5 de septiembre de 2024
Abbey Road más allá de The Beatles: las peleas de Pink Floyd que David Gilmour extraña y el hit accidentado de James Bond
Es el estudio de grabación más icónico del mundo. Elton John tocó allí por apenas 4 libras esterlinas por hora y los hermanos Gallagher, de Oasis, no se ponen de acuerdo sobre si los echaron o no
En una, ella está sobre una alfombra, es una bebé muy chiquita, apenas gatea pero ya mira fijo al lente: la alfombra no es de su casa ni de la de algún familiar, es la del Studio 2 de Abbey Road, probablemente el estudio de grabación más emblemático del planeta. En la otra, su mamá acompaña al pony familiar (sÃ, habÃa un pony familiar) a cruzar por la senda peatonal de Abbey Road -probablemente la senda peatonal más icónica del planeta- y su papá espera sonriente en la vereda, a metros de la puerta de entrada del estudio.
De esas dos fotos nacieron sus preguntas sobre ese lugar que era tan familiar para los suyos que incluso llevaban a su pony allÃ. De esas preguntas nació el documental Si estas paredes cantaran…, dirigido por Mary, disponible en Disney+ y una gema para quienes se pregunten por las nueve décadas de historia del estudio en el que la música cambió para siempre. Varias veces, aunque algunas de esas veces sean menos famosas que otras.En la pared blanca impoluta que sirve de fachada a los estudios Abbey Road -que no siempre se llamaron oficialmente asà pero que siempre fueron apodados asà por sus trabajadores y por los músicos que lo frecuentaron- hay una placa con un nombre: Edward Elgar. El compositor de música clásica, autor nada menos que de Pompa y circunstancia, fue el primero en dirigir una orquesta en el Studio 1 del edificio, ese que por sus dimensiones y su equipamiento estuvo siempre pensado para esos fines. Fue en 1931, cuando la discográfica EMI decidió montar allà un estudio con dimensiones y tecnologÃa que no podÃa conseguirse en otros estudios. Ni de Londres, ni de Inglaterra, ni del mundo.A esa convicción, la de que lo actual no tiene porqué ser reemplazo de lo que ya existe, se le apila otra: la idea de que Abbey Road es algo asà como un templo. “Entrar a Abbey Road es como entrar a la iglesiaâ€, dice en el documental Liam Gallagher, recientemente reconciliado con su hermano Noel para anunciar la vuelta de Oasis. Algo parecido cuenta Elton John, que entró por primera vez a Abbey Road como sesionista de piano y que cobraba apenas 12 libras esterlinas por tres horas de trabajo: “Abbey Road es sagradoâ€, dice, y también explica cómo fue que el estudio lo hizo mejor intérprete: “Cuando trabajaba como sesionista, habÃa muy poco tiempo y habÃa que hacerlo bien, muy bien, para que volvieran a llamarte. Esa presión te hace ser mejorâ€.
La condición de templo terminó de construirse cuando Abbey Road pasó a ser la base de operaciones creativa de The Beatles y de George Martin, el productor musical que los llevó al pico más alto de sus capacidades artÃsticas y que sirvió de traductor entre las ideas de los de Liverpool y los técnicos y sesionistas del estudio. Cuando los Fab Four le pusieron Abbey Road al último disco que grabaron, terminaron de adueñarse de la mÃstica de ese lugar al que habÃan llegado con 12 horas para grabar un disco en una jornada y se fueron con tiempo ilimitado para usar cualquiera de sus dos estudios más grandes. Y fue en ese momento que EMI oficializó el nombre que hasta ese momento era “para entendidosâ€: desde ese momento la fachada dirÃa Abbey Road Studios.The Beatles fueron tan innovadores que, cuando Kate Bush llegó a los estudios a grabar sus canciones unos quince años después, ningún instrumento de los grandes del Studio 2 habÃa sido movido un centÃmetro y ni siquiera se habÃan pintado las paredes: todo debÃa permanecer como estaba porque cualquier mÃnimo cambio podÃa alterar la acústica de ese espacio. Esa acústica llevarÃa a John Williams, director de orquesta y mÃtico compositor de grandes bandas sonoras del cine, a decir: “Abbey Road es el mejor estudio de Londres... Probablemente sea también el mejor estudio del mundoâ€. Allà grabó la música de la saga Indiana Jones para Steven Spielberg y de Star Wars para George Lucas.
“Muchas veces siento nostalgia por las peleas que tuvimos en Abbey Road, las extrañoâ€, dice David Gilmour, el guitarrista que entró a Pink Floyd tras la salida forzosa de Syd Barrett. “Nos peleábamos mucho en el estudio, eran peleas horribles, pero eran porque querÃamos hacer el mejor disco que pudiéramos hacer, sólo que no nos ponÃamos de acuerdo respecto de cómo lograrloâ€, confiesa mirando a cámara en el documental dirigido por Mary McCartney.Roger Waters, la mente (más) creativa detrás de la banda, también recuerda esas discusiones, aunque con menos nostalgia que Gilmour. Como si la conciencia sobre el tono al que llegaban esas “búsquedas artÃsticas†durara hasta el dÃa de hoy y le impidiera romantizar la escena. Pero en algo coinciden el bajista y el guitarrista: tenÃan entre mano un disco con el que buscaban llegar a un sonido y a un concepto inédito para ellos. En 1973 ese álbum vio la luz: Dark side of the moon, una de las obras maestras del siglo XX.Noel Gallagher tampoco duda cuando tiene que hablar del estudio al que llegó por primera vez en 1997 para grabar Be here now, el tercer disco de Oasis. “La gran mayorÃa de los discos que más me importan nacieron acá, mi estilo musical nació acá, hasta mi corte de pelo nació acáâ€, dice el hermano guitarrista y “tranquiloâ€. En el documental, muestran el look de su cabeza al lado del que McCartney lucÃa en tiempos de Sgt. Pepper’s: efectivamente, su corte de pelo nació en el Studio 2 de Abbey Road.
Por enésima vez en la historia de los hermanos que fundaron Oasis y que volverán a los escenarios juntos en 2025, Noel y Liam no llegaron a un acuerdo sobre aquella supuesta expulsión. “Se dijo que nos habÃan echado, que habÃamos roto cosas, instrumentos. ¿Quién romperÃa algo en Abbey Road? El que golpee algún instrumento aquà merece una golpiza. Entrar a Abbey Road es como entrar a la iglesiaâ€, asegura Liam, desmintiendo la versión de su hermano mayor. Los dos estuvieron esa noche allÃ, en ese templo que los marcó, pero no se ponen de acuerdo sobre cómo recordarla.
Los estudios cinematográficos de Hollywood, en plena época dorada de los films, resultaban demasiado grandes para la grabación de las bandas sonoras. Esas dimensiones podÃan generar desde eco hasta que los detalles más minuciosos de las interpretaciones se perdieran. El Studio 1 de Abbey Road, en cambio, tenÃa el tamaño perfecto: “Es lo suficientemente chico como para que se conserven todos los arreglos y no haya reverberancia, y lo suficientemente grande como para que el sonido llegue a florecerâ€, define John Williams.“Goldfingerâ€, el tema, se grabó el 8 de febrero de 1964 con una orquesta sinfónica y con músicos sesionistas. Uno de esos músicos era Jimmy Page, al que le faltaban unos años para fundar Led Zeppelin y que en ese entonces grababa solos de armónica y de guitarra acústica o eléctrica a cambio de poca plata en Abbey Road. Como era costumbre antes de cada grabación, se dibujó una especie de plano para tener claro cómo debÃan organizarse los instrumentistas.
El Studio 1 ya tenÃa por ese entonces una gran pantalla en la que se proyectaban escenas o pelÃculas enteras para orientar a quienes estuvieran grabando bandas sonoras. Shirley Bassey debÃa estar atenta a la proyección porque su interpretación de “Goldfinger†debÃa extenderse todo lo que duraran los créditos al final del film. “Los tÃtulos no terminaban más y eso hizo que tuviera que estirar la nota del final de la canción, que es una nota bien alta; fue dificilÃsimoâ€, recuerda Bassey.
