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13 de febrero de 2026

La historia del cometa que podría brillar a plena luz del día si supera el paso extremo junto al Sol

Se trata de C/2026 A1, que pasará a poca distancia de nuestra estrella en abril. Si resiste la violencia térmica y gravitatoria, podría convertirse en uno de los cometas más brillantes de las últimas décadas y ofrecer un espectáculo visible todo el tiempo

>Un visitante helado avanza hacia el corazón del Sistema Solar y su destino pende de un hilo. El cometa C/2026 A1, también conocido como MAPS, pasará a comienzos de abril a una distancia mínima del Sol que lo colocará al borde de la destrucción.

El objeto fue detectado el 13 de enero de 2026 por un equipo de cuatro astrónomos aficionados que operan telescopios robotizados en Chile dentro del programa MAPS, sigla que reúne los apellidos Maury, Attard, Parrott y Signoret. En las primeras imágenes apareció como una mancha difusa con una pequeña cola, rasgo clásico de los cometas. Pocos días después, el Minor Planet Center confirmó su naturaleza cometaria y le asignó su designación oficial.

C/2026 A1 pertenece al grupo de los llamados cometas rozadores del Sol. Estos cuerpos siguen trayectorias extremadamente alargadas que los conducen a distancias mínimas de nuestra estrella. En su caso, el perihelio ocurrirá alrededor del 4 o 5 de abril de 2026, cuando pase a unos 170 mil kilómetros por encima de la superficie solar.

En términos astronómicos, esa distancia resulta ínfima. Equivale a unas 0.0053 unidades astronómicas, o cerca de 800 mil kilómetros del centro del Sol. En comparación, Mercurio orbita a una distancia 70 veces mayor.

El interés que despierta C/2026 A1 no se debe solo a su cercanía solar, sino a su posible brillo. Algunos modelos estiman que, si resiste el perihelio, podría alcanzar magnitudes negativas, incluso en torno a -1 o más brillante. Otros cálculos sugieren que, en condiciones favorables, podría aproximarse a valores extremos como -7 cerca del máximo calentamiento. Eso lo situaría en un rango comparable o superior al de la Luna llena.

C/2026 A1 presenta características que lo vinculan con la familia Kreutz, un conjunto de más de 3500 cometas que comparten órbitas similares y que, según los modelos, proceden de la fragmentación de un cometa gigante hace aproximadamente 1700 años. Dentro de ese linaje figuran objetos históricos como el cometa Ikeya Seki de 1965 y el cometa Lovejoy de 2011. Ambos pasaron muy cerca del Sol y desplegaron colas espectaculares.

El hecho de que se detectara cuando aún se encontraba a unas 2 unidades astronómicas del Sol resulta inusual. La mayoría de los rozadores del Sol se descubre cuando ya se aproxima a distancias mucho menores, a menudo dentro de 0.1 o 0.3 unidades astronómicas. Esa detección temprana permite a los astrónomos seguir su evolución durante meses y ajustar modelos de brillo y trayectoria.

A pesar de su encuentro extremo con el Sol, el cometa no representa ningún riesgo para la Tierra. En su aproximación más cercana permanecerá a más de 140 millones de kilómetros de nuestro planeta. El espectáculo, si ocurre, será puramente visual.

Más allá del posible impacto visual, C/2026 A1 ofrece oportunidades científicas valiosas. Los cometas constituyen restos relativamente intactos de la formación del Sistema Solar. Conservan hielos y compuestos que existían hace 4.600 millones de años. Cuando un objeto de este tipo se acerca tanto al Sol, los investigadores pueden estudiar cómo el calor extremo altera su composición y estructura.

El análisis de su comportamiento permitirá refinar modelos sobre la fragmentación de la familia Kreutz y sobre el linaje que podría remontarse a un progenitor masivo. También aportará datos sobre la dinámica de núcleos cometarios sometidos a tensiones gravitatorias intensas.

El momento crítico llegará el 4 o 5 de abril, cuando pase extremadamente cerca del Sol. En esas horas resultará casi imposible observarlo desde la Tierra debido al resplandor solar. Instrumentos espaciales dedicados al monitoreo del Sol, como SOHO o STEREO, podrían captarlo.

La fase lunar influirá en la visibilidad. La Luna nueva del 17 de abril ofrecerá cielos más oscuros, mientras que la cercanía a la Luna llena del 1 de mayo dificultará la detección de detalles tenues.

El programa MAPS, impulsado por astrónomos aficionados con experiencia en informática e instrumentación, demuestra que la colaboración independiente todavía cumple un papel relevante en la detección de objetos celestes. Su uso de técnicas de seguimiento sintético permitió identificar el objeto con antelación inusual para un rozador del Sol.

En ambos casos, C/2026 A1 ofrece una lección sobre la dinámica extrema del Sistema Solar. Un cuerpo de apenas unos kilómetros de diámetro se enfrentará a la fuerza gravitatoria y térmica más intensa disponible en nuestro entorno cósmico. Su destino se definirá en cuestión de horas.

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