8 de septiembre de 2025
El vuelo en solitario de un piloto civil a Malvinas: una ocupación simbólica, cinco minutos en las islas y el recibimiento como héroe
Hace ya 61 años que un piloto civil decidió reafirmar los derechos argentinos en las islas haciendo un vuelo en solitario, plantar una bandera y entregar un documento, en la que denunciaba la usurpación británica. Los detalles de un viaje increíble
Juan Carlos Navas era un periodista del diario La Razón que cierto dÃa de fines de agosto de ese año pidió ver a Héctor Ricardo GarcÃa, un periodista de 31 años, director del diario Crónica, al que habÃa fundado el 29 de julio de 1963.
Según GarcÃa relata en sus memorias, Navas vivÃa en el edificio de El Hogar Obrero, en Rivadavia al 5100, y que era vecino de Miguel Fitzgerald, un hijo de irlandeses, técnico mecánico, fanático de Malvinas, que se ganaba la vida como piloto, y estaba dispuesto a volar al archipiélago, enarbolar una bandera y entregar una proclama. Buscaba tener repercusión periodÃstica. Experiencia, tenÃa de sobra: ostentaba el récord de unir Nueva York y Buenos Aires en un Cessna, sin escalas. El periodista Navas le habÃa planteado la cuestión a su jefe, Félix LaÃño, director de La Razón, quien no le interesó el tema y dejó a Navas en libertad de acción para que lo ofreciese a otros colegas.Consiguió que un amigo, Siro Alberto Comi, le prestase el Cessna 185 LV-HUA, de 260 caballos. Comi era un cordobés de 53 años que habÃa armado en 1942 un aeródromo de dos pistas en la localidad de Luis Guillón, y que era representante en el paÃs de Cessna.
Ese avión plateado, de rayas rojas, “The Spirit of Mariano Moreno†lo bautizó con el nombre de “Don Luis Vernetâ€. Para tener mayor autonomÃa, quitó los asientos y los reemplazó por tanques de combustible.Al otro dÃa, temprano, despegó a Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia y en Pico Truncado debió revisar desperfectos técnicos que detectó en el motor. Por fin, llegó a RÃo Gallegos. Su plan era poner rumbo a las islas a las 9:45 del lunes pero antes debÃa cerciorarse de que arreglasen el motor.
GarcÃa le habÃa advertido que lo ideal era que cruzara el 8, porque el 9 se disputarÃa en el estadio de Avellaneda, el partido de ida entre Independiente y el Inter por la Copa Intercontinental, y no querÃa que esa noticia compitiese con el viaje. El local ganarÃa por uno a cero.Llevaba atado a su cuerpo un bote inflable y cargó una provisión de chocolate y café. Y asà se largó a cubrir los 787 kilómetros que lo separaban del archipiélago.
Fitzgerald describió que el vuelo, a unos 2500 metros de altura, habÃa sido normal, y que a las 11:58, con las islas a la vista, habÃa iniciado el descenso. Pero la intensa nubosidad le impedÃa aterrizar. A las 12:28, volando a unos 200 metros de altura, cruzó el Estrecho de San Carlos, y trece minutos después emitió el siguiente mensaje por radio: “Atención a la red 320. Yo, Miguel Fitzgerald, ocupo simbólicamente hoy nuestras islas Malvinas, en nombre de nuestro paÃs, la República Argentinaâ€.Apenas bajó, sin apagar el motor, ató el asta con la bandera argentina entre el alambrado que rodeaba la cancha. Fue cuando se acercó raudo Shirtchiss, quien le ofreció combustible, creyendo que ese habÃa sido el motivo de su inesperada presencia.
El documento decÃa que cumplÃa una misión que estaba en el ánimo de 22 millones de argentinos, que la ocupación de las islas de 1833 habÃa sido un despojo y un acto de piraterÃa; que la usurpación nunca habÃa sido admitida por los argentinos ni por los latinoamericanos, y que él se consideraba “la avanzada de este ideal patrióticoâ€.
Aseguró que las islas tenÃan el valor “de la dignidad humana porque son parte incuestionable del paÃsâ€. Que habÃa descendido “en territorio nacional para ratificar la soberanÃa argentina en el archipiélago y reiterarle al representante del gobierno usurpador inglés que no hemos sido ni seremos un paÃs de conquistadores, pero tampoco aceptamos que se nos pretenda conquistarâ€. Finalizó asegurando que “esta actitud personal, que interpreta los sentimientos y la vocación del pueblo argentino, coincide con la decisión de la Organización de las Naciones Unidas, de considerar en el más alto tribunal internacional las legÃtimas reivindicaciones de mi patria sobre el territorio malvÃnicoâ€.Cinco minutos después de haber llegado, despegó hacia RÃo Gallegos. No necesitaba combustible porque habÃa dispuesto llevar un tanque adicional. El regreso se le complicó por los vientos en contra, la falta de referencias y la ausencia de una guÃa radioeléctrica. Finalmente, a las 17:15 tocó tierra en RÃo Gallegos.
Luego de una ducha, vestido con pullover rojo y campera de aviador, fue a saludar a Rodolfo Martinovic, un médico radical que desde el año anterior era gobernador de la provincia de Santa Cruz.
“Hace catorce años esto habrÃa sido un intento deportivo. Ahora tiene una motivación nacionalâ€, dijo el piloto. Es que en Naciones Unidas se estaba discutiendo diversos casos de ocupaciones coloniales en el mundo, y el Subcomité III de ese organismo justo ese dÃa 8 estaba en plena tarea para resolver la disputa británico-argentina por Malvinas. Ante la protesta inglesa, la delegación argentina dijo que su gobierno no habÃa tenido nada que ver con el hecho.
Regresó a Buenos Aires en el Cessna, haciendo escalas en BahÃa Blanca y Azul, y cuando aterrizó en Buenos Aires fue llevado en andas, en un vehÃculo recorrieron la ciudad y fueron al diario Crónica. DÃas después fue recibido por el presidente Arturo Illia.
Por mucho tiempo, Fitzgerald fue contratado por Crónica para llevar a periodistas y a fotógrafos a diversas coberturas. Falleció el 25 de noviembre de 2010.
El piloto quiso repetir el viaje. Volvió el 27 de noviembre de 1968 con el director y un redactor del diario en un avión bimotor propiedad del diario. Pero la pista habÃa sido obstruida con vehÃculos y tuvieron que realizar un aterrizaje en un camino, y rompieron una hélice. Fueron detenidos y puestos a bordo del buque Endurance, y se los remitió al continente. Se los acusó de violar las leyes de inmigración.Fuentes: La culpa la tuve yo. Militares, ERP, López Rega y Afip, Planeta, 2012; diario Crónica; Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur
