5 de noviembre de 2025
La increíble vida de Leonardo Favio: del abandono y la pobreza en su infancia a dejar su huella en el corazón del arte argentino
Actor, cantante, cineasta y militante peronista, aquel joven que vivió en un reformatorio emergió como la voz de la cultura popular. Un repaso por sus películas y canciones. Murió de neumonía el 5 de noviembre del 2012
La falta de trabajo en Mendoza llevó a Laura a trasladarse a Buenos Aires con sus hijos. En ese nuevo escenario, la vida del niño se volvió un borde difuso entre la calle y la ley. Antes de filmar historias, le tocó vivir la suya. Pasó por instituciones de menores —llamados reformatorios y patronatos— por pequeños robos con los que intentaba sobrevivir. Si no era expulsado, su madre rogaba por su libertad o él se escapaba. Allà conoció el frÃo de las paredes húmedas y la tristeza de los que ya no esperan nada. En esas noches oscuras aprendió a observar el silencio y a escuchar lo que nadie decÃa.
De regreso en Mendoza, Laura lo llevó de nuevo al mundo de la ficción. “Mi madre, harta ya de sacarme de patronatos, de tener que ir a llorar a los jueces, me llevó a Mendoza. Y comprendà que ya no habÃa más espacio: o me dedicaba a ser un ladrón o me ponÃa a hacer algoâ€, recordarÃa. Ella escribÃa libretos de radioteatro y lo animaba a leerlos: “Pero chiquito, vos podés ser actor. Léeme este libretoâ€, le decÃa. Fue asà como el joven Fuad comenzó a actuar en pequeños papeles en Mendoza y San Juan, y el público empezó a reconocer su voz.A los 27 años, ya como Leonardo Favio y con las cicatrices todavÃa frescas, decidió contar su propia historia. Asà nació Crónica de un niño solo (1965). PolÃn, su protagonista, era él mismo: el chico que buscaba un pedazo de cielo detrás de los muros del reformatorio. La pelÃcula ganó el Festival de Mar del Plata y fue reconocida como la mejor pelÃcula del cine argentino de todos los tiempos en la encuesta realizada por el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken en 2000.
Luego de filmar Crónica de un niño solo (1965), Leonardo Favio se reveló como un director capaz de capturar la vida en su forma más cruda y poética a la vez. Su ópera prima sigue sorprendiendo hoy por la puesta en escena, que atraviesa la prueba del tiempo. La pelÃcula no pedÃa permiso: hablaba de infancia golpeada, de soledad, de gritos que nadie querÃa escuchar. Favio no embellece la pobreza; la expone en toda su complejidad y crueldad, pero con una ternura que la hace reconocible y universal. El sonido se vuelve dramático: el silbato del celador, los gritos de pelea, el silencio del encierro, todo respira en la pelÃcula. Sesenta años después, gran parte del nuevo cine argentino reconoce en ella su origen y su herencia.El dependiente (1969), su tercera obra y última en blanco y negro, cerró la primera etapa o saga de pelÃculas de Favio. La historia de un almacenero enamorado de la señorita Plasini (Graciela Borges) exploró la mezquindad y la aburrida rutina de los pueblos con una mirada más crÃtica, anticipando el giro que darÃa su cine hacia formas más grandiosas y expresivas.
Mientras tanto, la música le otorgaba fama masiva. En 1968, Favio grabó“Yo quiero llegar a la gente y conmoverla porque no soy otra cosa que un narrador de cuentos, tanto cuando filmo, como cuando escribo canciones. Muchos dicen: Leonardo canta para ganar plata que le permita hacer cine. Eso no es cierto. Yo canto porque me gusta tanto o más que el cine. Y si soy un compositor de vuelo rasante, bueno, cada uno vuela hasta donde le dan las alas, pero estoy orgulloso de mis cancionesâ€, dijo en 2004 durante una entrevista con Página12.La llegada de la dictadura militar de 1976 lo sorprendió rodando Soñar, soñar, una pelÃcula circense que reflejaba la violencia de la época y la herida del pueblo peronista tras la dictadura. Pero llegó el exilio luego de que diera su último show en La Rural de Palermo ante unas 30 mil personas. Luego, fue prohibido, se lo quitó de todos los medios de comunicación: lo anularon como cantante, director y compositor. No pasó mucho tiempo para que unos soldados asaltaran su casa y apuntaran con una ametralladora a su hijo. No quedó más: en 1977 se exilió en México y regresó en 1979 a Las Catitas. AllÃ, se hizo cargo de su viñedo. Cuando pudo viajar, se fue a Colombia.
Finalmente, con Perón, sinfonÃa del sentimiento (1994-1999), Favio contó la historia del peronismo a su manera y rindió homenaje al movimiento y al hombre que habÃan marcado su vida: seis horas de documental que mezclan mitologÃa y memoria, buscando un paraÃso perdido que parecÃa residir en su propia infancia.
Su última obra maestra fue Aniceto, estrenada en 2008. AllÃ, Favio interpreta el tema musical que cierra el filme, el que a su vez es obra de su hijo, el músico y compositor Nico Favio. Es una versión danzada de su pelÃcula de 1967, un ballet filmado en blanco y negro que resume su universo: el amor, el destino, la tragedia, la belleza.Aunque durante los últimos años se rumoreaba que padecÃa cáncer, más tarde se supo que tuvo que someterse a varios tratamientos por sufrir hepatitis C crónica. “La muerte le llega a uno cuando Dios quiere, no cuando quiere el bolsilloâ€, dijo en una de las últimas entrevistas. Luego de estar varias semanas internado, murió de neumonÃa a los 74 años en una clÃnica de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 2012.
