11 de agosto de 2025
De su poco conocido comienzo como actor a la inolvidable conducción de un programa emblemático: las memorias de Pancho Ibáñez
En su larga trayectoria marcó un hito con el recordado �??El Deporte y el hombre�?�. Sus comienzos, su vida en Europa y cómo ve la televisión actual
“A comienzos de la década del ’80 me llamaron de canal 11 para ser parte de un programa extenso de los domingos, vinculado al deporte, titulado ‘Mach Once’. En principio para hablar sobre Fórmula 1, porque en mi estadÃa laboral en Holanda, y luego aquÃ, estuve muy vinculado a esa categorÃa. Al poco tiempo ocurrió una crisis con el plantel periodÃstico y lentamente se fueron yendo todos, hasta que me quedé solo (risas). Me propusieron seguir adelante, pero eran muchas horas y tenÃa que ponerme a estudiar sobre otros deportes. Entonces les planteé a los productores, que mi intención era poder hacer un programa donde se mostrara lo mejor del deporte mundial y no solo los resultados. Asà nació ‘Estadio Visión’ que fue el origen de lo que luego se convirtió en ‘El Deporte & el Hombre’â€, recuerda Pancho.
Además de la innovación y la manera de conducir de Pancho, habÃa un elemento más que se sumaba para hacerlo imbatible y, también, tan recordado 40 años más tarde. La canción “Boda en Londres†de Mecano: “Vos ponés esa música y te remite al programa. Estaba buscando una cortina y me puse a escuchar, sabiendo que querÃa que fuese un tema instrumental, con un ritmo lógico y que se adaptase a las imágenes. Me bastó una vez para darme cuenta que era el correcto, porque los videos de cualquier deporte, le calzaban a la perfección. Era algo mágico y con un agregado: es el único tema instrumental en la historia del grupo Mecanoâ€.
La vida de Pancho fue muy particular desde chico. Con un padre diplomático, vivió en varios lugares, donde fue incorporando el legado de las diversas culturas con las que compartió aquellos momentos. ParecÃa que el camino estaba marcado para seguir el sendero paterno, pero las cartas se jugaron de otra manera: “Hay cosas para las que se nacen y otras en las que uno se forma. Yo hice la carrera de derecho en Santiago de Compostela, me recibÃ, pero no nacà abogado. En cambio, siento que, si lo hice para ser actor, porque lo ejercitaba en la casa de mis abuelos, por ejemplo, en cada fin de año. Allà se hacÃa el teatro de la familia y todos actuábamos. Por eso siempre digo que antes del periodismo estuvo el teatro. Me di el gusto de trabajar aquà en Buenos Aires, no solo en teatro sino también en una pelÃcula llamada ‘Las locas del conventillo’. Fue una linda experiencia. Mi viejo fue designado cónsul en la ciudad de Vigo y tenÃa la ilusión de que yo fuese diplomático. Al terminar mis estudios, le dije que me parecÃa una carrera muy interesante, pero que no la iba a seguir, porque siendo diplomático argentino seguramente iba a sufrir mucho. Iba a tener problemas con cada gobierno de turno. Él lo tomó muy bien, abriéndome las puertas para hacer lo que quisieseâ€.
Entonces, la ucronÃa. ¿Qué hubiera pasado si Pancho Ibáñez se dedicaba al derecho o la actuación? Ya estaba lejos de lo primero, pero intentando lo segundo. El futuro se escribirÃa sin ninguna de las dos: “En julio del ’68, luego de la temprana muerte de mi padre, a los 48 años en Budapest, me fui a Madrid y busqué trabajo en alguna radio, ya que tenÃa facilidad para hablar con el acento español y pensaba que, de esa manera, serÃa más fácil. Lo conseguà e incluso tuve algunas incursiones como actor en televisión. Hasta que un dÃa fui a comer con un gran locutor español, a quien sucedà en esa emisora y me dijo: “¿Te quieres ir a Holanda?â€. Quedé sorprendido, porque no sabÃa si era un trabajo o unas vacaciones (risas). Entonces me dio una tarjeta con el nombre de una persona y su dirección, para que lo fuera a ver por si me interesaba. La guardé en un bolsillo. Un tiempo después, concurrà a un casting para una pelÃcula que se iba a filmar en Marruecos. Una de las condiciones era que supieran bucear, algo que yo tenÃa muy claro, porque lo habÃa desarrollado al cursar en el Liceo Naval. Dejé mis datos y salà a la vereda. Cuando miré la dirección al situarme en la esquina, vi que era la calle Miguel Ãngel, que me sonaba por algún motivo. Era la que estaba en la tarjeta, que aún conservaba conmigo. Estaba solo a unos pasos. Me recibió José MarÃa Olona, que habÃa trabajado en radio Nederland, desde donde le habÃan encargado conseguir un locutor para el servicio audiovisual en castellano. Me contrató enseguida, al punto que me preguntó cuando me podÃa ir a Holanda. Contesté que no podÃa ser antes de 15 dÃas (risas). Salà de allÃ, tomé un tren a Santiago de Compostela y la llamé a SofÃa, que era mi novia, actual esposa, madre de nuestros tres hijos y abuela de los seis nietos. Caà de sorpresa, le conté la situación y le propuse casamiento. Aclarando que nos tenÃamos que ir a vivir a Holanda. Allà nacieron Ximena y Yago, nuestros hijos mayores y nos quedamos hasta fines del ‘74â€.Desde la capital argentina, enviaba informes al resto de los paÃses del continente. El deporte siempre habÃa estado en su vida, pero en ese momento, tenÃa una gran vinculación con el automovilismo. Más precisamente con la máxima categorÃa que atravesaba un momento excepcional: “La Fórmula 1 tiene una raÃz muy profunda en mi vida. En 1951, cuando yo tenÃa 6 años, mi padre era cónsul en Barcelona. Fuimos a ver la carrera y quedé fascinado. Además, corrieron dos argentinos, nada menos que José Froilán González, que quedó segundo con la Ferrari y Juan Manuel Fangio, con Alfa Romeo, quien fue el vencedor y se consagró esa tarde campeón mundial por primera vez. Llegó el momento de entregarle el trofeo y alguien dijo: ‘Que se la entregue el niño’. Allà me di ese gusto inolvidable. Muchos años más tarde, estando en Holanda, siempre iba a hacer la cobertura de los Grandes Premios para mi trabajo en radio Nederland. Era un grupo extraordinario de pilotos como Lauda, Fittipaldi y Reutemann. Como las radios de Argentina tenÃan conocimiento de que habÃa un compatriota allá, me llamaban para que hiciera distintas notas. Cuando me instalé en el paÃs, seguà con esas coberturas, porque conocÃa el ambiente y a los corredores. Y asà comencé el trabajo en televisión en canal 11 con Mach Onceâ€.
Las inquietudes de Pancho eran permanentes y excedÃan ampliamente el universo de “El Deporte & el Hombreâ€. En paralelo, se daba el gusto de hacer diversos programas con otros enfoques: “Conduje un verano desde Mar del Plata, pero no con la tradicional cobertura de la temporada, sino ocupándome que la producción invitase a personajes interesantes. Nos fue muy bien y luego repetà ese formato en Uruguay. Años después hicimos ‘La casa de Pancho’ y creo que fue innovador. Porque eran muchas cosas, variadas, como me gustan a mÃ. De pronto en el living hablaba con alguien de filosofÃa, a continuación, me iba a la cocina para ver que estaban preparando y de ahà al crÃtico de cine. Creo que logramos romper con cierto estereotipo, sobre que ese tipo de programas solo lo conducÃan mujeresâ€.Para un hombre ávido de conocimiento, nada podÃa ser mejor que estar al frente de un programa cuyo objetivo fue, precisamente ese. Para algunas generaciones, Pancho Ibáñez también es sinónimo de las preguntas y respuestas de “Tiempo de siembraâ€, sobre fines de los ’90: “TenÃa el claro antecedente de ‘Odol pregunta’ de los ’60 y ’70. Cuando me lo propusieron, puse como condición fundamental que fuese en vivo (o grabado en vivo, sin cortes ni edición), para evitar cualquier suspicacia. Era realmente el programa que premiaba el saber -como fue el slogan que se me ocurrió-, no la suerte. HabÃa que buscar una palabra o un término que identificase la respuesta correcta, como habÃa el ‘Con seguridad’ de Cacho Fontana. Por eso quedó en el recuerdo ‘Redonda’, lo que yo decÃa cuando el participante acertaba y que tenÃa que ver con el logo de Siembra, el auspicianteâ€.En el medio de la charla, muy respetuosamente, una señora se acercó hasta la mesa. Miró a Pancho y le preguntó si era él. Al recibir la afirmativa respuesta, se deshizo en merecido elogios hacia su profesionalismo y trayectoria. Él ya lleva varios años fuera de los medios masivos por propia decisión, pero el reconocimiento es permanente: “Situaciones como ésta me halagan y sorprenden. Soy consciente de que cada persona recuerda un momento especial de mi carrera, pero lo que me enorgullece, es la variedad de los saludadores. Sin distinción de género, edad o clase social. Porque fue algo que no planifiqué. Simplemente dije lo que sentÃa, tratando de ser correcto y educadoâ€.
Han pasado cuatro décadas y aquel programa permanece en el recuerdo, como lo son en la vida las gratas compañÃas. Asà lo siente Pancho: “Creo que ‘El Deporte & el Hombre’ es tan recordado, 40 años después, porque fue un programa disruptivo, que no siguió la pauta de lo que se hacÃa habitualmente, escapando a la norma de fútbol y carreras. El deporte comenzó a transformarse en la televisión, a conocer otras disciplinas y poder disfrutar de los Juegos OlÃmpicos, por ejemplo. El nuestro paÃs, el primer ironman, se vio en ese programa. En mi opinión, era lo más lógico que todo ese bagaje de imágenes, pudiese verse en la televisión nacionalâ€.
Por suerte, a los directivos de un canal, en la lejanÃa del ’83, se les ocurrió sintonizar con esa idea, que no era una carta común en el mazo de la televisión argentina. En la charla, me sentà como en la casa de Pancho, en un maravilloso tiempo de siembra para quien siempre tiene ganas de seguir aprendiendo. Del deporte y el hombre. Y de muchas cosas más. Porque todo tiene que ver con todo. Y porque siempre será un placer tener referentes como Pancho Ibáñez.