19 de abril de 2023
Sobrevivientes trans relataron ante el TOF 1 sus cautiverios en dictadura
Este martes declararon ante el Tribunal Oral Federal de la capital bonaerense sobre los maltratos y violaciones sufridas en la última dictadura militar.
Cinco sobrevivientes trans relataron este martes ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata, que desde octubre de 2020 juzga a 16 represores, los maltratos y violaciones sufridas en la última dictadura militar durante sus cautiverios en el excentro clandestino de detención conocido como Pozo de Banfield y coincidieron en asegurar que "fue un infierno, ni a un animal se lo trata asÃ".
Se trata de Fabiana "La Cañito" Gutiérrez; Marcela Viegas Pedro; AnalÃa Velazquez; Paola Leonor Alagastino y Julieta Alejandra González, quienes declararon ante el tribunal que desde octubre de 2020 juzga a 16 represores, entre ellos el exmédico policial Jorge Bergés, por los delitos cometidos contra más de 600 vÃctimas alojadas en los excentros clandestinos Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno, en Lanús, entre ellas vÃctimas del colectivo travesti trans.
En esta audiencia, calificada por las propias vÃctimas como "histórica" por la oportunidad de dar a conocer sus padecimientos y obtener justicia, también declaró como testigo de contexto la psicóloga, escritora y activista trans Marlene Wayar.
"No sólo somos relatos testimoniales sino que además tenemos un conocimiento producido en comunidad y derecho a la memoria, verdad y justicia", dijo Wayar tras trazar un panorama sobre cómo la dictadura militar persiguió, hostigó y disciplinó al colectivo travesti trans y mencionó a "todas las muertas que ni siquiera tienen una lápida como vivieron y quisieron ser".
Afirmó que durante la dictadura "se entendió a las disidencias en ejercicio como una amenaza al sentimiento nacional, cristiano y familiero, y se las comienza a sacar de sus casas, se busca visibilizar en su familia", y "en el barrio que son tan peligrosas y contagiosas como el discurso que se pretende contra los activismos polÃticos".
"En los 80 y los 90 se las expulsa de sus casas a los 13 años. Se las expulsa de sus casas y empiezan a quedar en situación de calle y esto es efecto de esa propaganda previa, que con tanta crueldad se hizo durante el proceso genocida", sostuvo.
Wayar remarcó que el colectivo "no tenÃa acceso a la justicia y los cuerpos son de una orfandad que no se tiene que dar explicaciones" y dijo que "nadie pide explicación por estos cuerpos, no son reclamados, nadie tiene que dar explicaciones, no tiene respaldo de nadie".
Fabiana Gutiérrez, por su parte, contó que fue llevada al Pozo de Banfield cuando tenÃa 14 años y relató: "Me encontraba trabajando en la calle. Me metieron en un coche particular, yo lloraba porque todavÃa era menor de edad".
"Pasé el infierno ahÃ. Me golpearon, me insultaron, me violaron. Si querÃamos comer tenÃamos que pedirle a ellos las sobras y tenÃas que pagar, y el pagar de ellos era con sexo. Éramos monstruos para ellos. TenÃan problemas psicológicos", contó y preguntó: "¿Cómo hacés sexo con una persona que odiás?".
La mujer trans, que actualmente vive en Italia, recordó que durante su cautiverio le aplicaron un "palazo" en la cabeza, por lo que aún padece "secuelas como migrañas, pérdidas de memoria" y está medicada.
"En el momento no tuvimos justicia, que hoy se haga justicia para nosotros es algo que ganamos de tantos años, a pesar de que no están más las chicas", dijo quebrándose en un sollozo.
Paola Alagastino, en tanto, contó que fue secuestrada a los 17 años, cuando se encontraba en situación de ejercicio de la prostitución. Y tras ser trasladada al Pozo de Banfield también fue violada, golpeada, le cortaron el cabello y sufrió hambre y frÃo.
"´Maricón, puto, ustedes tienen que morirse, no sirven para nada, los vamos a matar y los tiramos por ahô", dijo que les decÃan.
Alagastino expresó que "era un infierno, no les importaba nada de nosotros, nos trataban peor que a un animal, porque ni a un animal se lo trata asÃ. Fue horrible lo que pasamos".
Asimismo, contó que "en el segundo piso le daban picana a chicos y chicas, era horrible oÃr sus gritos" y manifestó que "sentÃamos cómo las lámparas vibraban cuando los picaneaban".
AnalÃa Velázquez relató que fue secuestrada en la casa de sus padres, a los 21 años, y fue llevada al Pozo de Banfield, donde también sufrió maltrato y abusos sexuales de sus captores.
"Escuchaba cosas horribles por las noches. Chicos de 6 años que gritaban ´no mamá, no me abandones, mamá´ y le daban picana. Fue horrible lo que pasamos. Quedé con mucho miedo, miedos que no se me van, duermo mal y por las noches tengo pesadillas", expresó.
Por su parte, Marcela Viegas Pedro, recordó: "Fui detenida desaparecida a los 15 años, entre fines del 78 y principios del 79".
Tras contar que estaba en situación de prostitución en cercanÃas de un colegio de adultos y que era "normal" que la "levantaran patrulleros para cobrar su canon y cada tanto hacerle favores sexuales", relató que una noche "fue diferente".
"Me llevaron al Pozo de Banfield y me torturaron, me ponÃan 220 voltios y querÃan saber cosas de los estudiantes, sus nombres, sus domicilios, pero yo no sabÃa, mi vÃnculo con ellos era sexual", afirmó.
"Estuve 17 dÃas detenida. Me violaban y me volvÃan a la celda. MedÃa 1,77 y pesaba 78 kilos al entrar y cuando salà pesaba 40 kilos", dijo llorando.
Julieta Alejandra González, a su vez, declaró que estaba en situación de prostitución cuando fue secuestrada por policÃas y llevada al mismo lugar junto a otras compañeras travestis.
"Me daban miedo los gritos de chicos y chicas. Una noche sentÃamos los gritos de una chica, se quejaba de dolores y al rato sentimos llorar un bebé. Luego no se oyó más ni a la chica ni al bebé. Nosotras pensábamos en ese nacimiento, qué habrá nacido. Para mi era un varón, por los pulmones que tenÃa, que eran fuertes. Yo estuve en ese nacimiento. No estaba solito o solita", dijo con ternura pensando en ese niño o niña nacido en cautiverio.
Contó que los padecimientos en ese centro clandestino le dejaron miedo ante los ruidos fuertes o los gritos y manifestó que, incluso, hace poco nació su nieto y al oir su llanto le trae "recuerdos de ese llanto del bebé que nació ahÃ, siempre, siempre".
Wayar, al cerrar la audiencia, expresó que "este juicio es uno de los primeros en los que escuchamos las voces y el análisis del colectivo" y destacó: "Nunca hemos tenido derecho a la verdad, memoria y a la justicia" y "a sentir el respaldo de que nuestros cuerpos importan, de que a este paÃs le importan nuestros cuerpos".
"Es sumamente significativo este juicio, tiene un peso histórico", remarcó y señaló que aún falta que las disidencias accedan a vivienda y salud dignas y a una completa cobertura del cupo laboral trans en todas las provincias.
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