20 de agosto de 2025
La Masacre de Fátima: treinta cuerpos dinamitados en un descampado que la dictadura intentó mostrar como víctimas de la guerrilla
La madrugada del 20 de agosto de 1976, veinte hombres y diez mujeres que estaban detenidos en la la jefatura de la Policía Federal, fueron trasladados hasta un descampado, donde fueron asesinados. La versión oficial que nadie creyó y los testimonios que señalaron a sus autores
La versión dictatorial sobre esas muertes era tan increÃble como la del asesinato de Actis. Ningún periodista que transcribiera el comunicado podÃa creer que algún grupo guerrillero hubiera sido responsable del “vandálico episodioâ€. Ese tipo de ejecuciones masivas no existÃa – ni habÃa existido nunca – en las prácticas de las ya diezmadas organizaciones guerrilleras; en cambio, tenÃa todas las caracterÃsticas de las masacres tÃpicas de los grupos de tareas del terrorismo de Estado. Que eso no se pudiera publicar era otro cantar. La orden era difundir – a veces con cierta cosmética, otras corrigiendo horrores sintácticos – casi al pie de la letra los partes surgidos desde la Casa Rosada o cualquier otra dependencia del gobierno.
Casi al mismo tiempo el parte oficial llegaba a los diarios, camiones de la Municipalidad de Pilar retiraban los restos humanos y los llevaban a la morgue de esa localidad. Eran los restos de 20 hombres y 10 mujeres, todos con orificios de bala, la gran mayorÃa con las manos atadas por la espalda. En esos dÃas, solo cinco de las vÃctimas fueron identificadas, los otros 25 fueron llevados al Cementerio de Derqui, inhumados como NN.PasarÃan años hasta que, gracias al trabajo del Equipo Argentino de AntropologÃa Forense, se pudiera identificar a la mayorÃa – no a todos – de los asesinados en lo que hoy se conoce como la Masacre de Fátima. En una tarea que todavÃa no está terminada -valiéndose de restos óseos y cotejándolos con muestras de sangre de familiares de detenidos desaparecidos- lograron sumar otros veinte nombres a los cinco que se conocieron desde un primer momento.Los hechos de Fátima habÃan ocurrido de manera muy diferente a la que trataba de instalar la versión de la dictadura. Las vÃctimas, en realidad, habÃan sido sacadas la madrugada de ese viernes del tercer piso del edificio de la Superintendencia de Seguridad (SSF) de la PolicÃa Federal ubicado en Moreno 1417, pleno centro porteño, en la manzana contigua de donde hasta hoy funciona la sede central de esa fuerza de seguridad. Allà funcionaba un centro clandestino de detención donde los integrantes del Grupo de Tareas 2 (GT-2) de la Federal torturaban, mataban o, como aquel viernes de agosto, sacaban a prisioneros –algunos de ellos ya asesinados– y terminaban con sus vidas en otros lugares. Esa vez, fue el descampado de Fátima.
La verdad comenzó a salir a la luz poco después de la recuperación de la democracia, en el marco del trabajo que realizaba la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) creada por Raúl AlfonsÃn en diciembre de 1983, cuando algunos sobrevivientes de las mazmorras del GT-2 que habÃan estado detenidos desaparecidos junto con las vÃctimas de Fátima se presentaron para ofrecer sus testimonios. A partir de esas declaraciones, el 6 de abril de 1984, directivos de la Conadep fueron a las instalaciones de la Federal en calle Moreno junto a los sobrevivientes Alberto Poggi y Graciela Nora MarÃa Lara de Poggi, quienes fueron una pieza clave para esclarecer lo que habÃa sucedido en la noche del 19 y la madrugada del 20 de agosto de 1976.Otro testimonio decisivo fue el que brindó el ex cabo primero de la Federal Armando VÃctor Luchina, quien reconoció haber sido parte del operativo. Luchina dijo que estaba presente cuando uno de los oficiales a cargo “contó hasta 30â€, en referencia a la cantidad de personas subidas a un camión que estaba en el playón del edificio. “Algunos estaban envueltos en frazadasâ€, en referencia a que los vejámenes y torturas los habÃan dejado inconscientes o muertos. Dio también los nombres de los policÃas al mando: los oficiales Carlos Gallone, Juan Carlos Lapuyole y Miguel Timarchi.
En su declaración a la Conadep, Luchina también confirmó lo que se sabÃa desde el primer momento, que la masacre era “una represalia†al atentado realizado por un comando montonero del mediodÃa del 2 de julio de aquel 1976 contra el comedor del edificio de Moreno 1417, cuando estalló una bomba que mató a 23 policÃas. Otros testimonios recibidos por la Conadep revelaron que la Masacre de Fátima no fue el único hecho de venganza perpetrado con los desaparecidos en las entrañas de la sede de la jefatura de la Federal.El 5 de octubre de 1982, cuando la dictadura ya estaba en franca retirada, los organismos de Derechos Humanos organizaron la Marcha por la Vida, que debÃa terminar con la llegada de los manifestantes a la Plaza de Mayo. La policÃa intentó impedir que ingresaran y uno de los uniformados – alto, de fÃsico intimidante – puso el cuerpo delante de las Madres y cuando una de ellas, Susana LeguÃa, lo increpó, la atrajo hacia su pecho para neutralizarla. Dos fotógrafos que cubrÃan la marcha, Marcelo Ranea, de la agencia DyN, y Jorge Sánchez, de la estatal Télam, dispararon sus cámaras y tomaron varias fotos de la escena. Una de ellas, tomada por Ranea, fue portada de uno de los diarios del dÃa siguiente, que la ancló con el tÃtulo “PacÃfica concentración en el centroâ€. Las tomas de Sánchez nunca fueron publicadas.
La propaganda dictatorial – con el auxilio de no pocos medios de comunicación – aprovechó para mostrar esa imagen como un “abrazo†que simbolizaba la “reconciliación de los argentinosâ€. “La fotografÃa tuvo inmediata trascendencia mediática y se utilizó para sostener una supuesta polÃtica de reconciliación entre las organizaciones de derechos humanos y las fuerzas represivas que, en los hechos, jamás existióâ€, escribió en un análisis la investigadora fotográfica Cora Gamarnik.Lo que nadie sabÃa ese dÃa – ni las dos Madres de Plaza de Mayo ni los fotógrafos – es quién era el policÃa de la foto. Se sabrÃa recién muchos años después, cuando se lo identificó como uno de los responsables de la Masacre de Fátima, Carlos Gallone, señalado por el ex cabo Luchina como uno de los oficiales de la Federal que daban las órdenes.
Hubo que esperar casi 38 años para que se hiciera parcialmente justicia por la Masacre de Fátima. En julio de 2008, tras un juicio de primera instancia, el Tribunal Oral Federal 5 condenó a prisión perpetua a los comisarios Carlos Gallone y Juan Carlos Lapuyole por los homicidios de las 30 vÃctimas de Pilar. Lapuyole era el director de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF) en tanto que Gallone era el jefe de la Brigada de la SSF. El policÃa del falso “abrazo†a la Madre de Plaza de Mayo murió en mayo de 2021 cuando cumplÃa prisión domiciliaria debido a una insuficiencia respiratoria provocada por el Covid.En cuanto al asesinato de Actis – la otra noticia relevante de esos dÃas de agosto de 1976 – nunca se pudo identificar a sus autores materiales ni tampoco a quiénes habÃan dado la orden de matarlo. Lo cierto es que después de su muerte, la presidencia del Ente Autárquico Mundial 1978 quedó a cargo del general Antonio Luis Merlo, pero en los hechos la organización y los negocios montados alrededor del campeonato pasaron a manos de la Armada, manejados por el vicealmirante Carlos Alberto Lacoste, uno de los hombres de mayor confianza del dictador Emilio Eduardo Massera.
