31 de octubre de 2025
El policía que usó cuatro presos como mozos en su casamiento quedó más complicado
La Justicia de La Pampa ratificó la condena contra Cristian Martín Galván, ex jefe de la subcomisaría de Lonquimay, por el delito de abuso genérico de autoridad
Los magistrados destacaron que el juez de primera instancia, Andrés Olié, habÃa dado un análisis minucioso de los testimonios de los agentes y de los presos, y que no hubo contradicciones graves entre los hechos expuestos en la acusación y los que finalmente se dieron por probados.
El 31 de mayo de 2024, Cristian Galván, entonces jefe de la subcomisarÃa de Lonquimay -un pueblo de dos mil habitantes ubicado sobre la ruta nacional 5, a unos 65 kilómetros de Santa Rosa, capital de La Pampa-, organizó su fiesta de casamiento en un pub ubicado a solo una cuadra de la dependencia policial.
Ese dÃa, cuatro presos (Manuel Urrutia, Claudio Araneda, Denis Ãlvarez Pérez y Oscar Dante Sánchez) bajo su custodia fueron llevados hasta el salón sin autorización judicial para cumplir tareas de mozos, asadores y encargados de la limpieza.También se informó que los detenidos fueron desde la subcomisarÃa hasta el lugar del evento caminando, algunos sin custodia. Y regresaron por sus propios medios a sus celdas luego de la celebración a la que asistieron alrededor de 35 personas.
De esa manera, su jornada de fuera de las celdas se extendió de 9 a 18 horas. Cabe remarcar que ninguno de ellos poseÃa autorización ese dÃa para realizar diligencias fuera de la dependencia.La causa penal se inició luego de que el episodio se volviera “un secreto a voces†en el pueblo y las autoridades tomaran intervención tras las actuaciones internas en la sede policial. El caso llegó a juicio, donde varios de los involucrados se mostraron reticentes a declarar.Las consecuencias para Galván no solo fueron penales. Además de la suspensión e inhabilitación, el fallo ordenó la notificación a la FiscalÃa de Investigaciones Administrativas y estableció que el ex jefe policial debe fijar domicilio y someterse al control de un ente dedicado a la reinserción social durante dos años.
