Antártida, seis curiosidades científicas que cambian lo conocido sobre el continente blanco
El territorio más austral del planeta, con una superficie de 14 millones de kilómetros cuadrados y menos del 1% libre de hielo, guarda fenómenos inesperados. De bosques fósiles a volcanes activos, un repaso por los hallazgos más destacados, según National Geographic
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Con una extensión cercana a 14 millones de kilómetros cuadrados, la Antártida permanece en gran parte inexplorada y menos del 1% de su territorio está libre de hielo, lo que la convierte en un auténtico “desierto de nieve”.A pesar de estas condiciones extremas, el continente ha sido escenario de fenómenos naturales y humanos que rompen con los mitos habituales.En primer lugar, la Antártida no siempre fue un páramo helado. De acuerdo con la Enciclopedia Britannica, existen abundantes pruebas fósiles que demuestran que, durante la Era Mesozoica —hace entre 252 y 66 millones de años—, el continente estuvo cubierto de densos bosques de coníferas, araucarias y vegetación similar a la de los actuales bosques tropicales.El hallazgo de polen de Nothofagus, un arbusto típico de regiones templadas y frías, en las montañas Transantárticas, sugiere que esta especie prosperó en la región hace unos tres millones de años, cuando la Antártida se desplazaba hacia el polo y comenzaba a enfriarse. Estos vestigios revelan que el continente albergó una flora y fauna mucho más diversa que la escasa vegetación y los insectos primitivos que sobreviven hoy.En contraste con su imagen de quietud, la Antártida esconde una intensa actividad volcánica bajo su manto de hielo. Aunque la mayor parte del territorio permanece congelado, existen volcanes activos en regiones como la Tierra de Ellsworth, la Tierra de Marie Byrd, la Península Antártica y la Tierra de Victoria, según la Enciclopedia Britannica.El monte Erebus, situado en la isla de Ross, destaca como uno de los principales volcanes del continente. Tras un largo periodo de inactividad, mostró un aumento de actividad desde mediados de la década de 1970, lo que dio lugar a la formación de lagos de lava que aún se vigilan desde la estación antártica McMurdo, de Estados Unidos. Entre 1967 y 1970, una erupción en la Isla Decepción destruyó instalaciones británicas y chilenas, evidenciando el poder de estos fenómenos en un entorno dominado por el hielo.Otra particularidad del continente es la ausencia de una zona horaria oficial. El Centro de Referencia para la Enseñanza de la Física de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (Brasil) explica que, en la Antártida, la hora depende de la ubicación de cada una de las 50 estaciones de investigación permanentes. Los equipos científicos eligen el huso horario que les resulta más conveniente, lo que significa que la hora puede variar considerablemente de un punto a otro del continente.En el ámbito humano, la Antártida también ha sido escenario de nacimientos. El 7 de enero de 1978, Emilio Marcos Palma nació en la Base Esperanza, el único asentamiento civil del continente, bajo control argentino.Según el libro Guinness de los récords, este hecho marcó el primer nacimiento documentado en la región. Posteriormente, durante la década de 1980, otros diez bebés nacieron en la Antártida, lo que demuestra que, aunque de forma excepcional, la vida humana también ha tenido lugar en el entorno más austral y frío del planeta.Las condiciones meteorológicas extremas son otra de las señas de identidad del continente. El Museo de Historia Natural de Estados Unidos señala que la Antártida no solo es el lugar más frío, sino también el más ventoso del mundo.Por último, la Antártida ostenta el título de continente más alto del planeta. Aunque el Monte Everest, en Asia, es el punto más elevado de la Tierra, la altitud media de la Antártida ronda los 2.200 metros sobre el nivel del mar, según la Enciclopedia Britannica.
En la Antártida Oriental, las capas de hielo pueden alcanzar hasta 3.500 metros de altura. El Macizo Vinson, ubicado en la cordillera Sentinel de las montañas Ellsworth, representa el punto más alto del continente, con 4.892 metros sobre el nivel del mar, y fue descubierto en 1935 por el explorador estadounidense Lincoln Ellsworth.