13 de febrero de 2025
La salvadoreña que se enamoró por chat de un argentino 30 años mayor y emigró por un estilo de vida muy particular: �??Fue mi terapia�?�
María Fernanda Escalante León tenía 20 años cuando conoció Arón Iusin, de 49, divorciado y con 4 hijos. El flechazo fue inmediato y seis meses después, en 2017, ella dejó su país para empezar un futuro con él a pesar de los prejuicios de ambas familias
La decisión de emigrar hacia una aventura desconocida junto a Arón generó un cimbronazo en su familia, ya que Fernanda aún vivÃa con sus padres y sus cinco hermanos y no estaba atravesando el mejor momento personal. También generó rispideces entre los hijos del hombre debido a que su nueva novia tenÃa la misma edad que su primogénito.
La frustración la llevó a la depresión. Y en ese momento apareció Arón, un incansable trabajador de campo que le proponÃa un futuro distinto, en medio de la naturaleza. “Fue como una terapia. Me dio las fuerzas que necesitaba para salir adelanteâ€, recordó.
Arón no era el modelo de pareja que la sociedad espera para una chica joven. La diferencia de edad fue un tema de prejuicio. Sus propios hijos mayores miraron la relación con recelo. Pero ella, acostumbrada a desafiar las normas, no dudó.
El choque cultural también fue duro. Fernanda, criada en la ciudad, nunca habÃa ordeñado una vaca ni vivido sin transporte público a la mano. Pero Arón, curtido en la vida rural desde chico, le fue contando sobre su dÃa a dÃa y la cautivó por completo.Antes de subirse al avión, Fernanda lo investigó. Contactó a conocidos suyos en Facebook, verificó su historia y le preguntó a gente de su pueblo natal, en Entre RÃos. “QuerÃa asegurarme de que todo era verdadâ€, se sinceró.La llegada de Fernanda a la Argentina cambió las prioridades de Arón por completo, y mucho más cuando, dos años más tarde, nació el hijo de la pareja al que llamaron Bruce Adonai. “En ese campo hacÃa el trabajo de seis personas. No podÃa más y empecé a buscar otro empleo para que pudiéramos estar más tiempo juntosâ€, recordó. Asà fue como, a través de una plataforma del sector agropecuario, los dos fueron seleccionados por los dueños de un campo en Villa Calamuchita, Córdoba, para ser los caseros.
“La vida nos trajo hasta acá. Nos regaló este lugar y hoy nos pagan por estar en un lugar donde muchos pagarÃan por vivirâ€, afirmó Arón con la certeza de que habÃa tomado la decisión correcta de cambiar de trabajo.
Mientras en El Salvador sus amigas soñaban con un amor idealizado, ella cambió una vida sin rumbo por una con propósito y apostó por un amor con lucha, con papeles de migración demorados, con mudanzas de estancia en estancia y con jornadas de trabajo de sol a sol. Un amor que, lejos de parecerse a un cuento de hadas, era mucho más auténtico.“Acá no habÃa nada. Era todo tierra, sin vegetación, sin jardÃn. Empezamos a trabajar de a pocoâ€, contó Arón, quien fue transformando el espacio con materiales reciclados y técnicas que aprendió con el tiempo. Se dedicó al parque, diseñó un deck de madera, armó una huerta con zapallos y calabazas y construyó su propio gallinero.
El aislamiento fue uno de los principales desafÃos para Fernanda. “En El Salvador vivÃa en la ciudad. Allá, si querÃas algo, salÃas y lo comprabas. Acá, si te dan ganas de comer fruta y no tenés, hay que esperar hasta el dÃa que bajás al puebloâ€, explicó. A lo que se sumó un gran cambio para ella: “En El Salvador hace calor todo el año y acá me tuve que acostumbras a las temperaturas bajo cero y a usar gorros y guantesâ€.La crianza de Bruce Adonai, que está por ingresar a primer grado, también de demanda gran parte de su tiempo. “La escuela más cercana está a cinco kilómetros, y todas las mañanas Arón lo lleva en la camioneta que nos proporcionan los propietarios del campoâ€, remarcó Fernanda, quien admite que a veces extraña un poco la vida urbana.
“Me gustarÃa que Bruce hiciera más actividades y tuviera amigos cerca. Pero también valoramos todo lo que tenemos. Él es feliz acá. Está en contacto con la naturaleza, y eso es algo que muchos chicos no tienenâ€, relató.Cuando dejó El Salvador, sabÃa que no serÃa fácil. Pero nunca imaginó que la distancia se harÃa tan definitiva. Los años pasaron y los vuelos cada vez le resultan más caros: “La situación económica nunca es la ideal, y el reencuentro sigue postergándoseâ€.
Fernanda y Arón no siguieron un guion convencional. No buscaron encajar en las expectativas de otros. No soñaron con lo que dicta la norma. Soñaron con algo mucho más simple, y al mismo tiempo, mucho más valioso: una vida en común, lejos del ruido del mundo, donde el amor no necesita grandes escenarios para ser correspondido.
