23 de abril de 2026
Ariel Wilner, el biólogo que ve a la mente como un "órgano joven": "Primero sentimos, después pensamos"
El doctor en genética molecular y artista visual nacido en Buenos Aires acaba de presentar el libro "MenteHabientes". Conversó con Infobae Cultura sobre evolución, "ruido mental" e inteligencia artificial
Ariel Wilner, biólogo y artista visual, afirma que el funcionamiento mental humano sigue pautas propias de un órgano biológicamente joven y que, lejos de constituir una falla, las fluctuaciones y contradicciones de la mente son la consecuencia natural de su historia evolutiva. En su libro MenteHabientes, Wilner expone que el llamado "ruido mental" es la manifestación de un sistema en proceso de consolidación y no un defecto individual.
El autor, doctor en genética molecular nacido en Buenos Aires, detalla que, mientras las membranas celulares acumulan historia desde hace 4.000 millones de años y los sistemas circulatorios desde hace cerca de 800 millones, la mente humana apenas cuenta con entre 150.000 y 200.000 años, lo que representa una brecha evolutiva de magnitud. La escritura del libro, finalizada en 2025, se gestó a partir de una sucesión de publicaciones con texto e imagen en Instagram, que recibían la atención de más de 20.000 personas antes de adoptar formato editorial.
Wilner sostiene que la integración entre biología y arte permitió abordar la mente sin buscar explicaciones o correcciones, sino proponiendo una observación precisa que invite a habitarla de otra manera. La obra mantiene la estructura original: alrededor de 35% texto y 65% imagen. El artista subraya que esta composición no responde a un recurso estético sino a la lógica misma de la propuesta, donde contenido conceptual y visual configuran un sistema conjunto e inseparable.
En su descripción, Wilner introduce la tesis principal del libro: "Gran parte de lo que las personas perciben como 'ruido mental' no es una anomalía. Es el funcionamiento corriente de la mente. Sin embargo, suele vivirse como una falla privada". Bajo esta premisa, invita a revisar la mirada que tradicionalmente patologiza la variedad y el desorden mental, insistiendo en que el conflicto surge sólo cuando se exige coherencia continua a un órgano cuya principal característica es la inestabilidad.
Al explicar el sentido de la juventud de la mente en términos biológicos, Wilner marca la diferencia de escalas con el resto de las estructuras vivas. Sostiene que "la mente humana aparece hace aproximadamente entre 150.000 y 200.000 años. Esa diferencia es enorme" en comparación con otros sistemas. La consecuencia principal es que la mente, como fenómeno emergente, todavía no dispone de una estructura consolidada. "No presenta un funcionamiento estable ni integrado. Opera por capas que no siempre se coordinan entre sí. Cambia de estado, se contradice, exagera, anticipa, se dispersa", dijo Wilner.
El autor destaca que los problemas comúnmente atribuidos a fallas mentales, tales como la duda, la oscilación emocional o la dispersión, son resultados predecibles de una falta de integración y no signos patológicos. "La mente no está fijada. Puede generar combinaciones, perspectivas, interpretaciones nuevas. No responde a una única forma de operar. Su inestabilidad es también su apertura", remarca.
Para evitar simplificaciones, Wilner introduce una distinción necesaria: "La evolución biológica —la que explica la aparición de la mente— y la evolución cultural —la que organiza nuestras ideas, valores y formas de vida— no siguen las mismas reglas. No se pueden comparar directamente ni usar una para explicar la otra". Este punto crucial sostiene que la mente se rige por parámetros propios, diferentes de las construcciones culturales.
Wilner, autor de MenteHabientes, desarrolló la obra fusionando su trabajo científico y artístico, y atribuye la posibilidad de llevar a cabo el proyecto a la asistencia tecnológica de la inteligencia artificial. Según explica, no hubiera podido completarlo por una "limitación práctica: tiempo, estructura, capacidad de ejecución sostenida. La IA me permitió resolver eso".
Consultado sobre el modo en que esta visión biológica interviene en debates contemporáneos tan marcados por la política, la economía o las coyunturas, Wilner subraya que la biología y la cultura operan en planos distintos. Pero lo central, a su juicio, es evidente: "Primero sentimos, después pensamos", afirmó. Explica que la reacción emocional antecede y determina el razonamiento, un fenómeno observable tanto en la política como en el deporte.
En ese sentido, Wilner asegura: "Las personas no llegan primero a una conclusión racional para después sentir algo. Ocurre al revés. Hay una afinidad o un rechazo inicial, y luego aparece el razonamiento que lo sostiene". Esta lógica, señala, es explotada intuitivamente por los líderes, quienes inciden más en reacciones emocionales que en consideraciones lógicas.
La inteligencia artificial ocupa un lugar sustancial en el proceso creativo de Wilner. El autor compara su influencia con la del microscopio en el siglo XVII, afirmando que "no cambió la realidad. Cambió lo que podíamos ver y, por lo tanto, lo que podíamos hacer con eso". La conclusión de Wilner es clara: "La IA me permitió producir, organizar y desarrollar ideas con una escala que antes no estaba disponible".
Ariel Wilner identificó una desincronización entre la velocidad del desarrollo tecnológico y la adaptación normativa o social. "La velocidad con la que se desarrollan estas tecnologías no es la misma con la que se las comprende o se las regula. Los marcos normativos llegan más tarde", explicó. Finalmente, concluye que la relevancia de la inteligencia artificial está mediada por la agencia humana: "Lo central sigue siendo quién la usa y cómo la usa".
