Martes 24 de Febrero de 2026

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24 de febrero de 2026

Fermín Torrano, corresponsal en Ucrania: “Rusia ya ha perdido la guerra, hay que ver si los ucranianos la pueden ganar”

El joven periodista español cubre hace años el conflicto desde el frente y también viaja en busca de historias a pueblos y ciudades. En esta charla cuenta cómo es lidiar con el peligro y habla de su experiencia, sus rutinas y sus miedos

>“Hay en Bakhmut un cadáver que mira al cielo como pidiendo entrar. Es el punto más peligroso de la guerra, y la ferocidad de los combates es tal que llaman a este enclave ‘la picadora de carne’ del Donbás. Quizás por eso, o porque la muerte huele menos bajo cero, no es fácil reparar en los ojos azules y abiertos que brillan en el interior de una bolsa a las afueras de la ciudad”. Así comenzaba una de sus crónicas Fermín Torrano (Pamplona, 1996) en diciembre de 2022, el año de la invasión de Rusia que dio comienzo a la guerra a gran escala en Ucrania.

Torrano regresó a Ucrania hace algunas semanas luego de viajar a la frontera entre Colombia y Venezuela por la caída de Maduro y de un descanso en España. Costó mucho organizar el zoom para nuestra charla, en parte por su agenda de trabajo (escribe y hace fotos y videos para dos medios, uno español y uno inglés) pero, sobre todo, por los abundantes cortes de luz, una de las consecuencias más duras de los ataques rusos, concentrados en destruir las centrales energéticas ucranianas y servirse del Pantalla de por medio, concretamos el encuentro pocos días antes de que se cumpla el cuarto aniversario de la invasión ordenada por Vladimir Putin. De este lado de la pantalla, un agobiante verano porteño; al otro lado, uno de los inviernos más duros que recuerdan los ucranianos, con las casas congeladas bajo cero, a oscuras y durmiendo bajo pilas de abrigos y frazadas. Es de tarde en la Argentina y ya de noche en el este ucraniano, donde la temperatura no es de 25 grados bajo cero sino de, apenas, 17 bajo cero. Así lo aclara Fermín, quien, ante mi perplejidad, me explica que, aunque no lo parezca, la diferencia para ellos es enorme.

— Llegaste por primera vez a Ucrania en el 2019. ¿Qué sabías de Ucrania entonces?

— Eras muy joven.

— Desde el inicio de la invasión, en 2022, a Ucrania solo se llega por tren o en auto. ¿Cómo llegaste en aquel momento? Porque entonces la guerra estaba localizada en el Este desde 2014.

— Por entonces Rusia sostenía como discurso el apoyo a la comunidad rusoparlante del Donbás pero no reconocía ninguna intervención militar.

— Mencionás lo de la capital, que es importante porque — Sí, seguramente. Zelensky cometió un montón de errores, hay casos de corrupción, pero sí estoy muy convencido de que con otro presidente ya se habría acabado la guerra; no sé si hubiera habido una capitulación pero no habría aguantado. E incluso a muchos ucranianos que votaron en su contra les sorprendió la postura que tuvo.

— Entonces estuviste allí en el 2019 y en el 2021 y regresaste en el 2022, unos días después de la invasión rusa y con el mundo atento a que, en el medio de Europa, había una guerra entre Ucrania y una potencia nuclear como Rusia. Países con una historia en común que mucha gente, de pronto, ignora. Una historia de intimidad y distancia que es muy poderosa.

— Sí, sí. Porque — Yo lo noté muchísimo. Vamos a pensar en una persona nacida en la década del 60, 70. Claro, Ucrania es independiente cuando tienen 20, 30 años. Con lo cual han crecido en otro sistema. Incluso si no son fervorosos apoyadores de la URSS, si en su familia tampoco han sufrido demasiado quizás la dictadura comunista, pues igual no son pro URSS pero literalmente tú notabas que ellos te decían: “oye, pues es que ha pasado casi el mismo tiempo desde que soy joven a que se acaba la URSS y a lo que lleva Ucrania independiente, ¿no?”. Entonces era un poco gris, pero, claro, en el 2014 no cambia del todo porque empieza en el Donbás, y ahí ya se sabe que hay un sentimiento pro ruso. Además, entonces todavía no lo estás viendo, aún no hay teléfonos, no hay satélites, no hay tantas pruebas. Pero claro, llega 2022 y te empiezan a bombardear la casa. Tú estás viendo en directo que están bombardeando todas las ciudades de Ucrania. Estás viendo que entran por Kiev, entran por Nicolaiev, que entran por Jersón. Entonces yo creo que eso fue y es clave para entender cómo mucha gente que estaba en ese punto gris dice: no me queda más que abrir los ojos. Yo creo que Putin fue quien impulsó realmente el nacionalismo ucraniano. O sea, su principal idea es alejar a la OTAN de su frontera y resulta que todas las armas acaban llegando ahora a la frontera. Su idea es proteger a los que hablan ruso y resulta que las ciudades destruidas son las del Donbás, donde hay más rusoparlantes. Y la idea es alejar a Ucrania de Europa, aunque ahora mismo –aunque obviamente le impide entrar a la UE– ha generado el proceso. Pues exactamente lo mismo ha pasado para mí con el sentimiento nacionalista o patriótico ucraniano.

— Durante estos cuatro años hubo muchas expectativas acerca de cuánto iba a durar la guerra y las condiciones en las que se iba a terminar. Hubo intervenciones de Estados Unidos de diferente naturaleza. Durante el tiempo de la guerra en el Donbás, recuerdo haber hablado con ucranianos que se sentían abandonados por Europa, algo parecido a lo que se pudo escuchar más cerca en el tiempo. Una crítica a la tibieza europea, digamos, ¿cómo se vive entre los soldados eso? Ellos son finalmente quienes reciben las armas y los materiales de apoyo con los que deben defender el territorio y la soberanía.

— ¿Fermín, eras un chico temeroso cuando eras chico?

— A si eras alguien que, por ejemplo, no te lanzabas demasiado a la aventura por miedo, porque te resguardabas mucho. ¿O eras más aguerrido? Porque hoy hacés algo que no haría cualquier persona, algo que requiere mucho coraje.

— ¿Y hoy cómo manejás el miedo? Todos tenemos miedos de distinta naturaleza.

— ¿En serio?

— Participaste de acciones muy peligrosas. Cuando sabés que vas a participar de algo así, ¿la noche anterior te cuesta mucho dormir? ¿Tenés alguna práctica como para calmarte?

— Por supuesto.

— Es casi como si fuera un examen, ¿no?

— Entiendo que por más que uno prepare todo, también hay algo del orden de la suerte. ¿Sos religioso, creés en Dios?

— Podés no ir a la iglesia pero creer en Dios.

— Los soldados ucranianos rezan cuando encaran una operación de riesgo. ¿Vos rezás?

— El otro día te escuchaba en la entrevista que te hizo el periodista y escritor David Jiménez y decías algo interesante en relación a que, al estar acompañando a los militares, de pronto accedés a información muy sensible. Hablabas de lo peligroso que podría ser que esa misma información cayera en manos enemigas. Lo decías a propósito de la posibilidad concreta de que un periodista sea espía, en relación a un caso muy conocido, el de — Sí. Creo que esta guerra cambia muchas maneras de trabajar porque ya en 2022 se empezó con una seguridad o con un repaso de las imágenes porque claro, como la tecnología se ha desarrollado, tú con una foto de un árbol sabes dónde fue capturada la imagen, ¿no? Entonces empecé con ese sentido de: ojo, cuidado con qué fotos se pueden subir. Si se ve este edificio. El color del ladrillo. Todo es un poco paranoico. Cuando noté que aquello podía ser problemático, empecé a tomar decisiones como que las fotos no las publico directamente, siempre tardo unos días en publicarlas. Vas aprendiendo; también te van enseñando qué sí o qué no. Pero es que hay gente que confunde eso con la censura. Pero a mí eso nunca me ha pasado.

— Eso. Entonces, empecé a tener cuidado con los horizontes, eso siempre. Y, cuando iba a los puestos militares, me di cuenta de eso porque muchas veces había gente experta que realmente es capaz de sacar mucha más información que el ciudadano medio y, aun así, yo estaba viendo más en una pantalla bajo tierra de un soldado que igual no era nadie. Porque las aplicaciones del ejército ucraniano tienen niveles. Pues aún siendo el más pringado, estaba sabiendo mucho más que ese súper experto en Twitter, por ejemplo. Y ahí te das cuenta de: uy, esto es serio porque si en vez del novato, es el comandante de la brigada… Si estoy mirando esta pestaña en vez de la otra. Claro, es serio.

— Pues que hay que tener mucho cuidado con las imágenes en las que se vea el horizonte porque aunque sea solo un campo vacío, tú puedes detectar la posición en la que se ha tomado la fotografía. Eso significa que si yo saco una imagen desde el búnker, depende de qué se vea puedes ubicar el búnker. Por eso muchas de mis fotos son como más cerradas. Recuerdo un caso este verano, no voy a decir en qué región. La cuestión es que estábamos en un sótano en el que por la imagen de una pared se podía identificar qué tipo de edificio era. Es decir, no había ningún símbolo, pero había colores. Entonces era una cuestión de drones. Por eso la foto tiene que ser cerrada, para que no sepan ni detecten nada de dónde están estos cinco tíos. A mí me gusta mandarles las imágenes a los soldados para que las tengan. Pero a raíz de estas situaciones también para que las miren. Y si me dicen algo editorial me da igual, pero si es algo de seguridad y yo compruebo que tienen razón, no las publico.

— ¿Te hirieron alguna vez? ¿Tuviste alguna enfermedad por estar en zona de riesgo?

— Sustos en el medio de las operaciones. Te quería preguntar si, además de eso, te tocó ver puntualmente cosas muy espantosas.

— Sí, muertos al lado tuyo, ahí nomás. Porque vos vas ahí donde están quienes caen en el frente.

— ¿Tenés algún ritual o algún hábito como para que ese tipo de imágenes no te resulten tan perturbadoras que no te permitan trabajar?

— Me imagino.

— A veces pueden resultar mucho más inquietantes y conmovedoras las imágenes de gente viva que está llorando a sus muertos que los propios cadáveres. También te toca contar esas historias, porque no estás solamente en el frente.

— Me gustaría saber cómo viaja el Fermín que va con su auto, con ese auto barato que se compró en Polonia por 390 euros, ¿qué llevás?

— Entiendo...

— ¿Y comida?

— Cuando decís “ese soldado era amigo mío” o “me encontré con un amigo”. ¿Con esas personas te ves fuera del frente alguna vez?

— ¿A qué llamas “un amigo”?

— ¿Y cuando se encuentran fuera del frente te dicen que quieren salir de ahí, que quieren volver a una vida normal? Después de tantos años debés escuchar también mucha queja por el cansancio, ¿no?

— Porque además han visto cómo en estos años fueron creciendo no solo en términos estratégicos o de espíritu de resistencia. Sino también que el propio país creció en términos militares y tecnológicos, de fabricación de armas. Lo que era antes más improvisado, por decirlo de algún modo, hoy es mucho más profesional. Cuando esta guerra termine, porque en algún momento va a terminar, Ucrania seguramente tendrá un reconocimiento también en el terreno militar.

— Y en tu caso, ¿tuviste muchos momentos en los cuales te quisiste volver a casa?

— ¿Cómo fue que advertiste eso?

— Veo, sí.

— Cuando perdiste las cosas, ¿te diste cuenta enseguida? Fue por la velocidad, por el tipo de ruta, ¿cómo fue?

— ¿Con cuánta gente estás habitualmente? ¿Alrededor de cuánta gente es con la que te movés cuando estás en situaciones como esas?

— Escribís, hacés fotos y videos, ahora tenés también tu canal de YouTube. ¿En cuál de todos esos soportes o expresiones es cuando te sentís mejor? ¿Qué es lo que te da realmente más satisfacción?

— Algo así como yonquis del frente o de la adrenalina, sí. Hablábamos del auto, hablábamos de dónde vivís. Sos un nómade, no estás mucho tiempo en un mismo lugar. ¿Te movés siempre con poquitas cosas? ¿Tenés un entrenamiento especial para armar ese bolso con el que te vas a desplazar?

— ¿Y cuando tenés que hacer una maleta para tomarte unas vacaciones, podés hacerlo tranquilo?

— ¿Pensás que el final de la guerra está cerca o te parece que esto puede empantanarse mucho tiempo más?

— Podría ganarla uno u otro, decís. ¿Acaso pensás que Ucrania podría ganar la guerra?

— Me pregunto si después de tanto tiempo y tan intenso, cuando estás fuera de Ucrania, podés desprender tu cabeza de Ucrania.

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