2 de enero de 2025
La vida de Raquel Liberman, la valiente mujer que se animó a denunciar a la mayor red de prostitución de la Argentina
Esclavizada por la organización Zwi Migdal, se presentó ante un comisario quien junto a un juez fue implacable contra los que comandaban la banda que se dedicaba a la �??trata de blancas�?�
-Estoy segura. Solamente se muere una vez – contestó la mujer.
Raquel Liberman estaba decidida a presentar esa batalla aunque le costara la vida, una pelea tan desigual como la de David frente a Goliat o, si se busca una historia bÃblica más ajustada a los hechos, la de Judith entregando su cuerpo para tener la posibilidad de degollar a Holofernes y asà salvar a su pueblo, en este caso las miles de mujeres atrapadas en la red de Zwi Migdal. Y de alguna manera lo logró, porque su denuncia marcó el principio del fin de la organización de “trata de blancas†–como se decÃa por entonces– más extendida y rentable del paÃs, con ganancias de más de 50 millones de dólares anuales extraÃdas de la explotación de cuerpos esclavizados.
La prostitución de jóvenes judÃas traÃdas de Europa del Este se habÃa iniciado desde la misma llegada de la inmigración judÃa al paÃs. a finales del siglo XIX, casi al mismo tiempo que la Jewish Colonization Association lograba fundar las primeras colonias judÃas en Entre RÃos. Era, además, una práctica conocida, al punto que la Asociación JudÃa para la Protección de Mujeres y Niños instaba a los miembros de la comunidad a no alquilar departamentos a los rufianes, porque eran una de las tantas maniobras que utilizaban para captar vÃctimas.
Los primeros antecedentes de la Zwi Migdal se remontan a 1889, cuando se formó el “Club de los 40″, un grupo de proxenetas judÃos que unieron esfuerzos para darse apoyo mutuo, intercambiar información y compartir estrategias para eludir a las autoridades. HabÃa organizaciones similares montadas por rufianes franceses, italianos, españoles y argentinos, pero ninguna tan grande como la que pronto se establecerÃa detrás de la inocente máscara de la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia.Durante los primeros años se reunÃan en las casas de sus socios. Su lÃder era Noé Trauman, quien en 1906 consiguió la personerÃa jurÃdica de esa institución. Después de reclutar a sus vÃctimas, por lo general adolescentes de entre 13 y 16 años, en el este europeo, las subÃan a barcos para traerlas a Buenos Aires. Durante el viaje, las violaban, las golpeaban y las encerraban en jaulas. Una vez en el paÃs, se las “remataba†entre los socios en “desfiles†que se realizaban en el café Parisien, de la avenida Alvear 3184, propiedad de Salomón Mittelstein y Achiel Mostowsky, y en el Hotel Palestina. El periodista Gustavo Germán González –que para la década del ‘20 era un joven cronista de la sección Policiales del diario CrÃtica, de Natalio Botana– logró entrar a uno de esos desfiles: “Las mujeres, traÃdas a veces con falsas promesas de matrimonio, eran exhibidas desnudas y vendidas al mejor postorâ€, describió.En esa época ya se habÃa formado el primer enclave prostibulario en la Ciudad de Buenos Aires, delimitado por las calles Lavalle, Viamonte, Libertad y Talcahuano. La organización tenÃa sus burdeles sobre las calles JunÃn y Lavalle: se llamaban “El Chorizoâ€, “Las Esclavasâ€, “Gato Negroâ€, “Marita†y “Las Perrasâ€, y allà las mujeres trabajaban de las 4 de la tarde a las 4 de la mañana. Era un trabajo a destajo: se las obligaba a atender a un mÃnimo de 600 clientes por semana. En varios de esos prostÃbulos, durante diez años, estuvo sometida a trabajo esclavo una joven polaca llamada Raquel Liberman. No habÃa llegado engañada, como la mayorÃa de sus “colegasâ€, sino para encontrarse con un marido que murió casi de inmediato.
Rokhl Lea Liberman nació el 10 de julio de 1900 en Berdichev –entonces Polonia, hoy Ucrania- en el seno de una familia pobre de toda pobreza. También pobre era Jaacov, el hombre con quien se casó muy joven y tuvo dos hijos. Para escapar de esa miseria, el hombre emigró a la Argentina en 1921 con la promesa de traer a su mujer y a los dos chicos apenas se estableciera. Jaacov contaba con la ayuda de su hermana Elke, llegada al paÃs en 1910 como parte de la red de trata de “la Varsovia†y ya convertida en “madama†de un prostÃbulo que Zwi Migdal habÃa establecido en el pueblo rural de Tapalqué, provincia de Buenos Aires.En la Argentina, Rokhl españolizó su nombre con el de Raquel, dispuesta a comenzar una vida nueva junto a Jaacov y sus dos hijos, pero esa vida no fue la que habÃa soñado porque la muerte de su marido, en 1923, la dejó sola frente al mundo, porque la única ayuda que le ofreció su cuñada Elke fuera de cuidar a los chicos para que fuera a prostituirse en los burdeles de Zwi Migdal en Buenos Aires.Asà Raquel empezó a ejercer la prostitución. Los mafiosos la llevaron a distintas casas y comenzó a esconder algo de dinero con el sueño de abandonar esa vida. Tras seis años, pudo comprar su libertad. Abrió un comercio y creyó que se iniciaba un camino para ella y que podrÃa recuperar a sus hijos. Se equivocó por segunda vez, porque aceptó el cortejo de un hombre que le ofreció convivir con él y mediante ese engaño la metió de nuevo en la red de trata. No la dejaban siquiera salir a la calle por temor a que se escapara. Llevaba algunos meses en su nueva prisión cuando, quizás aprovechando el relajamiento de sus carceleros por las celebraciones del fin de año, pudo escapar y presentó su denuncia frente al comisario Julio Alsogaray, fechada el 31 de diciembre de 1929.Los primeros dÃas de enero de 1930, el comisario Alsogaray llevó a Raquel Liberman al despacho del juez Manuel RodrÃguez Ocampo, quien inició una profunda e implacable investigación sobre Zwi Migdal, sus jefes y su red de trata en Buenos Aires. Los proxenetas fueron tomados por sorpresa, porque hasta entonces la justicia jamás los habÃa molestado.Pese a esa histórica protección, el comisario y el juez no se detuvieron. Alsogaray hacÃa tiempo que estaba tras los pasos de la Zwi Migdal pero debÃa probar delitos bajo la figura legal de “asociación ilÃcitaâ€, ya que el regenteo de prostÃbulos y el ejercicio de la prostitución no estaban penados. RodrÃguez Ocampo consideró que ese delito estaba probado y libró orden de detención a unas 400 personas involucradas en la Zwi Migdal. Allanó la sede central de la organización, dictó prisión preventiva para los 108 miembros que logró detener y ordenó la captura de unos 300 que alcanzaron a fugarse.
Mientras una parte de la sociedad –y de los medios de comunicación- pretendÃan inculpar a “la comunidad judÃaâ€, la investigación judicial ponÃa al desnudo una trama que rompÃa con “la moral pública†en la cual participaban comisarios, polÃticos y empresarios tanto en Buenos Aires como en otros lugares del paÃs. Detrás de la “trama polaca†–como se la llamó- habÃa una sólida red argentina de corruptos. Eso quedó claro cuando el expediente llegó a la Cámara de Apelaciones, cuyos jueces utilizaron una infinidad de tecnicismos para derribar la figura de “asociación ilÃcita†y liberar a todos los detenidos menos tres.Para entonces, Raquel Liberman estaba sola frente al mundo, porque ninguna de las mujeres vÃctimas de la red de trata se sumó a su denuncia; por el contrario, algunas llegaron a tratarla de mentirosa. De todos modos, su valentÃa al sacar a la luz el funcionamiento de Zwi Migdal fue el primer paso para acabar con la prostitución legal en la Argentina. Sin embargo, el negocio de la prostitución ilegal ya existÃa y se extendió de manera virulenta durante la “década infame†que recién comenzaba, bajo el paraguas de los nuevos dueños de poder polÃtico.
Años después, el escritor Humberto Constantini rescató su figura y resaltó su valentÃa en su poema “Milonga de una mujerâ€, donde dice: “No cualquiera se animaba / según los viejos nos cuentan / a toparse a la Migdal / allá por el año treinta… / Y sin embargo, hubo quien / se cruzó de andarivel / la habÃan traÃdo de Polonia / y se llamaba Raquel… / Su ciudad de Lodz dejó / con corazón saltarÃn / y fue a parar a una casa / de Tucumán y JunÃn… / Para qué nombrar sus noches / su llanto, su amargo pan / su vieja canción en idish / los golpes de su rufián… / Diez años estuvo allà / diez años de sufrimiento / diez años de rabia sorda / diez años que ni le cuento… / Hasta que una vez cansada / de tanta y tanta opresión / se echó el coraje a los hombros / y empezó su rebelión… / Que se pierdan en el viento / que ronda por mi ciudad / las coplas de una pupila / que nos dio la dignidad.â€
