3 de abril de 2024
La milagrosa historia de la Virgen de Fátima en Malvinas y los 40 años que la buscó un veterano hasta dar con ella
Un vínculo de devoción y amor fue lo que llevó a un sargento del ejército a perseverar por hallar la imagen de la Virgen de Fátima, que había sido abandonada en la calle luego del 14 de junio y que acompañó a un grupo de prisioneros argentinos que permanecieron en el archipiélago hasta el 12 de julio. Los detalles de la historia de esta imagen que, cuatro décadas después, sigue sorprendiendo
Ese oficial les preguntó a los argentinos si no querÃan ir a recoger la imagen de una Virgen que habÃa quedado al costado de la calle. Debajo del barro que tenÃa pegado y que dificultaba su identificación, se escondÃa una larga historia que habÃa empezado años atrás y que no terminarÃa en aquel 1982.
Con el tiempo se descubrirÃa que era la Virgen de Fátima, de un poco más de un metro de altura, realizada en cedro tallado. Por 1971 la habÃan enviado desde Lisboa, en cuatro oportunidades recorrió nuestro paÃs, y se le rezó en escuelas, cárceles, regimientos, iglesias y bibliotecas.
La devoción mundial por esta virgen tuvo su origen cuando entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917 se les apareció a tres niños pastores, llamados LucÃa dos Santos, Jacinta y Francisco Marto en la Cova da Iria, cerca de su pueblo natal de Fátima en Portugal.
Cuando estalló la guerra del Atlántico Sur, la hermana Pilar Bañares, del Instituto Fátima, quiso que las tropas argentinas tuvieran lo más preciado que atesoraban. Asà le envió al coronel Mohamed SeineldÃn la imagen junto a una carta en la que la religiosa rogaba fuera recibida “en confianza y respeto, pues estamos seguros que obrará en las Malvinas el milagro esperadoâ€.
Permaneció con las tropas del regimiento de infanterÃa 25, acantonadas en su mayorÃa en la zona del aeropuerto. Junto a ella, se envió un importante lote de rosarios para los soldados, que era rezado todos los dÃas.
La religiosa sabÃa que existÃan muchas posibilidades de que nunca más la vieran. La habÃan ubicado muy cerca de la pista, sobre un barril de combustible, y alguien habÃa colocado en la base un género como mantel.
Los soldados le atribuyeron diversos milagros. En los ataques aéreos británicos con bombas de 500 kilos sobre el aeropuerto, la imagen temblaba por las explosiones pero no se caÃa. Ningún proyectil dañó la pista, lo que permitió mantener el puente aéreo con el continente hasta último momento.
Ramón Zalazar era un cabo santiagueño de 19 años que se enteró de la recuperación de las islas mientras participaba de la instrucción de la clase 63 en Ezeiza. Fue a Malvinas con la CompañÃa de Ingenieros 10. A él le tocó quedarse en Puerto Argentino y con el grupo de ingenieros se dedicaron al minado y al traslado de munición que llegaba, la que guardaban en pozos que luego eran tapados. Además se complementaban con la PolicÃa Militar para hacer respetar el toque de queda y a controlar el apagado de las luces.
Con el alto el fuego del 14 de junio, permaneció prisionero en las cercanÃas del aeropuerto hasta que lo fueron a buscar ingenieros británicos. Como a otros compañeros del arma de ingenieros y de distintas fuerzas, como los infantes de marina, los separaron.
En una formación frente al hospital, un oficial británico les comunicó que quedarÃan a sus órdenes y que el intérprete serÃa el sargento mayor ingeniero Canessa, nacido en Gibraltar y que habÃa adoptado la ciudadanÃa inglesa. La tarea que tenÃan por delante era muy peligrosa: desactivar minas personales y antitanque, y marcar los campos donde estaban enterradas.
Lo primero que hicieron fue inhumar a cuatro soldados argentinos que estaban tapados con una manta dentro de un pozo. Luego encontrarÃan otros nueve en la zona de Sapper Hill. Los enterraron en el sector católico del cementerio de Puerto Argentino.
Al campo salÃan organizados en patrullas, lideradas por un jefe, un radiooperador y un custodio. Se recorrÃan los campos minados, y cuando se ubicaban los explosivos se les quitaban las espoletas y luego se quemaban. En el campo de batalla de Monte Longdon debieron desactivar también minas antitanque.
Eran los primeros dÃas de trabajo cuando apareció Canessa con la novedad de la imagen de la Virgen, y comentó que no entendÃa cómo se podÃa dejar abandonado algo asÃ. Los argentinos la limpiaron y notaron que le faltaba la corona en la cabeza. Cuando quitaron el barro de su base, leyeron “Virgen de Fátima, 1917 Portugalâ€.
De ahà en más, cuando se terminaba el trabajo diario, se le rezaba el Rosario. Las peligrosas tareas terminaron cuando un soldado inglés perdió una pierna al pisar una mina, de la que Zalazar habÃa pasado a centÃmetros y otro soldado perdió un pie. Además arreciaron las grandes nevadas y era imposible caminar con la nieve hasta las rodillas. Entonces se abocaron a demarcar los campos minados con alambrados y con las chapas que advertÃan del peligro.
La noche del 11 de julio les informaron que serÃan llevados al continente y que podÃan llevarse los elementos personales que quisiesen, y que por las dudas hiciesen una lista.
El cabo envolvió la virgen en una manta de la Fuerza Aérea. Los embarcaron en el Sir Edmund la noche del 12. En la proa del buque, los británicos armaron un corralito donde los ubicaron. En un caño ataron a la Virgen y la taparon, hasta que a alguien se le ocurrió hacer una misa, a la que concurrieron los generales Menéndez y Yofré y otros prisioneros argentinos que estaban en el antiguo frigorÃfico de San Carlos.
Cuando apareció SeineldÃn, se sorprendió. “¿Y esta Virgen? Tiene que estar en el continente y hay que devolvérsela a sus dueños. Cuando lleguemos me la entregaâ€, le ordenó a Zalazar, que no querÃa saber nada con desprenderse de la imagen.
El 14 llegaron a Puerto Madryn y luego de que miembros de la Cruz Roja tomasen nota de sus nombres, fueron alojados en la base aeronaval. Luego de una formación, volvió a aparecer SeineldÃn y reclamó la imagen. Zalazar no tuvo más remedio que dársela, y se quedó con la manta.
Una búsqueda de años
Por 1983 o 1984 lo invitaron a dar una charla en el Instituto Fátima, un colegio que estaba ubicado en Virrey Loreto y Virrey Del Pino, en Belgrano. Se atrasó y cuando llegó los chicos ya se habÃan ido. Pero allà volvió a ver la imagen.
Cuando sucedió la guerra, Zalazar estaba de novio con MarÃa Pereyra, quien serÃa su esposa. Tuvieron cinco hijas, Verónica, Alejandra, Romina, Florencia y la última, que llamaron Fátima y hoy tiene tres nietos. Dijo que con ellas habló de la guerra pero que aun le quedan cosas por contar, que por años sintió que lo que allà vivió era algo muy suyo y que siempre deseó preservar a su familia.
Cuando nació su hija Alejandra debió ser internada en el Hospital Militar por problemas de hemorragias digestivas. Él corrÃa al instituto a rezarle a la Virgen. Un dÃa se encontró que el colegio habÃa desaparecido y habÃa quedado un terreno baldÃo.
Y desde ese momento, hasta ahora, le perdió el rastro a la imagen a la que llama, en forma reiterada, “la virgen peregrinaâ€.
Zalazar se retiró del ejército a fines de 1990 y trabajó en muchos lugares, como una empresa textil y los fines de semana en un salón de fiestas en el que empezó como custodio y terminó como encargado de todo el personal. Llegó a tener tres trabajos para pagar la hipoteca de su casa y le duele recordar ese tiempo, en que veÃa muy poco a su familia.
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Vive en Castelar Sur y todos los años, cuando viaja a Santa Rosa a la reunión anual con sus compañeros de la CompañÃa de Ingenieros 10 -que coordina el suboficial mayor Cabanillas, un soldado veterano que se enganchó en el ejército- va a rezarle a la Virgen de Fátima en la iglesia que está cerca de la terminal.
Con asombro, contó a Infobae que en la ciudad puntana de Merlo hay una Virgen de Fátima entronada en un cerro, que era blanca marfil y que cambió el color a celeste. Muestra en su celular las fotografÃas que le tomó para demostrar que lo que dice es cierto.
Siempre supuso que la imagen que rescató en Puerto Argentino estaba recorriendo el mundo, la creÃa en Portugal o acompañando a las fuerzas argentinas que integran los contingentes de paz en distintos paises. Un dÃa, en la búsqueda de la imagen, viajó desde Castelar a Quilmes, porque le habÃan pasado el dato que podrÃa estar allÃ.
Cuando el teniente coronel retirado Ernesto Fernández Maguer, presidente de la Comisión Permanente de Homenaje a la Gesta del Atlántico Sur fue al pequeño santuario en la iglesia Stella Maris, donde se conserva una imagen de la Virgen de Luján que también estuvo en las islas y cuya historia hemos contado, tomó conocimiento que esa imagen no habÃa estado con el regimiento 25, sino que habÃa sido la de Fátima. Se propusieron ubicarla, porque nadie sabÃa qué habÃa pasado con ella.
Luego de diversas averiguaciones, la hallaron en el santuario Lugar del Milagro Virgen de Luján, en la localidad de Villa Rosa, donde a mediados de 1600 el carro que llevaba dos imágenes al norte se detuvo y no hubo caso con hacerlo seguir, cosa que lograron cuando descargaron una de las cajas con la imagen.
Sorprendentemente, Zalazar habÃa ido un dÃa a este santuario junto a su esposa, pero lo encontró cerrado. Hace años escribió un pequeño librito en el que relató la historia que aquà se cuenta.
Está al frente del lugar el padre Federico Burbridge, quien asegura formar parte de un “grupo comando espiritualâ€, que la imagen sigue recorriendo el paÃs y que ya comprometieron su presencia en la peregrinación que saldrá de Luján junto a la otra virgen malvinera y que llegará a San Andrés de Giles la noche del 1 de abril, para participar de la tradicional vigilia del 2 de abril, tal como ocurre hace 27 años.
Misterio develado
En un acto realizado por la Comisión Permanente de Homenaje a los CaÃdos del Atlántico Sur, Zalazar tuvo su recompensa. Porque gracias a las gestiones de esta entidad, se localizó la imagen y se la nombró patrona de la comisión. El antiguo cabo ingeniero que en Malvinas le faltaba un mes para cumplir los 20 años caminó hacia ella y cuando estuvo frente a frente, se arrodilló y confesó que entonces le dio las gracias y le pidió por el paÃs y su familia.
Mientras Zalazar no le quitaba la vista de encima, el padre Burbridge le garantizó que era la imagen que habÃan rescatado de la cuneta de esa calle de Puerto Argentino, que la habÃa reconocido cuando la miró a esos ojos únicos que tiene y aseguró que la hermana Pilar también estaba presente en ese momento.
Zalazar, que se recupera de un dengue que lo tuvo a maltraer, volvió a su hogar para decirle a su esposa y a sus cinco hijas que tienen un tema pendiente: una visita a Villa Rosa, ya que quiere que conozcan a esa virgen peregrina que lo ayudó a lo más importante, a sobrevivir.
