21 de enero de 2026
El discreto encanto de Groenlandia
La isla, estratégica por sus recursos y su posición en el Ártico, se convierte en escenario central de la disputa global tras el renovado interés de Donald Trump y las potencias mundiales
La primera virtud es claramente geopolítica. Porque Groenlandia sirve de plataforma para lanzar y detener ataques militares contra Estados Unidos, Europa y Canadá. La segunda es de carácter comercial y tiene que ver más con la evolución del planeta Tierra que con la obra de los humanos. Resulta que nuestro planeta está atravesando una fase de calentamiento o interglacial denominada Holoceno. Durante esa fase que se estima durará al menos 10.000 años, los glaciales se derretirán y así abrirán rutas comerciales que podrán comunicar más expeditamente a Oriente y a Occidente.
A medida que se intensifica la competencia entre grandes potencias —especialmente entre EEUU, Rusia y China—, Groenlandia se ha convertido en una pieza clave de la defensa norte de la OTAN.
A medida que las cadenas de suministro globales se politizan más, los recursos de Groenlandia se ven como una forma de reducir la dependencia de China en materia de tierras raras, asegurar el suministro de materiales críticos para la transición energética y las industrias de defensa y establecer un equilibrio geopolítico a favor de Europa y Estados Unidos.
En un mundo donde se vaticinan fuertes etapas de escasez de agua fresca, este junto al Tíbet es el depositario de agua dulce más grande del mundo. Pero el verdadero impacto geopolítico de la capa de hielo que cubre a Groenlandia proviene de lo que ocurriría si se derritiera. Algunas consecuencias incluyen: el hundimiento de megaciudades (Shanghái; Nueva York, Lagos), inundaciones masivas en naciones enteras como es el caso de Bangladesh y las Islas Maldivas y desaparición de bases navales; puertos e infraestructura marítima en el mundo entero.


