5 de diciembre de 2022
Mabel Careaga: "Mi madre fue una revolucionaria que nos enseñó a sentir el dolor ajeno como propio"
La hija de una de las Madres secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz durante un operativo de la Armada recordó la lucha de la mujer siguió luchando a pesar de que sus dos hijas habían aparecido.
Mabel Careaga, hija de Esther Ballestrino, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo e integrante del grupo de "los 12 de la Santa Cruz" -el colectivo de madres y familiares de desaparecidos que fueron vÃctimas de un operativo de las Fuerzas Conjuntas en diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz-, describió a su madre como un "sÃmbolo de la lucha colectiva" que a pesar "de no haber logrado vencer a la muerte logró vencer el olvido", derrotando con "su pañuelo blanco los fusiles de la dictadura".
"Mi mamá fue una revolucionaria con un fuerte compromiso social, siempre me decÃa que tenÃa que sentir el dolor del otro como si fuera propio", expresó Careaga en una entrevista con Télam a pocos dÃas de cumplirse 45 años de aquellos dramáticos episodios en los que también fueron secuestradas las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor y MarÃa Ponce de Bianco.
Esther venÃa "esquivando militares desde hacÃa rato": primero escapó de la dictadura del Paraguay de Higinio MorÃnigo; luego, una vez radicada en Argentina, hospedó a varios compatriotas que escapaban del dictador Alfredo Stroessner y pocos años después "harÃa frente con su pañuelo blanco" al terrorismo de Estado argentino comandado por Jorge Rafael Videla.
"RecibÃamos a muchos exiliados paraguayos que buscaban refugio en la Argentina, mi casa era un lugar de paso; se quedaban un tiempo, contaban lo que pasaba en el Paraguay, las torturas. Yo tenÃa sólo 10 años y ya sabÃa lo que era el submarino mojado o el submarino seco", rememoró Mabel sobre su niñez en el seno de un hogar donde "la solidaridad y la cuestión polÃtica" eran moneda corriente.
El 13 de septiembre de 1976 Mabel estaba embarazada de tres meses cuando secuestraron a su compañero, Manuel Carlos Cuevas, momento en el que Esther se unirÃa fuertemente a su consuegra Gerónima Cuevas para intentar dar con su paradero, aún hoy desconocido.
"El 13 de julio de 1977 la secuestran a mi hermana menor Ana MarÃa, que también estaba embarazada, y a partir de ahà todo lo que venÃa haciendo mi mamá con el grupo de Madres de Plaza de Mayo y de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones PolÃticas lo intensifica mucho más", relató Mabel sobre el caso de su hermana, quien tras tres meses de reclusión en el centro de detención clandestino "El Atlético" fue "milagrosamente liberada sin perder su bebé".
Mabel recordó que la misma noche en que su hermana se reencontró con ellos en su casa en Castelar y contó todo lo sucedido, habló de que en el Atlético habÃa visto con vida a la abogada Teresa Israel -quien habÃa presentado el hábeas corpus del compañero de Mabel- y cuya madre Clara era muy cercana a Esther por integrar el colectivo de Familiares de Desaparecidos.
"Sin dudarlo mi mamá insistió en ir en ese mismo momento en medio de la noche de Castelar a Parque Centenario a darle aviso a su familia, argumentando que Clarita no puede pasar una noche más sin saber que su hija está viva, y asà lo hicimos", contó Careaga y destacó: "Esas cosas tenÃa mi mamá, una solidaridad y una capacidad de ponerse en el lugar del otro excepcional".
Luego llegarÃa el momento del exilio.
Ana MarÃa, embarazada y junto con su compañero, y Mabel llegaron a RÃo de Janeiro para viajar a Suecia tras pedir refugio en Naciones Unidas.
Un dÃa antes de que salga el vuelo a Suecia, Esther se trasladó a Brasil al encuentro de sus hijas para llevarles a Carlitos, el hijo de pocos meses de Mabel.
"Esa es la última imagen de mi madre que tengo grabada fuerte en la memoria, ella caminando por la playa de RÃo (de Janeiro) con un batón amarillo y una remera en la cabeza por el calor que hacÃa con mi hijo en brazos viniendo hacia mÃ", rememoró Mabel, haciendo fuerza con los ojos cerrados, como si aún la viera llegar.
No hubo manera de convencer a Esther de que se exiliara también hasta que "se calmaran las aguas"; ella volvió y les contestó al grupo de Madres que le cuestionaron su permanencia habiendo recuperado a su hija: "Yo me quedo hasta que aparezcan todos, porque todos los desaparecidos son mis hijos".
"Esa era la determinación que ella tenÃa, me costó mucho tiempo entenderlo pero era su vida, ella habÃa sido siempre asÃ, era su esencia y no iba a cambiar en ese momento", reflexionó al respecto Mabel.
El secuestro
El 8 de diciembre de 1977, Mabel se juntó en la Iglesia de la Santa Cruz, como venÃa haciendo, con el resto de familiares de desaparecidos y otros colaboradores con la causa, para recaudar fondos para publicar la solicitada del 10 de diciembre que decÃa "Por una navidad en paz sólo pedimos la verdad"."Previo a eso tengo una última carta de mi madre donde en clave me dice sabemos que hay muchos turistas que están en el Sur veraneando y que ya cansados de veranear van a volver a sus casa para navidad".
"Lo que decÃa era que habÃa muchos desaparecidos con vida y que estaban esperando que para navidad los liberaran, en ese marco planean la solicitada", reveló Mabel.
Fueron cinco operativos en total entre el 8 y 10 de diciembre de 1977 donde secuestraron a "los 12 de la Santa Cruz", como ellos mismos se autodenominaron en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde permanecieron entre 4 y 6 dÃas y luego, el 14 de diciembre, fueron arrastrados hacia uno de los "vuelos de la muerte".
Las hermanas Careaga disponÃan sólo de dos llamadas durante el primer tiempo de exilio: usaron la primera para avisar que habÃan llegado a salvo a Suecia; la segunda la usaron el 11 de diciembre de 1977 para avisar que habÃa nacido Anita, la hija de Ana MarÃa.
En ese mismo llamado se enteraron que su madre habÃa sido secuestrada.
Pasaron 28 años hasta que la familia Careaga pudo conocer la verdad y recuperar los restos de Esther gracias a la inquietud de un grupo de estudiantes de la Universidad de La Plata (UNLP) que investigaron la aparición entre diciembre del 77 y enero del 78 de cinco cuerpos en las costas de Santa Teresita.
"Todo Santa Teresita sabÃa pero nunca nadie preguntó ni habló al respecto. Estaba todo documentado, habÃan aparecido los cuerpos, los habÃan recogido los bomberos, los habÃan llevado a la morgue, les habÃan hecho certificado de defunción y los habÃan enterrado como NN en el cementerio de General Lavalle", explicó Mabel.
Ese hallazgo y comprobación de identidad gracias al trabajo efectuado por el Equipo Argentino de AntropologÃa Forense (EAAF) fue la primera prueba cientÃfica de la existencia de los vuelos de la muerte.
"Pasar por todo eso fue muy duro, pero en mi caso sentà que no le habÃa dejado ni siquiera los restos de mi mamá a la dictadura, que los habÃa recuperado y que les habÃamos dado un nombre y que estaba otra vez con nosotros", intentó expresar en palabras Mabel sobre el momento en que recibió la confirmación de que uno de esos "cuerpos que habÃa devuelto el mar para que se hiciera justicia era el de su mamá".
Compartió que "cuando aparecieron ellas siempre decimos que no pudieron contra la muerte pero sà pudieron contra el olvido, es una frase que a nosotros como familia nos ayuda".
La decisión familiar de enterrar los restos de Esther en el jardÃn de la Iglesia de la Santa Cruz fue una sugerencia, según contó Mabel, de la Abuela de Plaza de Mayo Alba Lanzillotto, al decirles que ese lugar fue "la última tierra libre que pisaron".
"Mi mamá fue un sÃmbolo de la lucha colectiva, de no pensar solo en ella y en su hija sino en los 30 mil y eso nos hizo pensar que merecÃa estar en un lugar colectivo donde recordarla", expresó Mabel.
"Siempre tengo presente la fortaleza y el coraje de ese grupo de madres que, a pesar de lo sucedido ese diciembre de 1977, volvieron a la Plaza de Mayo, se agarraron del brazo y no se fueron nunca más, con sus pañuelos blancos vencieron a los fusiles de la dictadura", concluyó.
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