5 de junio de 2025
La ciencia de la venganza
El análisis de expertos señala que la sed de revancha impulsa las acciones de varios mandatarios, quienes replican patrones adictivos y afectan la vida política de sus países
Otro practicante del vicio de la venganza es Vladimir Vladimirovich Putin, nacido en una familia obrera cuyo padre fue veterano de la Segunda Guerra Mundial. Como tal, siempre se jactaba de sus valientes hazañas y disminuÃa los logros del hijo. Sin lograr conquistar el respeto y admiración paternos, Vladimir Putin se enroló en la KGB donde ascendió con cierta rapidez dentro de la unidad de operaciones encubiertas gracias a sangre frÃa y capacidad operativa. Dentro de la KGB fue destacado a Alemania Oriental, donde realizó intercambios con la temible Stasi. Al caer el muro de BerlÃn, Putin fue regresado a casa. Se dice que en Alemania no la pasó muy bien porque los funcionarios de inteligencia de ese paÃs lo veÃan con cierto desdén. En Moscú logró ascender a la jefatura del Servicio Federal de Seguridad (FSB). En 1999 fue nombrado Primer Ministro cuando se produjo la renuncia de Boris Yeltsin. Desde entonces se ha dedicado a acaparar el poder en Rusia cambiando la constitución y estableciendo un régimen de terror mediante el control absoluto de los flujos informativos y el ejercicio diario de prácticas vengativas contra todo ser que de alguna manera haya afectado su ego. Quizás la venganza más pública ejecutada por Putin haya sido la voladura del avión en que viajaba Yevgeny Prigozhin en Agosto de 2023 como castigo por haberse alzado contra sus designios en la guerra contra Ucrania. Para ese momento, Prigozhin era el jefe del grupo Wagner, fuerza de choque mercenaria usada por el Kremlin bajo instrucciones de Putin para controlar posiciones en Ãfrica y en la invasión de Ucrania.
Existen desde luego otros autócratas o proto autócratas como Bukele practicando la venganza en el mundo entero. Algunos analistas afirman que estos lÃderes van a provocar una reacción de las sociedades civiles de sus naciones en favor de una alternativa de construcción democrática. Observan quienes asà piensan que en China fue la sociedad civil organizada la que puso fin a la polÃtica de enclaustramiento social para combatir el COVID-19. En TurquÃa, la presión de las minorÃas unida al fin de la dictadura de Assad en Siria abrió el camino para la integración de los kurdos, cuyos lÃderes disolvieron el PKK, organización que en su lucha por establecer un paÃs kurdo habÃan incurrido en prácticas terroristas dentro de TurquÃa. Y esto pasó en claro desafÃo al despótico presidente de la república Recep Tayyip Erdogan, otro practicante de la venganza. Tampoco Putin parece ser redimible, pero la sociedad rusa pareciera estarse organizando para abrir el compás polÃtico una vez que desaparezca. Todos los analistas dan a Xi, Putin y Bukele como irrecuperables para la democracia por ser su leit motiv la venganza, rasgo que define el profesor Kimmel como una adicción. Y ya sabemos lo que cuesta poner fin a las adicciones.
