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26 de agosto de 2026

Fórmula 1, IA y escándalo en EEUU: una ex gimnasta de Rosario denunció ser víctima de empresas vinculadas al entramado de Mark Walter

Bárbara Bessolo llegó a los 15 años a Indianápolis, en EEUU, para competir en los Juegos Panamericanos. Décadas después, volvió como empresaria tech. Interpuso una demanda judicial que apunta al fundador del equipo Cadillac de la F1 y a Palantir, el gigante de Peter Thiel, entre otras compañías

Bárbara Bessolo llegó a Indianápolis en 1987 como la única representante argentina en los Juegos Panamericanos. Criada en el barrio Bella Vista de Rosario, tenía 15 años y un sueño: competir en el Mundial de Gimnasia Rítmica. Décadas después, volvió a esa misma ciudad, famosa por la carrera de las 500 Millas (Indy 500), para desarrollar su vida como ejecutiva y emprendedora tech.

"Todavía recuerdo la ceremonia de inauguración en el Indiana Motorsports Speedway, repleto de globos aerostáticos de Disney. Fue como estar en el paraíso", escribió en su blog.

Después hizo una referencia de lo que vendría años después: "No tenía ni idea de que el paraíso se convertiría en infierno". Bessolo es hoy uno de los nombres argentinos que dicen estar de alguna manera –aunque sea de manera lateral y como denunciante, en este caso–, vinculados al escándalo financiero que sacude el imperio de Mark Walter, el magnate dueño de Los Ángeles Dodgers y ex propietario de los Lakers, cuyas aseguradoras están bajo investigación federal por préstamos por unos 20.000 millones de dólares que no habrían sido declarados correctamente como transacciones entre partes relacionadas.

El tema, que es investigado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), tiene además otras ramificaciones locales. Ex ejecutivos de Guggenheim Partners, una de las empresas centrales de Walter, como el financista Juan Ball, aparecen también vinculados a la investigación.

Pero la historia de Bessolo empieza mucho antes de que los reguladores estadounidenses pusieran la lupa sobre Walter y TWG Global, el otro de los holdings que controla y que es dueño, entre otros activos, del equipo Cadillac de Fórmula 1, donde corren el mexicano Sergio "Checo" Pérez y el finlandés Valtteri Bottas.

Ese team deportivo originalmente fue armado por Michael Andretti, quien fue piloto –corrió en F1 en los '90 y también en Indy– y es hijo de Mario Andretti, también piloto, compañero de equipo de Carlos "Lole" Reutemann en los '80 y un reconocido empresario del mundo del automovilismo deportivo en EEUU. Andretti hijo fue era amigo de Bessolo, según ella le relató a este medio, y trabajaron juntos para lanzar una empresa tecnológica que iba a asociar el automovilismo con la IA para generar la telemetría en vivo y "predecir" qué va a pasará con los autos en plena competencia.

Todo terminó mal. El negocio no llegó a arrancar, de hecho. Bessolo denunció a su ex amigo y frustrado socio ante los tribunales de Indiana, en una demanda que incluye a varias empresas. La empresaria aseguró que se quedaron con sus ideas y se hizo usufructo de ellas. Andretti se asoció con TWG Global –aunque la rosarina cree que ya trabajaban juntos desde antes de que ella fuera parte de las negociaciones–, pero en el último año la empresa financiera de Walter se quedó con todo y Andretti ya no es parte del proyecto.

"La carta de demanda, un documento previo al juicio que presentamos, menciona un monto de USD 100 millones, pero el resarcimiento final puede ser mucho más. Usaron propiedad intelectual mía para desembarcar en la Fórmula 1, para decir que usan IA para las carreras", dijo Bessolo en diálogo con Infobae. El caso lo lleva el juez Patrick J. Dietrick, del Marion County Superior Court de Indiana.

- ¿En qué instancia está la causa?

- El juez está decidiendo qué reclamos acepta. Como hay personas también vinculadas al gobierno estatal en la denuncia, se demora. Es una etapa de instrucción. Estamos en ese ida y vuelta judicial. La demanda es contra Andretti, Andretti Autosport, que ahora es de TWG, que se sacó de encima a Michael, y otras empresas. También incluí a Palantir, la compañía de Peter Thiel, porque hay contratos entre ambas que se firmaron para desembarcar en la Fórmula 1, y con propósitos tecnológicos muy similares a los que yo tenía.

El expediente lleva el número 49D12-2603-CT-012340 y los cargos incluyen robo de propiedad intelectual, incumplimiento de contrato y otras irregularidades. Aún no hubo imputados.

Días atrás, durante el Gran Premio de Holanda de F1, un vocero del equipo Cadillac aseguró que TWG no está considerando vender la escudería.

Para ser campeona nacional y sudamericana de gimnasia rítmica, Bessolo cuenta que usó un método tan analítico como atlético: estudiaba cuadro por cuadro, usando una videocasetera, los movimientos de sus rivales para anticiparse y superarlas. Esa misma capacidad de procesar datos en tiempo real —aunque entonces no lo sabía— fue la base de la empresa que iba a fundar décadas después.

Después de competir en los Panamericanos estudió Química en la UCA y tras una carrera ejecutiva que incluyó la presidencia de Technicolor Américas, fundó en Indiana la empresa DynamoEdge. Según su web se dedica a desarrollar soluciones de "inteligencia continua escalable en tiempo real que transforma datos en resultados prácticos para empresas y otras aplicaciones comerciales".

En 2016, Bessolo conoció a Andretti. Para entonces, ella ya llevaba años trabajando con AT&T en soluciones tech aplicadas a infraestructura de telecomunicaciones. Según contó, cuatro años después, el empresario le propuso construir una empresa conjunta que combinaría la tecnología de DynamoEdge con el apellido de su padre: se llamaría AndrettiEdge.

Lo que siguió, siempre de acuerdo a su relato, fueron una serie de demoras, renegociaciones y exigencias de mayor porcentaje accionario por parte de los abogados de Andretti. En 2021, Andretti anunció un SPAC —un vehículo de inversión para salir a bolsa— por 200 millones de dólares que replicaba el modelo exacto de la empresa que ambos habían acordado construir juntos. Ella no estaba incluida.

Bessolo no solo señala a Andretti. En su relato, la operatoria incluyó a la Indiana Economic Development Corporation (IEDC), un organismo cuasi-gubernamental que administra incentivos fiscales estatales y federales para empresas de Indiana.

Según detalla Infobae desde la semana pasada, las sospechas sobre Walter y su empresa están siendo investigadas en EEUU.

The Wall Street Journal (WSJ) contó que las aseguradoras Delaware Life y Clear Spring Life & Annuity —ambas bajo control del grupo— recibieron intimaciones de un gran jurado federal en febrero de 2026, en el marco de una investigación conducida por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. La SEC conduce una pesquisa paralela.

La auditoría interna posterior reveló que unos 20.000 millones de dólares en préstamos otorgados por esas aseguradoras debían reclasificarse como transacciones entre partes vinculadas, un porcentaje equivalente al 40% de los activos invertidos de Delaware Life, según la calificadora Fitch Ratings. Los préstamos habrían circulado a través de empresas intermediarias —ABS Capital, Amistad Financial, Bradford Allen y Hudson Trading— antes de llegar a entidades controladas por el propio Walter.

El argentino Juan Ball sería co-chairman de ABS Capco, una de las empresas cuyos ejecutivos están vinculados a las maniobras de Walter, según WSJ. Ball, que se desempeñó en filiales latinoamericanas de Guggenheim Partners, tiene pasado en Wall Street, en gigantes como Lehman Brothers y Bear Stearns, e inversiones millonarias, como yates de competición y mansiones en Buenos Aires. Hasta hace pocos meses fue dueño de la casa que compró en Barrio Parque por unos USD 12 millones el magnate tech Peter Thiell. También fue accionista de la aerolínea Flybondi y desarrolló el complejo premium Colette en Punta del Este, Uruguay.

En las últimas semanas, Walter acordó la venta de Los Ángeles Lakers por 12.500 millones de dólares y TWG se comprometió a reemplazar 6.500 millones de dólares en activos de Delaware Life por otros sin vinculación societaria. El grupo declaró que coopera con las autoridades y que sus directivos "siempre actuaron de buena fe". Ni Walter ni sus empresas fueron imputados por ningún delito.

Bessolo, mientras tanto, continúa con su demanda y su tecnología. Mantiene sus negocios con AT&T y con otros gigantes de las telecomunicaciones de la región. "Espero poder cobrar algún día. Al menos eso... Yo trabajé para hacer una empresa y me la quitaron", cerró con tono de resignación.

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