La pareja abandonó Teherán y se radicó en Ahvaz, al suroeste del país. Un año después nació Kamyar, su hijo. Lo llamaban Kam y ella amaba a ese bebé.En los comienzos de la relación, Parviz celebró el talento de su esposa y le hizo conocer con entusiasmo los círculos intelectuales que frecuentaba, que muy pronto les dieron la bienvenida a los versos de la joven en diversas publicaciones literarias. Forough comenzó a viajar a Teherán con más frecuencia y entonces inició una relación amorosa con Nasser Khodoyar, director de la revista Roshanfekr (El intelectual).
A partir del nacimiento de su hijo, la letra deja de ser pasatiempo y se vuelve llamarada. En un viaje a la capital visitó al responsable de la sección literaria de la revista que dirigía su amante y le entregó un poema para publicar. El hombre recordó alguna vez que mientras los leía no podía creer que esos versos pudieran haber sido escritos por la muchacha que tenía sentada enfrente suyo y todavía parecía una criatura. El poema se llama “El pecado†y consagró su escandaloso ingreso a la literatura. Escrito en primera persona, relata el después del sexo con un hombre en un registro erótico, muy por fuera de las convenciones del momento. Todos supieron enseguida que esos versos eran, a su manera, una fotografía del amor secreto.
He pecado,
sobre un pecho ardiente como el fuego.
arrebatados y rencorosos,
Vi sus ojos llenos de misterio, suplicantes.
en aquel lugar vacío, oscuro y en silencio.
sus labios han derramado el deseo en mis labios
Le susurré al oído canciones de amor:
Oh, mi amante, mi amor loco, tengo sed de tí.
el vino morado comenzó a bailar en la copa.
tembló contra su cuerpo.
fue un pecado lleno de placer
¡Dios mío! No sé qué hice
El poema se publicó con su nombre y se imprimió acompañado por una foto y una pequeña biografía que destacaba que Forough era una mujer casada y madre de un chico de dos años. La descripción que hacían de ella -de por sí una mujer atractiva- ponía el acento en algunos rasgos físicos, como si al carácter sexual de sus versos los editores hubieran necesitado complementarlo con la sexualización de su autora. La publicación aceleró el final de su matrimonio y provocó un torbellino de emociones violentas.
Las críticas fueron despiadadas y se montaban en el código moral de una cultura en la que el adulterio era cosa de hombres. Sin embargo, hubo lectores desprejuiciados que por primera vez encontraron a una escritora iraní que escribía con voz de género y sin imposturas y eso generaba entusiasmo. Una mujer que, por otra parte, no solo se atrevía a a hablar de sexo sino también de placer: ahí radicaba el centro del escándalo.
Ya no podía volver atrás aunque tampoco quería hacerlo; todo era mucho más complejo y contradictorio. La necesidad de crecer y liberarse del confinamiento doméstico puede leerse en los poemas de su primer libro, Cautiva, publicado el mismo año del nacimiento de su hijo y en el que en uno de los poemas le pide al Cielo, por un día, “volar de esta prisión silenciosaâ€.
Con poco más de veinte años es una mujer sola, divorciada, repudiada por su padre y por desconocidos, sin trabajo y además sin su bebé, a quien ni siquiera le permiten visitar. Para tener una idea de la dimensión de lo aislada que debía sentirse, en el primer censo nacional de 1956 en Teherán apenas el 4% de las mujeres declararon estar divorciadas.
Quebrada emocionalmente y luego de un intento de suicidio, la familia decide internarla en una conocida clínica neuropsiquiátrica, donde entre otras prácticas es sometida a terapias con electroshock. Publica un segundo libro, El Muro, y se lo dedica a Parviz, en un intento de volver a empatizar con el padre de su hijo. Todo indica que nunca hubo odio entre ellos sino que fue un entorno hostil y tradicionalista lo que ahogó cualquier posibilidad de entendimiento.
Cada vez más retraída, impulsada por el entusiasmo de algunos de sus hermanos emprende un viaje a Europa con la idea de dejar atrás la opresión y conocer otras culturas. Se queda casi un año viviendo entre Italia y Alemania, hace amigos, lee mucho, escribe y también trabaja como extra en algunas películas mientras ensaya como actriz algunas obras de teatro. Una de esas piezas es Bodas de sangre, de Federico García Lorca.“Quizás porque ninguna mujer antes que yo hizo aquí algo para romper los grilletes que sujetan las manos y los pies de las mujeres, y porque soy la primera en hacerlo, hay tanta controversia a mi alrededorâ€, escribió.
Golestan - lo llamaban Shahi- es un hombre casado y padre de dos hijos. Estamos en 1958, el año en el que Forough publica su tercer poemario, Rebelión, nuevamente con el deseo y el erotismo como centro de gravedad y cuando además comienza una relación sentimental y tumultuosa con Golestan, que durará hasta el final de su vida. Él mantendrá reserva sobre la historia de amor y recién admitirá esa relación secreta cincuenta años después de la muerte de la poeta que algunos llaman la Sylvia Plath iraní.
La falta de contacto con su hijo era un tormento, no soportaba que la hubieran obligado a convertirse en una ex madre. Una vez más buscó terminar con su vida con barbitúricos; aparentemente fue su amante quien la encontró y logró ponerla a salvo. Poco después, inesperadamente llega el gran proyecto de su vida, que cambiará su modo de manifestarse desde el arte y que también, a su manera, la devolverá a la maternidad. La poesía sigue en ella: le resultaba natural como comer, como respirar, eso decía.El corto se llama La casa es negra y es una especie de faro de lo que años más tarde sería el celebrado cine iraní. Filmada en blanco y negro (puede verse en Youtube), dura poco más de veinte minutos y en 1963 ganó el premio principal del Festival de Oberhausen, en Alemania. Fue dirigida y editada por Forough, quien además le puso su voz, con la que lee en off versos del Antiguo Testamento y el Corán y poemas propios, mientras la cámara registra algunas de las imágenes más duras del cine y consigue transformarlas en sorprendentes formas de la belleza.
No es difícil distinguir al hijo elegido: es prácticamente el único niño sano y alegre en esta película ultra realista que se sigue leyendo como metáfora de las diferentes formas de exclusión y hostigamiento al diferente. El chico es, por otra parte, el único que puede pronunciar la belleza. Ocurre cuando el maestro le pide que diga cuatro palabras hermosas.
Dice con entusiasmo y una sonrisa a prueba de daño.
Otro nacimiento (o En otro amanecer)
que se repite a sí mismo
Yo suspiro por tí en este verso
a los árboles, al agua y al fuego
una calle larga por la cual cada día pasea una mujer
¿Acaso es la vida
Tal vez es la vida
La vida es tal vez encender un cigarrillo
o un caminante que confundido alza su sombrero
a otro que se adelanta.
cuando mi mirada sucumbe en tus pupilas
y el descubrimiento de la oscuridad?
tan grande como la soledad,
contempla los simples pretextos de la felicidad,
el pequeño árbol que tú plantaste en nuestro jardín
Oh
Esta es mi suerte
Mi suerte es bajar por escaleras abandonadas
Mi suerte es un penoso caminar por el jardín de los recuerdos
que me dice: