29 de agosto de 2025
Cómo el estudio de un sismo que ocurrió en 1755 ayuda a entender el futuro del océano Atlántico

Científicos de cuatro países reunieron pruebas de un fenómeno insólito bajo la costa de Portugal que desafía las ideas tradicionales sobre la formación de terremotos. Por qué podría explicar uno de los mayores desastres de la historia europea
“El inicio de la subducción es un gran enigma y un tema de frontera para la investigación”, señaló Taras Gerya, geólogo de la universidad ETH Zurich en Suiza, quien no participó en el estudio y fue consultado por la revista Science.
El impacto del hallazgo es doble: por un lado, explica episodios sísmicos inusuales en el Atlántico oriental, y por otro, sugiere cambios tectónicos a muy largo plazo, similares a los del anillo de fuego. El terremoto de Lisboa en 1755 resultó desconcertante, ya que ocurrió lejos de cualquier zona de subducción conocida, donde una placa tectónica se sumerge bajo otra y producen los peores terremotos y tsunamis. El epicentro de ese sismo estuvo muy alejado de las áreas activas como Japón o Sudamérica, donde los sismos potentes son comunes.Las réplicas más poderosas nacieron por debajo de los 20 kilómetros de profundidad, lo que sugiere fenómenos geológicos distintos a los usuales.
Entender el sismo de 1755, por tanto, se volvió esencial para abrir una ventana hacia el futuro del Atlántico. La ausencia de explicaciones convencionales motivó el uso de nuevas herramientas y modelos para analizar la zona.
La metodología combinó observaciones sísmicas y simulaciones digitales. Duarte y su equipo analizaron datos de la estructura interna de la corteza y el manto bajo el Atlántico oriental, en particular las anomalías detectadas a unos 250 kilómetros de profundidad bajo la plataforma oceánica frente a Portugal.Las simulaciones mostraron que el agua, al filtrarse en las fracturas del manto, transformó el material en una roca llamada >El modelo mejor ajustado señala que parte del manto bajo la Planicie Abisal de Horseshoe empezó a hundirse, impulsada por la existencia de dos grandes zonas laterales de fractura. La corteza se despega y más manto se hunde, lo que genera tensiones capaces de provocar terremotos de gran magnitud.
Por lo general, la corteza del fondo oceánico forma una capa dura que se apoya sobre el manto, similar a la superficie sólida de un postre “crème brûlée” sobre una base más suave. En la región estudiada, esta estructura habitual no se presenta, lo que facilitó que el manto se separara y diera lugar al proceso de delaminación.
Los científicos concluyeron que la delaminación detectada podría ser la clave para entender cómo se inicia la subducción, proceso que da origen a los terremotos más potentes y a la formación de montañas y volcanes.Sin embargo, Marc-André Gutscher, de la Universidad de Brest en Francia expresó reparos sobre si este mecanismo explica por completo el tsunami que cruzó el Atlántico después del terremoto de 1755.
“Cuando una falla se desliza, la ola de tsunami se dispara perpendicular a su longitud. Es como las luces de tu coche”, explicó el geólogo a Science.El estudio advierte que la región occidental del Atlántico mantiene un alto nivel de riesgo sísmico. En palabras de Duarte, “en Portugal no existe una cultura de prevención. Para la mayoría, los terremotos son parte de la historia. Esto es muy peligroso”.