5 de septiembre de 2024
George Lazenby, el fugaz James Bond que nunca había actuado, se volcó al LSD y terminó su carrera cancelado
Hoy cumple 85 años el australiano que sin experiencia previa interpretó a James Bond en Al Servicio Secreto de Su Majestad. Las razones de su elección y la renuncia prematura. Su etapa hippie, el casamiento con Pam Shriver y su reciente retiro del medio
La saga de James Bond habÃa convertido a Sean Connery en una súper estrella. El actor querÃa despegarse un poco del personaje. TemÃa al typecasting, a quedar identificado sólo con ese papel. Pero hubo otro motivo poderoso para renunciar a la franquicia: el enojo furibundo con los productores porque se llevaban una enorme porción del negocio y a él no lo participaban. Connery sostenÃa que él era James Bond y que no lo recompensaban de manera adecuada.
Comenzaron una búsqueda frenética y desesperada. Al principio no sabÃan bien cuál debÃa ser el perfil del reemplazante. Alguien pensó en volver a tentar al que habÃa sido la primera opción al inicio de la historia: Cary Grant. Fue una idea descabellada. Grant ya tenÃa 65 años (65 años de esa época además), era una de las leyendas vivientes de Hollywood y ni siquiera meditó la oferta: ¿cómo alguien de su popularidad y prestigio aceptarÃa ser un reemplazo? Otro de los mencionados fue Roger Moore, que años atrás habÃa privilegiado la serie El Santo antes que a Bond (aunque, sabemos, tendrÃa revancha). Los siguientes dos nombres muestran de manera cabal la desorientación de Broccoli y Saltzman. Pensaron en Adam West que triunfaba con su Batman pop y algo kitsch en la televisión y en Dick Van Dyke, célebre cómico que también reinaba en la pantalla chica con su show. Alguien puso sobre la mesa el nombre de John Newcombe, campeón de tenis australiano. Albert Broccoli respondió que era imposible porque no era actor y era australiano.
Lo que estaba decidido era que el director de la nueva pelÃcula serÃa Peter Hunt. Al Servicio Secreto de Su Majestad serÃa su ópera prima pero no por eso era un hombre sin experiencia en el mundo del cine. HacÃa más de 15 años que oficiaba de montajista en Hollywood (habÃa ocupado ese rol en las anteriores entregas de James Bond y en la última, casi como si lo estuviesen preparando para su gran momento, habÃa sido el asistente de dirección y encargado de la segunda unidad).Hasta que de pronto apareció George Lazenby, un australiano sin experiencia actoral que habÃa logrado cierta fama como modelo publicitario. En la televisión británica emitÃan a cada rato la publicidad de Chocolates Fry en la que participaba. La oportunidad se la brindaron –como ocurre con frecuencia- una serie de carambolas felices. Acompañó a una amiga a una comida y alguien le dijo que buscaban a un nuevo Bond y que podÃa dar con el psyquic du rol, un encuentro casual con Broccoli, la desesperación de los productores, la confianza algo irracional del director y, por supuesto, su determinación. Alguna vez Lazenby dijo que se quedó con el papel porque ninguno de los otros aspirantes lo querÃan tanto como él. Averiguó quién era el peluquero de Connery y le pidió que le hiciera el mismo corte; el hombre mientras le rebajaba el flequillo le comentó que a unas cuadras de distancia estaba la sastrerÃa a la que acudÃa el escocés. Cuando Lazenby llegó, el sastre le ofreció un traje que Connery habÃa mandado confeccionar pero que nunca habÃa retirado. De esa manera se presentó al casting. Allà lanzó algunos bocadillos de 007 en las pelÃculas previas, se movió con prestancia y algo de soberbia y mintió sobre sus antecedentes profesionales. Dijo que habÃa filmado varias pelÃculas en Italia, Europa Oriental y Australia. Y dijo que debÃa retirarse rápido para regresar al rodaje de su actual proyecto. Los productores le rogaron que volviera en unas horas.
Al dÃa siguiente, Lazenby se encontró con el director. Hunt estaba de mal humor porque habÃa tenido que regresar de urgencia de Suiza, donde buscaba locaciones para la que serÃa la (extraordinaria) escena de esquÃ, para conocer al posible nuevo Bond. En ese momento, Lazenby sintió que todo se habÃa vuelto demasiado serio y que se les estaba por ir de las manos. Se sinceró frente al director: “Antes de seguir debo confesarle que nunca actué en mi vidaâ€. Los gestos de Hunt cambiaron con velocidad. De la mirada dura pasó a una carcajada sonora, algo exagerada: “¿No sos actor? Algo debés tener. Engañaste a Saltzman y a Broccoli, dos de los tipos más duros y difÃciles que conozcoâ€.El estudio, al enterarse, pidió que le realizaran dos pruebas de cámara más: una peleando con varios hombres y otra seduciendo y besando a diversas mujeres. Si podÃa hacer bien esas dos actividades, creÃan, serÃa un buen Bond. Superó los exámenes sin dificultad.
Apenas comenzó el rodaje todos descubrieron que Lazenby habÃa sabido hacer todo lo necesario para obtener el papel pero que no sabÃa nada de lo necesario para interpretarlo. Era evidente que no era actor.
En Nobody Does It Better, una gran historia oral de Bond y sus films, uno de los productores define a Lazenby: “George tenÃa casi todo lo que Bond necesitaba. TenÃa la presencia fÃsica, la elegancia, la arrogancia, pero tenÃa una debilidad enorme: no sabÃa actuarâ€.El dÃa que debÃan filmar la escena en la que se entera de la muerte de Tracy (Diana Rigg), el director lo convocó a primera hora de la mañana. Pero recién comenzaron a filmar la parte de Lazenby a las seis de la tarde. Quiso tenerlo cansado y agobiado para que eso se notara en cámara. Lazenby se compenetró tanto que lloró. Hunt gritó, enojado, ¡Corten! Y casi sin mirarlo le reprochó a su actor: “James Bond no llora. Nuncaâ€.
Un dilema para productores, guionista y director era cómo presentar al nuevo Bond. La primera opción fue justificar el cambio de fisonomÃa con una serie de cirugÃas estéticas que el servicio secreto habÃa ordenado. Un cliché que por fortuna fue dejado de lado. La opción fue más ingeniosa. Luego de la secuencia inicial con mucha acción y repleta de peripecias, Lazenby/Bond mira a cámara y rompiendo la cuarta pared por primera vez en la historia de la saga dice: “Esto nunca le pasó al otro tipoâ€.HabÃa otro ingrediente más: la adaptación era, hasta ese momento, la más fiel a la novela, buscando alejar al personaje de todas aquellas caracterÃsticas de las que lo dotó Connery. Aunque algo deseaban mantener, aunque supieran que era casi imposible. James Bond debÃa seguir siendo el epÃtome de lo cool.
Al Servicio Secreto de Su Majestad cuenta con un Bond novato pero también tiene un gran villano interpretado por Telly Savalas, antes de Kojak. La misma calva, la misma voz que retumbaba, grave, que parece ascender desde un tercer subsuelo. Y tiene, también, la más bella Chica Bond de la historia (en realidad se trata de una de las mujeres más hermosas de la historia de Hollywood): Diana Rigg, la Emma Peel de Los Vengadores.Al Servicio Secreto de Su majestad fue estrenada el 18 de diciembre de 1969. Fue recibida con tibieza por el público y la crÃtica. Nadie se acostumbraba al nuevo Bond. Muchas de las crÃticas cayeron sobre el protagonista, un novato. Lazenby fue un blanco fácil.Mientras los productores preparaban el lanzamiento de la pelÃcula sufrieron otro disgusto. Lazenby ya les habÃa avisado que no continuarÃa interpretando al agente secreto. Ellos, de todas maneras, debÃan presentarlo al mundo como el sucesor de Sean Connery. Y si la pelÃcula resultaba un éxito confiaban en seducirlo. Pero lo que se encontraron momentos previos a la premier, los dejó perplejos. Lazenby no parecÃa Bond a pesar de llevar un smoking. Se habÃa dejado crecer el pelo y una barba espesa le cubrÃa la cara. Su hablar se habÃa pausado y era un fervoroso propulsor de la experimentación con LSD. ParecÃa más un hippie recién llegado de Woodstock (suciedad incluida) que un hombre con licencia para matar. Lazenby no se parecÃa a Connery pero en ese momento tampoco a sà mismo, o al menos al que habÃa sido elegido para hacer a James Bond.
Los motivos de su prematura renuncia fueron varios. Por un lado lo agobió la presión del mundo Bond, sintió que él nunca podrÃa ser el sucesor de Connery. Por el otro no quedó conforme con la oferta de un millón de dólares que le realizaron los productores. El convenio era por varias pelÃculas más. Y entre rodaje y rodaje lo liberaban para filmar lo que quisiera. ParecÃa un trato ventajoso. Pero a Lazenby lo cegaron la soberbia, la codicia y cierta pereza (seguramente algún otro pecado capital más también). Tuvo un pésimo consejero. Conoció en una fiesta a Rona O’Rahilly, el fundador de Radio Caroline, la famosa radio pirata que emitÃa desde las aguas para introducirse en la casa de los jóvenes londinenses de fines de los sesentas. O’Rahilly le dijo que Bond era el pasado; alguien violento, sin escrúpulos, rodeado de armas y que esa era la Era del Amor, la Era de Acuario. Insistió en que era un anacronismo interpretar a un agente secreto en plena época de paz y amor, que Bond no sobrevivirÃa. No fue el único razonamiento que indujo. Convertido en representante lo convenció de que un millón de dólares era poca plata para él. Que si iba a Italia como Clint Eastwood a participar de Spaghetti Westerns ganarÃa 500.000 dólares por pelÃcula en rodajes de tres o cuatro semanas. Y que en menos de dos meses obtendrÃa la misma cantidad que le ofrecÃan. DebÃa recordar, insistÃa O’Rahilly, que él era Bond y que los productores se pelarÃan por tenerlo en sus pelÃculas y que le pagarÃan fortunas. Spoiler: eso no sucedió.Pareció que su carrera resurgirÃa cuando llegó a un acuerdo con Bruce Lee para filmar con él. Pero un dÃa después el especialista en artes marciales apareció muerto. Lazenby, de todas maneras, actuó en tres pelÃculas posteriores de la compañÃa de Lee. Su carrera languideció ante la indiferencia del medio y el público y ante sus propias limitaciones, su depresión y el alcoholismo que lo acosó durante décadas. Nunca alcanzó el status de estrella que ambicionó cuando se convirtió en Bond.
Se casó varias veces. La última con la ex tenista norteamericana Pam Shriver con la que tuvo dos hijos, aunque luego se divorciaron.
En los últimos años, George Lazenby casi no tuvo actuaciones en vivo ni presencias en la televisión. Sufrió una especie de cancelación cuando en 2021, una actuación suya provocó gran revuelo en Australia, su tierra natal. Desde hacÃa un tiempo habÃa encontrado una nueva manera de explotar su único y fugaz gran papel. El espectáculo consistÃa en una gran orquesta que interpretaba música de la saga Bond –temas de John Barry y canciones distintivas de las pelÃculas- mientras él narraba anécdotas de su trayectoria y del rodaje de su único opus como 007. Pero, parece, que Lazenby no supo amoldarse a los nuevos tiempos. Tras uno de estos shows el público se quejó de que sus historias transpiraban machismo, que cosificaban a la mujer y que hasta habÃa deslizado varios comentarios y chistes homofóbicos. Sin importar que ya tuviera 82 años, ni que no entendiera la lógica de los nuevos tiempos, Lazenby fue lapidado en los medios de comunicación y por la opinión pública; nadie salió a defenderlo, ni siquiera el teatro que lo habÃa contratado ni la orquesta que lo acompañaba: ambas se apresuraron a emitir comunicados que aclaraban que nada habÃan tenido que ver con las bromas procaces del ex Bond.La paradoja es que Lazenby decidió abandonar el rol que lo harÃa memorable, el de James Bond, aun antes de terminar el rodaje. Sin embargo, a más de 55 años de distancia, se lo sigue recordando por ese papel. Es más: es el único hito profesional de su carrera (si asà pudiera llamarse a su derrotero artÃstico). Eso de lo que renegó de inmediato es lo que le dio fama y dinero en el último medio siglo. Y es lo que le asegura la posteridad.
George Lazenby, que hoy cumple 85, fue uno de esos. Lo que no es poco.
