19 de noviembre de 2025
Los glaciares andinos no podrán compensar los efectos de las megasequías hacia 2100, alerta un estudio
Un informe internacional advierte que el derretimiento acelerado limitará cada vez más el suministro de agua en la región, con Argentina y Chile como principales afectados. Cómo será el impacto en sectores agrícolas, comunidades y ecosistemas de montaña
La megasequÃa, que inició en 2010 y continúa, provocó un déficit de lluvias entre el 25% y el 45% en la franja ubicada entre los 30°S y 40°S, según el análisis de Communications Earth & Environment. Este fenómeno originó una sucesión de consecuencias: menores caudales en los rÃos, descenso del nivel de lagos, disminución de la humedad del suelo, incremento de incendios forestales y alteraciones en el balance de masa glaciar.
El equipo, encabezado por Pellicciotti junto a Ãlvaro Ayala y Eduardo Muñoz-Castro del Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de la Nieve y del Paisaje (WSL), utilizó simulaciones glacio-hidrológicas para prever el comportamiento de los cien glaciares más grandes de los Andes del Sur bajo escenarios de megasequÃa a fines de siglo.
El caudal anual de deshielo durante futuras megasequÃas bajarÃa entre un 10% y un 20%, con caÃdas más marcadas en verano: hasta un 48%. En valores absolutos, el aporte de agua de deshielo durante la temporada seca podrÃa reducirse a la mitad frente a los niveles actuales.
En los escenarios más extremos, los glaciares más pequeños desaparecerán por completo, lo que representará un golpe severo para los ecosistemas de montaña. Ayala advirtió que “probablemente, los glaciares más pequeños habrán desaparecido para entonces, y una futura megasequÃa ‘Chile 2.0’ será un duro golpe para esos ecosistemasâ€.
Además, los investigadores advierten que los modelos climáticos actuales tienden a subestimar la probabilidad de megasequÃas, mientras la evidencia muestra que estos eventos ya ocurren y podrÃan agravarse en el futuro.
Pellicciotti remarca la importancia de polÃticas climáticas globales y la colaboración entre regiones afectadas, como Chile y Europa, para diseñar modelos de asignación de recursos y programas de adaptación que incluyan el riesgo de megasequÃas.
