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25 de marzo de 2026

Los antropólogos forenses que buscan a los desaparecidos desde 1984: el trabajo científico que ayudó a desenterrar la verdad

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se conformó en 1984 para investigar la desaparición de personas durante la dictadura y hoy es un referente mundial en la identificación de víctimas y en la investigación de violaciones a los derechos humanos en más de 60 países

A principios de marzo, el Juzgado Federal N°3 de Córdoba informó la identificación de 12 personas detenidas-desaparecidas como resultado de los trabajos de análisis antropológico y genético realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sobre restos óseos recuperados en la Guarnición Militar La Calera, Córdoba, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención La Perla. Entre la ciudad de Córdoba y Villa Carlos Paz, fue uno de los principales centros clandestinos de la dictadura más sangrienta de la Argentina. Se cree que mantuvieron en cautiverio a unas 2500 personas entre 1976 y 1978.

Gracias a su labor incansable y a la experiencia acumulada en esta tarea de búsqueda, investigación, identificación y restitución de restos, los familiares de personas desaparecidas pueden saber qué ocurrió con ese ser querido: reconstruir su recorrido durante el secuestro, conocer las causas de su muerte, despedirlo con una ceremonia según sus creencias y aportar los elementos necesarios para la justicia.

El trabajo que realiza el EAAF involucra tres etapas: la investigación preliminar (histórica) del caso; luego, la búsqueda y exhumación arqueológica de los restos óseos; y finalmente, el análisis antropológico y genético, con el objetivo de identificar los restos y aportar elementos de prueba a la justicia.

El Equipo Argentino de Antropología Forense tiene su sede central y su laboratorio de genética forense en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex ESMA) uno de los principales centros clandestinos de detención de la última dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983. Allí se identifican los restos de personas desaparecidas.

El EAAF es una organización no gubernamental sin fines de lucro creada en 1984 cuando se inició la búsqueda de los desaparecidos de la dictadura militar. Con el tiempo fue adoptando otras misiones y objetivos. Su tarea consiste en aplicar la ciencia forense a la investigación de violaciones a los derechos humanos, hoy ya en más de sesenta países.

Aplica metodologías y técnicas de diferentes ramas de las ciencias forenses para la investigación, búsqueda, recuperación, determinación de la causa de muerte, identificación y restitución de personas desaparecidas.

Su abordaje es interdisciplinario: confluyen áreas de la antropología, la criminología, la arqueología, la genética, la medicina, la bioquímica "en la que se encastran todas estas partes para que la investigación tenga sentido", explicó Mariana Segura, directora para Sudamérica de EAAF, en un curso de capacitación de ciencias forenses para periodistas, que se brinda anualmente y este año estuvo dedicado al 50 aniversario del golpe más sangriento y los 42 años de investigación ininterrumpida en delitos de Lesa Humanidad en la Argentina. El EAAF cuenta con un área de capacitación y entrenamiento internacional. Ofrece cursos especializados a jueces, fiscales, especialistas forenses, investigadores de fuerzas de seguridad, funcionarios, organizaciones de la sociedad civil y asociaciones de familiares de víctimas. La transferencia de conocimientos es una parte fundamental de la política de trabajo del Equipo, con una larga trayectoria en capacitación alrededor del mundo. Frente al edificio, hay un avión recuperado de los vuelos de la muerte en exhibición, que hiela la sangre. Un Skyvan PA-51.

En esas primeras búsquedas se pensó que algunos desaparecidos podrían encontrarse inhumados como NN en cementerios locales de todo el país. La primera respuesta de la Justicia fue salir a buscarlos, en los primeros años, mediante el uso de retroexcavadoras, -habituales en la construcción- , y personal de los cementerios con palas manuales.

A falta de experiencia en ciencias forenses, lo que ocurrió fue que los restos óseos se mezclaron y de mal en peor, fueron ordenados por cráneos, fémures, tibias, no por individuo. "Hoy en día a nadie se le ocurriría hacer eso", expresó Segura, que no atribuyó el problema a la retroexcavadora, que sirve para acelerar procesos, sino su uso sin método científico. "Si los cuerpos estaban a tres metros bajo tierra, podía servir para ahorrar tiempo. Con un pincel, tardarían diez años en llegar".

Segura observa las fotos de esas excavaciones, con pilas de restos humanos mezclados y se detiene en la expresión de los familiares, como si supieran que con esa metodología era imposible encontrar a alguien.

"¿A quién iban a encontrar en esa pila de huesos?", se preguntaban en esa época. Y con ese grado de mezcla.

Con el tiempo, todas esas bolsas de restos mezclados llegaron al equipo, porque estaban bajo custodia en asesorías periciales.

"Imagínense bolsas y bolsas, cajas y cajas de restos mezclados. Durante años, el equipo se encargó de intentar reconstruir a los individuos. Desde esas bolsas completamente mezcladas, la pregunta era: ¿dónde se encuentran los individuos y quién es quién? Es un trabajo que comenzó en el año 2000 y continúa hasta nuestros días", contó.

Las abuelas buscaban a los nietos, y para encontrarlos, muchas veces era más fácil si primero se identificaba a los hijos.

A comienzos de 1984, la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y Abuelas de Plaza de Mayo —(organización de derechos humanos abocada a la búsqueda de niños nacidos en cautiverio o desaparecidos junto a sus padres—), solicitaron la asistencia de Eric Stover, entonces director del Programa de Ciencia y Derechos Humanos de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, con sede en Washington D.C., Estados Unidos.

Entre los miembros de la AAAS estaba el antropólogo forense Clyde Snow, quien les dijo: "Ustedes necesitan antropología forense", contó Segura, que lo conoció hace 23 años.

Snow tenía una sólida experiencia en la identificación de soldados caídos en conflictos bélicos de Estados Unidos, entre ellos, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Había participado en laboratorios forenses en Hawái y llegaba con toda su experiencia para entrenar a los científicos argentinos.

Clyde Snow dedicó su vida a desenterrar la verdad. Este célebre antropólogo forense exhumó y examinó los restos óseos de personas que perdieron la vida en guerras y masacres alrededor del mundo. A partir de las características distintivas de los huesos excavados, logró identificar a las víctimas y aportar pruebas fundamentales contra criminales de guerra.

La Argentina apenas abría las puertas a la democracia y fueron pocos los que respondieron a la convocatoria. "Al llamado no acudió casi nadie. Hubo mucha reticencia por parte de los profesionales que tenían familia y trabajos", contó Segura.

Se presentó un puñado de estudiantes que dijeron: "Vamos a ver". Ellos fueron Patricia Bernardi, Luis Fondebrider, Alejandro Inchaúrregui, Morris Tidball Binz y Mercedes Doretti, hija de la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, quien integró la CONADEP.

El antropólogo regresó en varias ocasiones para capacitar a quienes se convertirían en los miembros fundadores del EAAF. Los ayudó a conformar la organización y participó de numerosas exhumaciones e identificaciones.

El trabajo al que se encomendaron estos jóvenes no tenía nada que ver con la reconstrucción de sociedades del pasado ni con el estudio del modo de vida de poblaciones antiguas a través de sus vestigios. "No. Era excavar los restos de alguien de la edad de ellos, muerto en la dictadura militar", dijo con dureza la arqueóloga. La mayor parte de las personas desaparecidas durante la dictadura argentina de 1976 a 1983 tenía entre 20 y 29 años. Estudios del EAAF indican que seis de cada diez víctimas pertenecían a ese rango etario.

Clyde Snow llegó a presentar uno de los primeros testimonios periciales en el juicio a las juntas militares, en un caso donde ni siquiera hubo preguntas por parte de la defensa. Fue uno de los casos más emblemáticos donde se observó claramente que era un fusilamiento: el cráneo presentaba un disparo proyectil en el área posterior, lo que descartaba la posibilidad de que fuera un enfrentamiento, como solía argumentarse".

Por primera vez, la antropología forense podía utilizarse no solo para identificar a las víctimas, sino también para declarar en juicios y contribuir a la condena de los responsables. Esto no tenía precedentes para Latinoamérica.

"Cuando hay investigación y método científico, claro que son herramientas válidas. Y quienes mejor saben de lo que sucede en un cementerio, ¿quiénes son? El personal del cementerio. Lo único que hay que explicar qué es lo que nosotros hacemos y hasta dónde ellos cavan. Entonces, ¿qué hacía la máquina retroexcavadora? Peinaba el terreno hasta que hallaba un indicio de que el sedimento había cambiado. A partir de allí trabajaban los trabajadores del cementerio con palas manuales para ver, junto a nosotros, qué era lo que aparecía. Y cuando surgía un hallazgo de interés, empezábamos nosotros con el pincel, el cuchillín y las herramientas que se asocian a la antropología. Esta es una buena manera de utilizar toda la maquinaria", explicó la arqueóloga.

Una clave del trabajo del equipo fue la confianza que lograron generar en los familiares que buscaban a sus seres queridos. El inicio de todo no era solamente excavar, sino escuchar atentamente los relatos, tratar de establecer dónde estaban los restos, exhumarlos y determinar quiénes eran.

En la búsqueda no se empieza simplemente por un terreno. Antes de llegar a una excavación, deben analizar las probabilidades de que efectivamente haya restos en ese lugar: por los testimonios, por la investigación, por la calidad del sedimento, la información cartográfica.

Además, deben justificar ante la Justicia, que existe fundamento para realizar una medida. No se toma ninguna decisión sin una orden judicial, porque esa orden es la que avala la investigación, y permite que los resultados puedan ser utilizados en un juicio.

Las entrevistas a los familiares son las que brindan el contexto de la desaparición de la persona y los datos necesarios para poder reconstruir qué ocurrió, con qué hechos se relaciona esa desaparición y dónde puede buscarse a la persona.

Es, además, una de las partes del trabajo que más le gusta realizar a la directora para Sudamérica de EAAF. El contacto con los familiares es lo que da sentido a la tarea.

Las entrevistas, a veces, pueden sorprender. Recordó la primera que realizó para el equipo, hace 23 años, con una mujer llamada Susana que tenía 15 años cuando desapareció su hermano de 19.

Ella recordaba todos los pasos de su hermano y sus amigos. "Venían todos a casa. Nosotros teníamos la unidad básica". Se acordaba de todo: de la novia, quién cayó primero y cómo fueron a buscar a la casa a todos los del barrio. Una chica que no tuvo que ver, no militaba, pero que acompañó al hermano en todo.

La primera documentación de la que se nutrió el equipo fueron las denuncias tomadas por la CONADEP, pero también los testimonios de familiares que se acercaron con confianza al equipo.

En el Espacio Memoria y Derechos Humanos funciona el laboratorio desde 2003, pero cuando tienen misiones en el exterior, usan las morgues locales y laboratorios de campaña, instalados en carpas blancas.

En los últimos veinte años, una herramienta nueva fue el ADN, uno de los métodos de identificación que permitió numerosas identificaciones y que hoy es uno de los más aceptados.

Sin embargo, lejos de reemplazar otros métodos, el ADN llegó para sumar coincidencias. Existen prácticas tradicionales que continúan aportando información valiosa, como el análisis de piezas dentales.

"Llamar al dentista y que te diga dónde estaba el conducto, que envíe la ficha. "Hoy en día lo seguimos haciendo. La identificación es la reconciliación de toda la información que tenemos de la persona, no solamente el ADN. Es más, vamos a encontrar casos en los que no tenemos ADN. A veces, el ADN puede dar un falso negativo. "No es mágico: es estadístico".

Todas estas áreas tienen un objetivo central: identificar y restituir los restos a los familiares. Pero también es importante señalar que todo ese trabajo se transforma en prueba judicial y es llevado a juicio.

Además del trabajo permanente en la Argentina, el equipo fue convocado para realizar investigaciones en países que atravesaron dictaduras militares y registraron desapariciones forzadas. Con el tiempo, y gracias a la efectividad de su labor, también participó de búsquedas vinculadas a otros contextos de violencia: conflictos bélicos, violencia étnica, religiosa, de género. No solo desaparición forzada.

Al tratarse de un organismo independiente, el equipo generó confianza en los familiares de las víctimas, como ocurrió con las madres de la ciudad de Juárez, en México, que buscaban a sus hijas desaparecidas, en un momento en que el grupo estaba integrado mayoritariamente por mujeres.

¿Quiénes contratan al EAAF? Familias de víctimas, fiscales, tribunales nacionales e internacionales, comisiones de verdad, organismos de Naciones Unidas y no gubernamentales. ¿Quién lo financia? Donantes, entre ellos organismos de Naciones Unidas, embajadas europeas y la Unión Europea.

A lo largo de más de cuatro décadas de trabajo, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró recuperar los restos o registros de 1664 personas desaparecidas en la Argentina, Uruguay y Paraguay. De ese total, 860 fueron identificadas y restituidas a sus familias, mientras que otras 804 aún permanecen sin identificar.

Cada uno de esos casos significa una historia recuperada y una prueba para la justicia. También una esperanza: que, aun con el paso de los años, la verdad puede ser alcanzada.

El EAAF recuerda en su campaña de identificación la importancia de dejar una muestra de sangre para ayudar a recuperar los restos de un familiar víctima de desaparición forzada por el terrorismo de Estado entre 1974 y 1983. Es confidencial y gratuito. 0-800-345-3236 [email protected]. https://eaaf.org/

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