cuando Teherán exigió el levantamiento del bloqueo como condición previa. El secretario de Estado Marco Rubio fue tajante: Irán no puede "normalizar un sistema en que ellos deciden quién usa una vía marítima internacional".
El impacto económico del bloqueo es creciente pero aún no crítico. Irán exporta el 80% de su petróleo a través del estrecho, principalmente desde la isla de Kharg. La firma Kpler estimó que el país despachó 1,84 millones de barriles diarios en marzo, cifra que comenzó a caer en abril. Con suministros ya embarcados y pendientes de entrega, Teherán podría sostener ingresos hasta agosto, según señalaron algunos analistas.
