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13 de diciembre de 2024

Víctor Sueiro, el hombre que vio la luz en el túnel durante 40 segundos y vivió para contarlo

El periodista murió el 13 de diciembre de 2007. Había estado sin signos vitales en 1990 durante una operación. Luego, dedicó el resto de su vida a tratar de explicar sus sensaciones

>No tenía miedo. Ese 13 de diciembre de 2007, cuando murió a los 64 años de edad, Víctor Sueiro ya sabía lo que le esperaba. Y estaba en paz. Periodista, escritor y conductor de televisión, había comenzado su carrera cuando era una adolescente en la gráfica, como redactor del diario El Mundo. Luego había debutado con Teleshow en la pantalla chica. Y más tarde incursionó en el cine y el teatro como guionista y adaptador. Sin embargo, el 20 de junio de 1990, ocurrió un hecho que marcó un antes y un después en su vida. Y, desde entonces, se ocupó de tratar de explicar lo que para muchos aún sigue resultando inexplicable.

En el mismo libro, que se convirtió en un boom editorial con más de 300 mil ejemplares vendidos, a los que se le sumaron 50 mil en la edición de bolsillo, el hombre explicaba con palabras simples qué era lo que le había sucedido durante el proceso. “Es como si el corazón estuviera conformado por miles de músculos y que cada uno de ellos se moviera a su propio compás. Esto, obviamente, provoca un caos mortal”, decía. Su órgano vital se había puesto “loco”. Y, de no haber sido por el desfibrilador, “esos discos que se ven en las películas, que te mandan no sé cuántos voltios y que te hacen saltar”, nunca hubiera podido contar esa historia.

“Negro total. El mundo fue desenchufado”, comenzaba contando. Y continuaba: “Casi enseguida, sentí que no tenía tiempo. No hay calor. No hay frío, no hay viento.(...) De repente, la Luz. Impresionante. Esa Luz estaba muy cerca, frente a mi. Era como un sol. (...) Apareció y fue como un baldazo de pintura blanca sobre una pizarra cerradamente negra”. ¿Su sensación? “Mi nuevo ‘yo’ sentía la necesidad de acercarse, de entrar a esa luz para formar parte de ella. No importaba lo que yo quería, era la luz la que decidía todo. Y por sobre todo había dos sentimientos que emanaban de aquella luz, de manera arrolladora, pero suave, como un alud de nubes, una avalancha de besos: el amor y la paz”.

“¡Viniste, Gallego!”, le decían unas voces que parecían darle la bienvenida. Oyó un “Víctor”, un “Vittorio” y hasta un “Hola Tito”, que era el apodo con el que solo lo llamaba su mamá. “Jamás tuve la sensación de que eso era el final de algo. Por el contrario, era inmensamente fuerte e indiscutible para mí entonces (y ahora) el sentimiento de que precisamente ese era el principio. Y un principio bello, pleno”, expresaba. Pero después sintió un tironeo. Algo que lo llevaba de nuevo a la oscuridad. Y que, finalmente, lo traía otra vez a la vida.

Inevitablemente, Sueiro empezó a investigar sobre el tema y descubrió que no había sido el único que había pasado por una experiencia de este tipo. Y no solo escribió una docena de libros sobre el tema, sino que entre el 2003 y el 2004 llegó a tener su propio programa en Canal 13, Misterios y milagros, en el que desarrollaba este tipo de cuestiones. Era, obviamente, blanco de las burlas de los escépticos. Pero él estaba seguro de que su misión era comunicar lo que había vivido. “La ciencia cambia. La fe no cambia jamás. No estoy pretendiendo que me crean. Sencillamente cuento algo que me pasó. Y si me metí en ese brete de hacerlo públicamente es porque siento la necesidad imperiosa de contar eso que yo viví porque le da esperanza a mucha gente”, explicó en una entrevista.

“¡Que Sueiro apague la luz!”, decía una publicidad que el periodista hizo para Edenor en el año 2007, ya más relajado y aceptando la humorada. En ella se hacía una parodia, en la que un grupo de investigadores lo visitaba reprochándole que estaban derrochando mucha energía eléctrica porque él no había apagado la luz antes de volver del más allá. Y lo instaban a volver del otro lado para bajar el interruptor. Pero pasaron 17 años, 11 angioplastías y 15 cateterismos, antes de que el hombre volviera a cruzar el portal de la muerte luego de una intervención en el Sanatorio Otamendi. Y, esta vez, fue para siempre.

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