26 de junio de 2026
Preocupación en el peronismo del interior por la interna entre los Kirchner y Kicillof: "No somos una alternativa"
En las provincias creen que las peleas en el territorio bonaerense complotan contra la construcción de una alternativa electoral. "Están rifando el armado de un proyecto de futuro", sostuvo un gobernador de Unión por la Patria. Enojo y decepción
"Estamos preocupados. Perdemos aceite por todos lados. No logramos armar una alternativa. Los libertarios retoman la iniciativa y nos van a dejar lejos. La realidad es que no somos una opción". La confesión de la mano derecha de un gobernador peronista reproduce las sensaciones que se anidan en el peronismo del interior del país. La interna entre Axel Kicillof y la familia Kirchner rompe los límites en forma constante y empieza a generar preocupación afuera de la provincia de Buenos Aires.
En cada distrito hay dificultades en la convivencia del peronismo. En algunas más lógicas que otras. No hay realidades color de rosa. En Tucumán, por ejemplo, la relación entre el gobernador Osvaldo Jaldo y el ex mandatario Juan Manzur pasa por un pésimo momento. En Santa Fe, en cambio, subsisten rispideces, pero se trabaja con el objetivo común de construir la unidad electoral. Pero en Buenos Aires la situación escaló a un ritmo tan vertiginoso que el daño sobre la fuerza política se agigantó.
La batalla campal de palabras y acusaciones muestra a un peronismo enloquecido, histérico, donde cada sector tiene su estrategia hacia adelante y donde no hay unidad de criterio para acumular fuerzas. En vez de sumar horas articulando una opción electoral diversa y sólida, pierden horas poniendo sobre la mesa los resquemores del pasado e intentando que Axel Kicillof haga lo que no quiere hacer. Y ahí está estancada la discusión. Cada vez con menos matices y más odio.
"Qué necesidad de hacer esto, qué torpeza. Lo que está pasando es un desastre. Necesitamos un peronismo nacional fuerte. Si todo esto es para sacarnos culpas del pasado, nos podemos pasar la vida haciéndolo. ¿A quién le sirve esto? A nadie", se quejó un diputado nacional del norte argentino.
Desde las provincias, el conflicto bonaerense se ve como una discusión lejana para el día a día de la gente y preocupante para la realidad del peronismo en su conjunto. No solo que no ven unidad, sino que tampoco divisan una salida al conflicto interno de poder que tiene el kirchnerismo. Lo único que saben es que las fricciones bonaerenses repercuten en el armado nacional y dificultan la construcción, a esta altura del calendario, de un proyecto electoral.
"Están jugando a cosas distintas. Unos están planteando apostar al poder, que es el sector de Kicillof, mientras que del otro lado están viendo cómo hacen para que en la agenda de Axel sean un elemento central. Es altamente nocivo porque terminan lastimando a la competitividad de todos", reflexionó un histórico dirigente del peronismo del interior.
Hay una carga fuerte de negatividad en las mirada de los peronistas de las provincias. Lo único que atenúa esas proyecciones es la distancia de tiempo que hay con las elecciones. "Es preferible que esto pase ahora y no el año que viene. El tema es que si esto nos sucede en febrero o marzo del 2027, va a ser difícil la situación", sostuvo el mismo dirigente, con larga trayectoria en las filas del justicialismo.
Entre los peronistas del interior aparecen hipótesis válidas como que Cristina Kirchner, al final del camino, termine generando un acuerdo con Kicillof o que las diferencias se diriman en unas PASO, donde el candidato ganador quede legitimado por los votos. Lo que atormenta a todos es la incapacidad del peronismo para poder ser una oposición sólida, que no quede anclada en las discusiones internas y que no se autoflagele todas las semanas.
"Nos estamos comiendo entre nosotros. Es un peronismo caníbal. Si la tregua no existe, vamos a perder las elecciones. Hoy el peronismo no tiene un candidato que represente a todos", afirmó un senador nacional del centro del país. Las miradas son diversas en el territorio, pero de norte a sur hay un concepto compartido: la interna está destruyendo al peronismo nacional.
En las provincias miran el fenómeno bonaerense como parte de un cambio de ciclo en el kirchnerismo. Y, al mismo tiempo, aceptan que, cuando lleguen las elecciones locales, cada cual atenderá su juego. En otras palabras, la mayoría de los gobernadores va a desdoblar los comicios provinciales y tratarán de aislarlos de la pelea que atraviesa al justicialismo a nivel nacional. Si cada uno mira su quintita y las peleas continúan, entonces el proyecto nacional encontrará limitaciones varias.
Existe en algunos jugadores políticos la idea de que la necesidad de todos de volver al poder va a ser más fuerte que las rencillas internas. Otros creen que el camporismo prefiere jugar a perder y que piensa en una candidatura propia para el 2031. Asumen, en esa proyección, que es imposible que respalden a Kicillof, el principal precandidato que hoy tiene el peronismo.
Una tercera posición pretende que el gobernador bonaerense desarme el conflicto en una reunión con Cristina Kirchner y ponga fin al fuego cruzado. Cada uno tiene sus argumentos, pero todos miran desde afuera. No quieren quedar contaminados por una guerra que sienten que no les pertenece.
En el kicillofismo hay una línea bajada por el Gobernador de no responder los ataques de La Cámpora. En el cristinismo aumentan la presión para que Kicillof visite a CFK y mejore la convivencia interna. La relación se volvió completamente inviable y, por momentos, disparatada. Es un enfrentamiento sin límites claros y sin sentido para las mayorías.
Un gobernador del peronismo fue escueto en la definición de la realidad actual que se vive en el escenario bonaerense: "Están rifando el armado de un proyecto de futuro por la disputa del poder momentáneo". Incrédulos de lo que están presenciando, en el peronismo de las provincias tratan de convencerse que la interna algún día se frenará. No saben cómo ni cuándo. Solo apuestan al pragmatismo de los actores y al olor a poder que se respire en el inicio del proceso electoral.
