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25 de junio de 2026

Una pareja de argentinos derriba todos los mitos sobre las casas por un euro y los pueblos italianos que pagan por vivir en ellos

Eduardo Coronel y Noeli Forciniti son rosarinos y actualmente viven en Calabria. Tras recorrer distintas comunas del sur de Italia y analizar los programas habitacionales vigentes, llegaron a una conclusión clara: "Las oportunidades existen, pero están muy lejos de lo que suelen mostrar los titulares virales"

Desde hace 10 años, las noticias sobre las famosas "casas por un euro" en Italia recorrieron el mundo. Titulares prometían viviendas prácticamente gratis en encantadores pueblos italianos, mientras otras informaciones aseguraban que algunas localidades incluso pagaban miles de euros a quienes decidieran mudarse allí. Para muchos argentinos con ciudadanía europea o con el sueño de emigrar, la propuesta parecía irresistible. Pero ¿qué hay de cierto detrás de esas historias? ¿Es realmente posible comprar una casa por el valor de un café y comenzar una nueva vida en Italia?

Eduardo Coronel y Noeli Forciniti, una pareja rosarina que actualmente vive en Calabria, decidieron investigar el fenómeno desde adentro. Tras recorrer distintos pueblos italianos y analizar los programas vigentes, llegaron a una conclusión clara: "Las oportunidades existen, pero están muy lejos de lo que suelen mostrar los titulares virales".

"Si alguien piensa que va a comprar una casa por un euro, mudarse al día siguiente y comenzar una nueva vida sin gastar dinero, eso no existe ni va a existir", resumió Eduardo.

El famoso programa de las casas por 1 euro nació en 2015 como una estrategia para combatir la despoblación de pequeños pueblos italianos, especialmente en el sur del país. La idea es sencilla: propietarios de viviendas abandonadas ceden sus inmuebles al municipio, que luego los ofrece a compradores por un valor simbólico.

Uno de esos casos fue Aieta, un pueblo medieval de apenas 700 habitantes ubicado en las montañas de Calabria, pero a solo 15 minutos del mar Tirreno. "Acá en Aieta hubo casas que se vendieron a un euro. ¿Por qué digo hubo? Porque fue en el pasado, ahora no hay más", explicó Eduardo.

"Con la masividad de las redes sociales, cuando la gente se fue enterando, se fueron esfumando muy rápido las casas a un euro. Entonces hoy es muy difícil encontrarlas. Están agotadas", señaló.

Según contaron, las oportunidades reales aparecen de manera esporádica. "Puede que un pueblo publique algunas propiedades este año y después no vuelva a hacerlo durante mucho tiempo", aclaró Eduardo. La recomendación para quienes estén interesados es "seguir de cerca las publicaciones oficiales de los municipios y tener paciencia".

Durante su visita a Aieta, la pareja encontró numerosas viviendas vacías o semiderruidas. Sin embargo, aclararon, "eso no significa que puedan incorporarse automáticamente al programa el Municipio", ya que se requiere de la aprobación del dueño o los herederos.

Noeli contó que más allá del costo simbólico de la propiedad, el verdadero costo aparece después. "Comprar una casa en esas condiciones puede requerir una inversión mínima de 100.000 euros para ser renovada", precisó.

A esa cifra hay que sumar trámites administrativos, proyectos de obra, permisos municipales y, en muchos casos, depósitos de garantía que pueden alcanzar entre 5.000 y 10.000 euros. "Esos montos te los exigen en concepto de caución, que te devuelve cuando cumplís con todo el plan de renovación. Pero si no llegás a cumplirlo, se lo quedan. Te dan un plazo de 3 años para terminar la obra", detalló Noeli.

Además, los compradores no tienen libertad absoluta para reformar la propiedad como deseen. "Muchas veces el proyecto tiene que ser aprobado por la comuna. Incluso hay casos de obras que se frenaron porque encontraron elementos históricos dentro de las construcciones", contó Eduardo.

Otro de los aspectos que suele quedar fuera de las noticias es la realidad cotidiana de estos pueblos. La mayoría de las localidades que impulsan este tipo de iniciativas tienen pocos habitantes y están ubicadas en zonas montañosas o alejadas de los grandes centros urbanos.

"Son lugares hermosos, eso es indiscutible. Pero también están aislados y requieren un estilo de vida particular", señaló Eduardo, quien remarcó que "tener automóvil es prácticamente indispensable para moverse ante la escasez del transporte público".

Aunque algunas localidades se encuentran relativamente cerca del mar o de ciudades más grandes, los trayectos suelen implicar caminos de montaña y conexiones limitadas de micros. "Hay pueblos donde en veinte minutos de auto llegás a una ciudad con todos los servicios, pero esos veinte minutos son bajando o subiendo una montaña. Si no tenés auto, se complica muchísimo", ejemplificó Noeli.

La situación puede ser especialmente desafiante para familias con niños, debido a la distancia de escuelas, centros médicos y otros servicios esenciales. "Tampoco es imposible, pero claramente no es una opción para cualquiera. Hay que evaluar muy bien el estilo de vida que uno busca", agregaron.

Uno de los errores más frecuentes es creer que comprar una casa permite obtener automáticamente la ciudadanía italiana. Pero la realidad es completamente distinta. "No porque compres una propiedad te van a dar la ciudadanía. Eso no existe", enfatizó Eduardo.

Para acceder a estos programas, los interesados deben contar previamente con una situación migratoria regular que les permita residir legalmente en Italia. En muchos casos, los principales beneficiarios terminan siendo ciudadanos de otros países de la Unión Europea que simplemente desean cambiar de región dentro del continente.

Por ese motivo, la presencia de latinoamericanos suele ser mucho menor de lo que imaginan quienes siguen estas historias desde Sudamérica.

Mientras las casas por un euro pierden protagonismo, comienzan a surgir nuevas iniciativas orientadas a revitalizar pequeñas comunidades. Durante su investigación, Eduardo y Noeli identificaron dos proyectos que consideran especialmente interesantes: Abita Borghi Montani y Ripopola Calabria.

Aunque ambos todavía se encuentran en etapas iniciales, podrían convertirse en alternativas atractivas para quienes planeen instalarse en Italia en los próximos años.

Abita Borghi Montani

El programa "Abita Borghi Montani Calabria" es una iniciativa gubernamental de la Región de Calabria, Italia, diseñada para combatir la despoblación y revitalizar los pequeños pueblos de montaña que tienen menos de 3.000 habitantes.

A diferencia de las casas por un euro, aquí las personas pueden elegir una vivienda y recibir ayudas económicas de hasta 5 mil euros para cubrir parte de los costos de compra o renovación. "El requisito principal es comprometerse a vivir allí durante al menos cinco años", detallaron.

Las familias con hijos tienen prioridad, ya que uno de los objetivos centrales es recuperar población estable para sostener escuelas, servicios y actividades económicas. También buscan a personas que tengan la intención de abrir un negocio o actividad económica dentro de las comunidades receptoras. Actualmente, son 89 los municipios de montaña seleccionados para este programa.

Ripopola Calabria

La propuesta funciona de manera diferente. En este caso, la región financia con hasta 280 mil euros la recuperación de edificios públicos en desuso, muchos de ellos antiguas villas, palacios o construcciones históricas.

Hay casi una docena de villas que integran este tipo de iniciativas, tales como Aieta, Bova, Caccuri y Santa Severin. "Los municipios reciben fondos para restaurar esos inmuebles y luego ofrecerlos a nuevos residentes mediante alquileres accesibles o sistemas de comodato", precisó Eduardo.

"Lo interesante es que las propiedades ya te las dan renovadas, con internet de alta velocidad, aislamiento térmico y medidas antisísmicas", destacó Eduardo, quien aclaró que el programa todavía se encuentra en fase de desarrollo y los municipios recién están presentando proyectos para acceder a los fondos.

La respuesta también es sí, aunque con importantes matices. Si bien suelen aparecer en los medios argentinos noticias de que pueblos italianos prometen pagos de hasta 30.000 euros para quienes decidan mudarse a determinadas localidades, "la realidad es bastante más compleja", advirtió Eduardo. "No llegás al pueblo, decís que querés vivir ahí y te entregan un cheque. No funciona así", aclaró.

Los incentivos suelen estar condicionados al cumplimiento de numerosos requisitos: residencia efectiva, permanencia durante varios años, participación en la comunidad e incluso el desarrollo de actividades económicas.

Además, muchas veces el beneficio no se entrega como dinero en efectivo. "Hay casos en los que el incentivo se traduce en descuentos impositivos o ayudas específicas para determinados gastos", especificó. Por eso, la recomendación es siempre la misma: "Leer atentamente la letra chica antes de tomar cualquier decisión".

Después de recorrer distintos pueblos y analizar los programas existentes, Eduardo y Noeli consideran que "estas iniciativas pueden representar una oportunidad concreta sólo para determinadas personas".

Principalmente para quienes ya tenían pensado mudarse a Italia, cuentan con recursos económicos para invertir y buscan un estilo de vida tranquilo, lejos de las grandes ciudades.

"Si alguien quiere vivir en un pueblo italiano y dispone de un presupuesto importante, quizás pueda ahorrar dinero utilizando alguno de estos programas. Pero hay que entender perfectamente todo lo que implican", resumió Eduardo.

La clave, según ambos, es no dejarse llevar por los titulares simplificados. "Las casas por un euro existen. Los incentivos para mudarse también. Pero detrás de cada oportunidad hay requisitos, compromisos y una importante inversión de tiempo y dinero", concluyeron en alusión a que "la realidad es bastante más compleja que el mito viral".

Antes de convertirse en creadores de contenido sobre viajes y vida en Europa, Eduardo Coronel y Noeli Forciniti llevaban una vida completamente distinta en Rosario.

Ambos trabajaban en una empresa privada: él como gerente de marketing y ella en tareas administrativas. Sin embargo, después de años de rutina laboral, comenzaron a sentir la necesidad de explorar otros caminos.

"No nos fuimos de Argentina por una cuestión económica. Lo que buscábamos era vivir experiencias diferentes y conocer el mundo", enfatizó Eduardo.

En 2023 dejaron sus empleos y partieron hacia Australia con una visa de estudiante. Lo que inicialmente parecía una experiencia tradicional de trabajo y estudio tomó un rumbo inesperado cuando descubrieron el pet sitting, una modalidad mediante la cual las personas cuidan casas y mascotas mientras los propietarios están de viaje.

Durante un año completo vivieron en distintas ciudades australianas sin pagar alquiler. La experiencia fue tan positiva que luego repitieron el modelo en Japón, donde permanecieron tres meses cuidando mascotas y una tradicional vivienda japonesa.

Después de pasar por Dubái y regresar brevemente a Argentina, viajaron a Italia a fines de 2024 para iniciar el trámite de ciudadanía de Noeli. La idea original era instalarse temporalmente en el país antes de mudarse a España. Sin embargo, el destino tenía otros planes.

Mientras buscaban alojamiento transitorio descubrieron Cetraro, una pequeña ciudad costera de Calabria de unos 13.000 habitantes. El lugar los conquistó. Hoy viven frente al mar, trabajan de forma remota para empresas internacionales y generan contenido sobre viajes y vida cotidiana en Italia desde el Instagram y YouTube @caminoideal.

"Encontramos una calidad de vida que difícilmente tendríamos en otros lugares de Europa por el mismo costo", aseguraron. Y aunque siguen viajando y explorando nuevos destinos, por ahora encontraron en el sur italiano ese raro equilibrio entre tranquilidad, belleza y libertad que llevaban años buscando.

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