26 de agosto de 2026
"Lo intolerable", el libro que sacude la conciencia: por qué la vergüenza es la emoción más política que existe
El ensayo del mexicano Enrique Díaz Álvarez recorre situaciones límite para preguntarse por qué el malestar ante el sufrimiento cotidiano no deriva en acción colectiva
Lo intolerable, de Enrique Díaz Álvarez, arranca con una imagen que concentra el debate político de los últimos años: agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE) irrumpen sobre una familia dentro de un auto, forcejean, arrestan a la madre y la trasladan a un centro de detención para migrantes. Desde esa escena, el ensayo despliega una pregunta que recorre sus siete capítulos: por qué la violencia que se ve —y se registra, y circula— no se convierte en acción.
El libro llega a la Argentina con las novedades de septiembre bajo el sello Anagrama, con el subtítulo Repulsión, vergüenza y responsabilidad colectiva ante la crueldad contemporánea. Ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2021, Díaz Álvarez construye el argumento sobre hechos puntuales de represión y violencia y los cruza con lecturas de Michel Foucault, John Berger, Angela Davis y Emmanuel Carrère, entre otros. El punto de contacto con Susan Sontag es inevitable: como en Ante el dolor de los demás, el libro interroga cómo respondemos ante imágenes del sufrimiento ajeno.
En la introducción titulada "Pensar con todo el cuerpo", Díaz Álvarez establece la premisa desde la que trabaja todo el volumen. La emoción no es un efecto secundario de la política, sino su materia prima. "No basta con llevarse las manos a la boca o apartar la mirada, habría que prestar atención al desconsuelo, la vergüenza, la indignación y otras emociones que nos vinculan con el dolor de los demás", escribe en el libro.
El ensayo se ancla en una pregunta que atraviesa cada capítulo: por qué ese malestar no se traduce en acción crítica o emancipadora. El autor escribe contra "la ampliación del umbral de tolerancia que nos ha llevado a la indolencia" e invita a cultivar un sentido de responsabilidad a través de reflexión crítica, sensibilidad e imaginación, con apoyo en testimonios, crónicas y expresiones artísticas que confrontan la violencia y el abuso del poder.
Uno de los ejes conceptuales del libro es la distinción entre culpa y vergüenza. Para Díaz Álvarez, la vergüenza no es un asunto privado. "La vergüenza es una de las emociones más políticas que existe. Es la emoción social por excelencia", ha declarado el autor. La diferencia con la culpa define su apuesta teórica: "La culpa la podemos sentir personalmente, en la noche y a oscuras, pero la vergüenza siempre se da frente a otro".
Ese razonamiento conduce directamente a la disputa por los relatos. "La extrema derecha es experta en movilizar pasiones tristes", sostiene Díaz Álvarez, antes de agregar que "somos seres narrativos" y que por esa potencia "se persigue, se asesina, se censura a gente que escribe". La narrativa no es decoración: es el terreno donde se gana o se pierde la política.
Los migrantes son el tema central del libro: caravanas, campos de refugiados, explotación, asedio y maltrato. En el capítulo "Vidas encerradas", Díaz Álvarez recupera un episodio ligado a Berger: cuando recibió el premio Booker, confesó que le resultaba insoportable porque el mecenas del galardón había construido su fortuna con el comercio de azúcar basado en trabajo esclavo en el Caribe. Berger no rechazó el premio, pero anunció que lo compartiría con el movimiento Panteras Negras. Más tarde publicó Un séptimo hombre y, junto a las fotografías de Jean Mohr, armó un relato sobre la migración humana y la condición de los trabajadores migrantes en Europa.
Díaz Álvarez plantea que el fenómeno migratorio se transformó a medida que aumentó la desigualdad y el cambio climático forzó el desplazamiento de millones de personas. El autor advierte sobre la falta de reflejos de los gobiernos, "sobre todo de izquierda", incapaces de desplegar una narrativa política internacionalista vinculada a principios como solidaridad y hospitalidad. El terreno donde se disputa esa agenda queda definido así en el libro: "La violencia simbólica, la actitud hostil y defensiva hacia el 'otro', el cultivo de la desconfianza y el recelo entre extraños es el espacio donde se desarrolla buena parte del teatro de la política contemporánea".
El capítulo "Vergüenza y responsabilidad colectiva" vuelve sobre una imagen específica: la playa en Turquía donde yació el cuerpo de Aylan Kurdi, un niño arrastrado por el mar durante la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial, mientras miles de refugiados sirios perdían la vida al intentar llegar a Europa.
Esa fotografía permite a Díaz Álvarez formular uno de los diagnósticos más agudos del volumen: "Vivimos en sociedades anestesiadas por una ingente circulación de fotografías y videos", donde el dedo desliza sin detenerse a pensar en lo que se ve. La imagen del niño conmovió al mundo durante días; luego, el algoritmo la enterró.
El libro cierra con un llamado a intervenir sobre los mecanismos que producen indiferencia: "Es momento de penetrar los muros, apelar al pensamiento crítico y hacer resonar testimonios que tengan la cualidad de revelarnos lo común en tiempos en los que todo parece separarnos".