Miércoles 15 de Julio de 2026

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15 de julio de 2026

Pueyrredón y San Martín: cómo la acusación de "noticias falsas" sirvió para acallar opositores en la independencia

Según la investigadora Beatriz Bragoni, la historia revela que la estrategia de desacreditar voces críticas mediante la acusación de difundir "noticias falsas" no es nueva

¿Suena raro que un gobernante hable de "noticias falsas" para desacreditar a un medio de comunicación? No, no suena raro. ¿Suena actual? Sí, suena -sobre todo en inglés, fake news, muy actual. Pero ¿saben qué? era una expresión que usaba Juan Martín de Pueyrredón para acallar críticas. Así es nomás y así lo cuenta la historia Beatriz Bragoni en su libro Conspiraciones. Noticias falsas y justicia revolucionaria en el origen de la Argentina, que acaba de aparecer.

Allí, en el libro, cuenta cómo una red de opositores -encabezados por el chileno José Miguel Carrera, usó panfletos para atacar a figuras como San Martín y Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en una disputa sobre todo por el modelo político que se iba a establecer: república o monarquía. Cuenta lo que hicieron los opositores y la contundente respuesta que recibieron. No sólo insultos: condenas a muerte.

"El uso de la expresión "noticias falsas" no es fortuito ni ocasional ni anacrónico", dice Bragoni, en una videollamada con Infobae. "Se trata de una voz de época, es decir, formaba parte del lenguaje político y periodístico en la Buenos Aires de 1817. La usó Pueyrredon para justificar el cierre o clausura de periódicos/papeles impresos que cuestionaban su gobierno por la invasión portuguesa a la Provincia Oriental, y combatían el monarquismo defendido por el círculo gubernamental".

¿Tiene alguna relación ese tratamiendo de lo que se llamó "noticias falsas" con lo que ocurre hoy? Bragoni será prudente pero algún hilito encontrará. Como algo aprendido en el fondo de nuestra historia: "Tengo la impresión que la novedad no es ajena a la descalificación de la disidencia en nuestros hábitos y costumbres".

-¿Qué pasaba con Carrera? ¿Cómo llega a tener algo que ver con la política del Río de la Plata?

-En realidad él se convierte en un desterrado de la revolución chilena, que es derrotada en 1814. A partir de ahí las, los grupos patriotas emigran al Río de la Plata. Es una emigración política dividida entre dos liderazgos rivales e irreconciliablese, que son el de José Miguel Carrera y el de Bernardo de O'Higgins. San Martín, que en ese momento es gobernador de la Intendencia de Cuyo con capital en Mendoza, opta por O'Higgins. Establece una alianza política y eso se traduce en un desplazamiento de Carrera hacia Buenos Aires. Eso se convierte en un bloqueo, en un veto, que les impide a los carrerrinos, volver a Chile aun después del triunfo de Chacabuco y después del triunfo de Maipú.

-¿Qué es lo que los divide?

-En 1814, el sector patriota firmó un tratado con sus adversarios realistas: el tratado de Lircay. Ahí se produjo una división irreconciliable entre O'Higgins -que firmó ese acuerdo para recomponer fuerzas y establecer una paz- y el sector carrerrino. El tratado también buscaba devolver la jurisdicción chilena a la órbita de la monarquía y del virreinato peruano. Pero el sector carrerrino rechazó eso porque lo vio como una traición. Una traición a los principios liberales y a la tradición republicana. Esa primera división en 1814 se profundizó durante el exilio, entonces Carrera y sus seguidores quedaron desplazados de cualquier plan que buscara restaurar la libertad en Chile.

-El proyecto monárquico para América contra el proyeccto republicano...

-El sector de Carrera va radicalizándose. Y ese discurso se materializa en papeles públicos, en una furiosa política de propaganda que va a poner en duda los preceptos liberales, tanto del gobierno de Pueyrredón como del flamante estado chileno que O'Higgins está encabezando entre Chacabuco y Maipú, entre 1817 y 1818.

-¿De qué manera este grupo de desterrados y emigrados chilenos pueden hacerlo?

-Porque se refugian en Montevideo, consiguen escabullirse, salir de las celdas donde estaban, recolectar las piezas sueltas de una imprenta que había traído de Estados Unidos y montarla en una habitación de su casa. Allí trabaja un grupo de tipógrafos, tanto montevideanos como porteños, también desplazados por el gobierno de Pueyrredón, expulsados o desterrados de la ciudad porque son adversarios. Con ellos, consiguen montar esta política de propaganda. Y van a a tener la protección en Montevideo del barón de Lecor, el general portugués que ha ocupado Montevideo. En en este contexto que Pueyrredón utiliza la expresión "noticias falsas".

-Como ahora...

-Forma parte del vocabulario político de la época. No es una traslación y una analogía a tono con el contexto actual. No hago en el libro, como un gancho frente al pasado sino que justamente ahí se entabla una disputa por la opinión pública. En ella, el poder instituido atribuye a toda voz disidente el calificativo de falso, de erróneo, de equívoco. Y los opositores utilizan el recurso de los papeles públicos, a los que Pueyrredón llama "los incendiarios". Papeles incendiarios, sediciosos, libelos infames, etcétera, etcétera. En esos papeles hay un discurso que se radicaliza a partir de que se radicalizam las decisionesde la dirigencia revolucionaria, ya sea del círculo de Pueyrredón como del círculo de O'Higgins, frente a los sediciosos. Las decisiones políticas y judiciales.

-¿Qué decisiones?

-Hubo una discusión política muy importante, que marcó una división y llevó a Pueyrredón a expulsar a los opositores de la ciudad y de su jurisdicción. No lo hizo solo: organizó una comisión con integrantes del Congreso.

-¿Cuál era ese debate?

-El debate entre monarquía y república, en un escenario internacional marcado por la caída del sistema napoleónico y por la restauración de las monarquías legítimas en Europa. Entonces, tanto en las Provincias Unidas como en Santiago y en Buenos Aires, que era donde la prensa periódica tenía más fuerza ,estas maniobras conspirativas y esta pelea por la opinión pública estaban atravesadas por ese debate. Empujado.además, por una serie de misiones diplomáticas que los gobiernos independientes enviaban a las cortes europeas para gestionar la llegada de un príncipe europeo que encabezara estas formas de gobierno que estaban surgiendo en el escenario internacional. Carrera y los demás buscaban descalificarlos y exponerlos públicamente, a partir de una convicción y de una evidencia que es muy interesante: de qué manera lo que estaba pasando en el lejano sur, en los confines de los territorios independientes de la vieja América española, estaba siendo observado por distintos publicistas, escritores públicos, no solo hispanoamericanos, sino también norteamericanos y europeos.

-Si no había ciudadanos que votaran, ¿para qué servía convencer a la la gente?

-La opinión pública tenía un papel muy importante. No hay que subestimar la circulación de noticias y rumores por otras vías. Las caricaturas eran una de esas vías, porque se trataba de sociedades mayoritariamente analfabetas. Pero las tradiciones orales, las representaciones teatrales y los poemas también intervenían en la difusión y en la formación de convicciones, ideas y conceptos. Había una simbología patriótica que servía para todo eso.

-¿Había un sentimiento popular contra la monarquía?

-Las ideas no estaban solo en el plano de la cultura impresa ni entre los letrados o los juristas. Las ideas, los procesos de politización y, sobre todo, el rechazo a la monarquía iban a dejar ese ámbito y a tener "apoyo popular", si se quiere. Yo no he encontrado ningún documento de que donde haya un analfabeto que diga: "No, no me gustan los reyes". Pero sí hay poemas que dicen "basta de reyes", como los Cielitos patrióticos de Bartolomé Hidalgo Que eran altamente difundidos. Hay un norteamericano que llega en una misión enviada por el presidente Madison. Hace pie en Montevideo y cuando toma el barco de Montevideo a Buenos Aires, los pasajeros, sus compañeros de viaje, entonaban las estrofas de la canción patriótica, del Himno Nacional. Entonces pregunta por la posibilidad que se estaba considerando de coronar a un monarca en el Río de la Plata. Y esos pasajeros le dicen que era poco probable que eso ocurriera, porque ya se habían liberado de un rey y no querían poner a otro.

-Cielitos y testimonios, interesante...

-Se trata de controlar la tentación de trabajar siempre con los grandes textos y meternos en textos menos formalizados. Entonces, las ilustraciones del tipógrafo Manuel José Gandarillas son muy claras sobre las pretensiones monárquicas sanmartinianas, porque se le escapa la corona...

-¿Hubo, realmente, noticias falsas?

-Bueno, hubo un manuscrito que en 1819 se convierte en prueba plena de delito de lesa patria, un delito contra la patria. Y eso también muestra el peso que tiene la palabra escrita: lo que hay es una disputa por la verdad, para correr el velo de lo que sería la prensa oficial. Ese manuscrito lo escribió un francés que había lanzado el primer periódico bilingüe en Buenos Aires, El Independiente del Sur. Se llamaba Charles Robert de Connut y discutía los "disparates" del Du Pradt que, según él, no hace justicia a lo que verdaderamente está pasando en las Provincias Unidas del Río de la Plata sino que endulza, podemos decir, las virtudes, y deja bajo la alfombra sus desviaciones. Es decir, que algunos quieren organizar una monarquía. Y la otra, que es muy importante para los objetivos que yo me propuse en el libro, tiene que ver con que no se está cumpliendo el debido proceso, es decir, las garantías básicas de un juicio justo, frente a los opositores. A los opositores se los descalifica, se los maltrata, se los calla, y justamente la libertad de expresión está en veremos.

-En nombre de la libertad, destierran o fusilan a los opositores.

-El libro avanza en la "justicia revolucionaria", porque la puja por la opinión supone una serie de refutaciones que se dan en la prensa, pero al mismo tiempo en actos "ejemplificadores" de quienes tienen los resortes del poder: la condena a muerte. Eso se produce en 1818 con los hermanos Carrera en Mendoza y en 1819 con los franceses. Hay toda una manipulación del sistema judicial..

-¿Y San Martín es parte de eso?

-Estos dos grandes juicios criminales instalan una mancha en la reputación de los libertadores, tanto en San Martín como en O'Higgins y también en Pueyrredón, que va a costar muchísimos años en subsanarse. Porque lo que esto revela es que la puja en la independencia no es solamente la puja entre patriotas y realistas. Revela que no todos los americanos estaban a favor de la patria ni todos los españoles estaban en contra de la patria. Y, por otra parte, se ves la pelea dentro de la conducción revolucionaria.

-¿Desde Europa había presión para la instauración de un sistema o de otro?

-Está claro que en Europa apoyaban la adopción de una monarquía constitucional. Y el modelo de Estados Unidos era el que más influencia tenía. Es una discusión y un juego de intereses que involucra a ambos continentes. Después de la caída de Napoleón y la restauración de las monarquías absolutas en Europa continental, esas monarquías querían combatir toda expresión de jacobinismo, la corriente política más radical de la Revolución Francesa. Lo hacían a partir de la experiencia francesa y de las otras revoluciones que esa experiencia había impulsado. Entonces, había preocupación frente a las iniciativas revolucionarias o jacobinas. Es un momento de reacción ideológica muy clara de los gobiernos europeos. Por eso apoyan a España. Y también en el caso inglés. Londres se había convertido en una plataforma de muchas voces y de muchos hispanoamericanos que empezaron a pensar que la república no sería la forma más adecuada de organizar los nuevos Estados, sino que lo sería la monarquía constitucional, a partir de un diagnóstico bastante compartido. La idea era que las sociedades hispanoamericanas no estaban en condiciones de adoptar la república por sus costumbres, sus usos y sus culturas. Que ese no sería el formato más adecuado.

-Pero incluso con la presión de las monarquías europeas, sin el apoyo de Estados Unidos, con parte importante de la dirigencia de acá que incluye los libertadores, igual no cuaja la monarquía.

-No cuaja, no cuaja. Y eso que era lo que conocían. Ahí hay otras discusiones ligadas a las características sociales y también a la movilización y la politización que exigió la larga guerra de independencia entre 1808, 1810 y 1824. Incluso la Constitución del 19 deja en suspenso la forma de gobierno, porque todavía sigue de fondo la negociación para buscar un monarca europeo para el Río de la Plata.

-¿Y por qué no cuaja?

-Hay una cuestión que yo incluyo en el libro: el carácter "igualitario" de la sociedad rioplatense frente a otras sociedades hispanoamericanas. Eso ya aparece muy temprano en la descripción de Félix de Azara, en un informe que tuvo una enorme difusión, porque había una relación entre esa sociedad igualitaria y la forma de gobierno. Y ese punto también lo subraya este viajero norteamericano. Señala que, ya muy temprano, en 1818, el lenguaje político estaba mucho más ligado al modelo republicano que al monárquico. También dice que los rituales y los adornos del jefe de Estado, Pueyrredón, cuando lo visitó en 1818, no tenían nada que ver con el boato con el que se encontró al llegar a Río de Janeiro, donde había tenido que visitar al príncipe. Esos contrastes muestran que las jerarquías sociales, aunque existían -porque eran sociedades coloniales y estaban los distinguidos y los de abajo- tenían otro peso. La revolución potenció esas características e hizo que la idea de monarquía se disolviera rápidamente. Quedó encerrada en las dirigencias revolucionarias, desde Belgrano, San Martín y Pueyrredón.

-¿Tiene algo que ver esa idea de noticias falsas con lo que manejamos ahora?

-Pensar alguna relación entre las noticias falsas del pasado y la actualidad es riesgoso por varias razones. Por un lado, porque a comienzos del siglo XIX la opinión pública es entendida como unanimidad o suma de opiniones particulares. No hay lugar para conversaciones públicas plurales; de allí que existían tribunales o comisiones que inspeccionaban el adecuado uso de la libertad de expresión. Un tópico que se modifica con las constituciones liberales. Pero para no esquivar el tema diría dos cosas. Una es que la polémica actual sobre noticias falsas remite al uso dado por quienes ejercen o han ejercido poder para desacreditar noticias o versiones o investigaciones de periodistas en un sistema de de libertad de expresión y multiplicación y transformación de sistema de información. Otra cuestión remite a visiones conspirativas del poder o la política; se trata, al fin de cuentas, de épocas cruzadas por disputas sobre lo falso y lo verdadero en los círculos secretos del poder. Pero también hay un deterioro notable del debate público que facilita las cosas; el lenguaje del poder se arrastra en el fango y la violencia verbal es de uso frecuente; tengo la impresión que la novedad no es ajena a la descalificación de la disidencia en nuestros hábitos y costumbres.

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