12 de agosto de 2024
Sobrevivió 43 días perdido en el Himalaya: el error que pudo ser fatal y los métodos que llegó a pensar para dejarse morir
El impresionante relato de James Scott, un joven explorador australiano, los detalles de su encuentro con la tormenta y cómo enfrentó el aislamiento
El primer dÃa de su travesÃa fue perfecto. El clima era claro y las montañas se alzaban majestuosas contra el cielo azul. James y Tim, su compañero de viaje, comenzaron el recorrido por el sendero de Helambu, disfrutando del paisaje y la compañÃa de otros excursionistas. Sin embargo, todo cambió cuando decidieron tomar el desvÃo hacia la ruta más escénica de Gosainkunda. Fue una decisión tomada con el espÃritu de aventura que siempre habÃa caracterizado a James, pero que lo llevarÃa a una prueba de resistencia y supervivencia que nunca olvidarÃa.
A medida que ascendÃan, el clima empeoraba. La nieve comenzó a caer con mayor intensidad, cubriendo rápidamente el sendero. James y Tim encontraron a otros excursionistas que les advirtieron del peligro de seguir adelante. Fue aquà donde tomaron una decisión crucial: Tim, con sus rodillas debilitadas por el esfuerzo, decidió regresar, mientras que James continuó con un nuevo compañero de trekking, un australiano llamado Mark. Fue una separación que James recordarÃa con pesar.
“No te preocupes, Tim. Nos veremos en Katmandú en unos dÃasâ€, dijo James, intentando sonar optimista mientras entregaba a Tim el mapa más nuevo y el encendedor. “CuÃdate, James. No tomes riesgos innecesariosâ€, respondió Tim, su voz llena de preocupación.Durante dos dÃas, James intentó seguir un arroyo, creyendo que lo llevarÃa a algún lugar habitado. Pero la geografÃa de la región era implacable: barrancos profundos, torrentes helados y acantilados lo bloquearon en cada paso. Sin comida y con un equipo insuficiente para el frÃo extremo, James buscó refugio bajo una gran roca que le ofrecÃa algo de protección contra el viento y la nieve.
“Esto es peor de lo que imaginéâ€, pensó James, mientras intentaba recordar todas las lecciones de supervivencia que habÃa aprendido. La nieve era su única fuente de agua, y para calmar el hambre, intentó comer hojas de pino y bambú, sin saber que los pinos contenÃan vitamina C, vital para prevenir enfermedades como el escorbuto.Los dÃas se convirtieron en semanas. James mantenÃa su mente ocupada leyendo “Great Expectations†y recordando su formación médica. MedÃa su deshidratación observando el color de su orina y pellizcando su piel para ver si volvÃa a su lugar rápidamente. Su cuerpo, privado de nutrientes, comenzó a consumir sus propias reservas de grasa y músculo. Cada dÃa era una lucha contra el hambre, el frÃo y la desesperación.“No puedo seguir asÃâ€, pensaba James, cada vez más desesperado. Llegó a considerar el suicidio, pensando que dejar de beber agua serÃa la manera menos dolorosa de morir. Pero cada vez que se acercaba a la idea de rendirse, una visión de su familia aparecÃa en su mente, dándole un poco de esperanza.
En el dÃa 43, su suerte cambió. Un helicóptero pasó volando sobre su refugio. Con las pocas fuerzas que le quedaban, James salió de debajo de la roca y agitó su saco de dormir azul. Los rescatistas, entre ellos un australiano llamado Tom Crees, lo vieron y marcaron su ubicación. Aunque no podÃan aterrizar debido al mal tiempo, enviaron un equipo a pie que llegó hasta James al anochecer.“Eres un diosâ€, le dijeron. “Nadie sobrevive más de diez dÃas aquÃâ€. Pasaron la noche con él, brindándole abrigo y algo de comida. A la mañana siguiente, cuando el helicóptero pudo regresar, lo llevaron al pueblo de Talu, donde su hermana Joanne lo esperaba con lágrimas en los ojos. “Gracias, no puedo creer que estés aquÃâ€, fue lo primero que James le dijo.
El refugio bajo la roca se convirtió en el mundo de James Scott, un espacio minúsculo y helado donde se libraba una batalla diaria por la supervivencia. Al principio, la falta de alimento era una tortura constante. El hambre rugÃa en su estómago, una presencia insidiosa que no le daba tregua. TenÃa dos barras de chocolate Cadbury, que devoró en las primeras 48 horas. Más tarde, encontró un solitario gusano entre las hojas, un festÃn diminuto pero vital que lo conectó con la cruda realidad de su situación.
