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5 de septiembre de 2024

Abbey Road más allá de The Beatles: las peleas de Pink Floyd que David Gilmour extraña y el hit accidentado de James Bond

Es el estudio de grabación más icónico del mundo. Elton John tocó allí por apenas 4 libras esterlinas por hora y los hermanos Gallagher, de Oasis, no se ponen de acuerdo sobre si los echaron o no

>Desnudan secretos familiares. Resuelven crímenes misteriosos -¿o cuál es la punta del ovillo del que empiezan a tirar los personajes de Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella para dar con el asesino en El secreto de sus ojos?-. También son un instante congelado en el tiempo que da el pie perfecto para preguntar a los protagonistas de ese instante por esa imagen y por lo que ese momento tuvo alrededor. Todo eso puede estar detrás de algo en apariencia tan sencillo como una foto, y eso, una foto, o dos en realidad, fue lo que cautivó a Mary McCartney para empezar a tirar del ovillo.

En una, ella está sobre una alfombra, es una bebé muy chiquita, apenas gatea pero ya mira fijo al lente: la alfombra no es de su casa ni de la de algún familiar, es la del Studio 2 de Abbey Road, probablemente el estudio de grabación más emblemático del planeta. En la otra, su mamá acompaña al pony familiar (sí, había un pony familiar) a cruzar por la senda peatonal de Abbey Road -probablemente la senda peatonal más icónica del planeta- y su papá espera sonriente en la vereda, a metros de la puerta de entrada del estudio.

De esas dos fotos nacieron sus preguntas sobre ese lugar que era tan familiar para los suyos que incluso llevaban a su pony allí. De esas preguntas nació el documental Si estas paredes cantaran…, dirigido por Mary, disponible en Disney+ y una gema para quienes se pregunten por las nueve décadas de historia del estudio en el que la música cambió para siempre. Varias veces, aunque algunas de esas veces sean menos famosas que otras.

En la pared blanca impoluta que sirve de fachada a los estudios Abbey Road -que no siempre se llamaron oficialmente así pero que siempre fueron apodados así por sus trabajadores y por los músicos que lo frecuentaron- hay una placa con un nombre: Edward Elgar. El compositor de música clásica, autor nada menos que de Pompa y circunstancia, fue el primero en dirigir una orquesta en el Studio 1 del edificio, ese que por sus dimensiones y su equipamiento estuvo siempre pensado para esos fines. Fue en 1931, cuando la discográfica EMI decidió montar allí un estudio con dimensiones y tecnología que no podía conseguirse en otros estudios. Ni de Londres, ni de Inglaterra, ni del mundo.

A esa convicción, la de que lo actual no tiene porqué ser reemplazo de lo que ya existe, se le apila otra: la idea de que Abbey Road es algo así como un templo. “Entrar a Abbey Road es como entrar a la iglesia”, dice en el documental Liam Gallagher, recientemente reconciliado con su hermano Noel para anunciar la vuelta de Oasis. Algo parecido cuenta Elton John, que entró por primera vez a Abbey Road como sesionista de piano y que cobraba apenas 12 libras esterlinas por tres horas de trabajo: “Abbey Road es sagrado”, dice, y también explica cómo fue que el estudio lo hizo mejor intérprete: “Cuando trabajaba como sesionista, había muy poco tiempo y había que hacerlo bien, muy bien, para que volvieran a llamarte. Esa presión te hace ser mejor”.

La condición de templo terminó de construirse cuando Abbey Road pasó a ser la base de operaciones creativa de The Beatles y de George Martin, el productor musical que los llevó al pico más alto de sus capacidades artísticas y que sirvió de traductor entre las ideas de los de Liverpool y los técnicos y sesionistas del estudio. Cuando los Fab Four le pusieron Abbey Road al último disco que grabaron, terminaron de adueñarse de la mística de ese lugar al que habían llegado con 12 horas para grabar un disco en una jornada y se fueron con tiempo ilimitado para usar cualquiera de sus dos estudios más grandes. Y fue en ese momento que EMI oficializó el nombre que hasta ese momento era “para entendidos”: desde ese momento la fachada diría Abbey Road Studios.

The Beatles fueron tan innovadores que, cuando Kate Bush llegó a los estudios a grabar sus canciones unos quince años después, ningún instrumento de los grandes del Studio 2 había sido movido un centímetro y ni siquiera se habían pintado las paredes: todo debía permanecer como estaba porque cualquier mínimo cambio podía alterar la acústica de ese espacio. Esa acústica llevaría a John Williams, director de orquesta y mítico compositor de grandes bandas sonoras del cine, a decir: “Abbey Road es el mejor estudio de Londres... Probablemente sea también el mejor estudio del mundo”. Allí grabó la música de la saga Indiana Jones para Steven Spielberg y de Star Wars para George Lucas.

“Muchas veces siento nostalgia por las peleas que tuvimos en Abbey Road, las extraño”, dice David Gilmour, el guitarrista que entró a Pink Floyd tras la salida forzosa de Syd Barrett. “Nos peleábamos mucho en el estudio, eran peleas horribles, pero eran porque queríamos hacer el mejor disco que pudiéramos hacer, sólo que no nos poníamos de acuerdo respecto de cómo lograrlo”, confiesa mirando a cámara en el documental dirigido por Mary McCartney.

Roger Waters, la mente (más) creativa detrás de la banda, también recuerda esas discusiones, aunque con menos nostalgia que Gilmour. Como si la conciencia sobre el tono al que llegaban esas “búsquedas artísticas” durara hasta el día de hoy y le impidiera romantizar la escena. Pero en algo coinciden el bajista y el guitarrista: tenían entre mano un disco con el que buscaban llegar a un sonido y a un concepto inédito para ellos. En 1973 ese álbum vio la luz: Dark side of the moon, una de las obras maestras del siglo XX.

Noel Gallagher tampoco duda cuando tiene que hablar del estudio al que llegó por primera vez en 1997 para grabar Be here now, el tercer disco de Oasis. “La gran mayoría de los discos que más me importan nacieron acá, mi estilo musical nació acá, hasta mi corte de pelo nació acá”, dice el hermano guitarrista y “tranquilo”. En el documental, muestran el look de su cabeza al lado del que McCartney lucía en tiempos de Sgt. Pepper’s: efectivamente, su corte de pelo nació en el Studio 2 de Abbey Road.

Por enésima vez en la historia de los hermanos que fundaron Oasis y que volverán a los escenarios juntos en 2025, Noel y Liam no llegaron a un acuerdo sobre aquella supuesta expulsión. “Se dijo que nos habían echado, que habíamos roto cosas, instrumentos. ¿Quién rompería algo en Abbey Road? El que golpee algún instrumento aquí merece una golpiza. Entrar a Abbey Road es como entrar a la iglesia”, asegura Liam, desmintiendo la versión de su hermano mayor. Los dos estuvieron esa noche allí, en ese templo que los marcó, pero no se ponen de acuerdo sobre cómo recordarla.

Los estudios cinematográficos de Hollywood, en plena época dorada de los films, resultaban demasiado grandes para la grabación de las bandas sonoras. Esas dimensiones podían generar desde eco hasta que los detalles más minuciosos de las interpretaciones se perdieran. El Studio 1 de Abbey Road, en cambio, tenía el tamaño perfecto: “Es lo suficientemente chico como para que se conserven todos los arreglos y no haya reverberancia, y lo suficientemente grande como para que el sonido llegue a florecer”, define John Williams.

“Goldfinger”, el tema, se grabó el 8 de febrero de 1964 con una orquesta sinfónica y con músicos sesionistas. Uno de esos músicos era Jimmy Page, al que le faltaban unos años para fundar Led Zeppelin y que en ese entonces grababa solos de armónica y de guitarra acústica o eléctrica a cambio de poca plata en Abbey Road. Como era costumbre antes de cada grabación, se dibujó una especie de plano para tener claro cómo debían organizarse los instrumentistas.

El Studio 1 ya tenía por ese entonces una gran pantalla en la que se proyectaban escenas o películas enteras para orientar a quienes estuvieran grabando bandas sonoras. Shirley Bassey debía estar atenta a la proyección porque su interpretación de “Goldfinger” debía extenderse todo lo que duraran los créditos al final del film. “Los títulos no terminaban más y eso hizo que tuviera que estirar la nota del final de la canción, que es una nota bien alta; fue dificilísimo”, recuerda Bassey.

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