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4 de junio de 2026

"Un presidente que sea como un rey": �Alberdi estaría horrorizado o contento con Milei?

Una investigación de la periodista de Infobae Patricia Kolesnicov, analiza las ideas del "padre de la Constitución" y por qué el actual presidente dice que va tras sus pasos. Algunas frases asombrosas del prócer

Todo empezó, ha dicho Patricia Kolesnicov, cuando Javier Milei ganó las elecciones y, en el discurso que dio ese mismo domingo, habló de Alberdi. Dijo que abrazaría esas ideas. Entonces muchos volvieron a sus bibliotecas: ¿qué había dicho Alberdi?

La cosa siguió: a poco de arrancar el gobierno Javier Milei mandó al Congreso un paquete de leyes con el nombre de Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos. ¿No remitía directamente a Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, la obra principal de Alberdi, esa que funcionó como un borrador de la Constitución Nacional?

La periodista -editora de la sección Cultura de Infobae y responsable de Infobae Ediciones- decidió profundizar en las ideas de Alberdi. Para eso, entrevistó a referentes como los historiadores Fernando Devoto, Eduardo Zimmermann, Darío Roldán y Julio Djenderedjian. También a Marcelo Ramal, que fue candidato a presidente por el partido trotskista Política Obrera y titular de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad de Quilmes. A los constitucionalistas Andrés Gil Domínguez y Félix Lonigro. Y, por recomendación del propio Javier Milei, al analista político Alberto Medina Méndez, que trajo consigo a Daniel Pereyra, creador de la Fundación Alberdi.

Entre todos, se armó un abanico de voces que permite ver al "padre de la Constitución" desde distintos ángulos. Y, clmo cada capítulo ofrece una serie de frases de Alberdi, se puede escuchar su voz. Que no deja de sorprender.

Aquí, la introducción de Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza.

Me sirve empezar con una cita inesperada, al menos para mí: "Los economistas actuales han demostrado que el salario impone al obrero una especie de esclavitud hacia el capitalista; y los partidarios de la libertad individual y de la igualdad de clases persiguen en todas partes una revolución en la distribución de la propiedad, por la que salga el jornalero de la dura dependencia que le impone el propietario".

No la dice en cualquier contexto, la dice en 1842, cuando faltan diez años para que escriba las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que darán pie a la Constitución argentina. En el momento de esta cita, Alberdi es abogado, está exiliado en Montevideo y defiende a José León, un joven de 27 años que mató al hombre que lo echó de la panadería donde trabajaba como peón y se negó a pagarle su liquidación. Y más: le dijo que se fuera o —así dice el alegato de defensa— "le agarraría y le echaría por tierra".

El alegato, que firma Alberdi, describe el hecho como un desafortunado accidente. José León temió que otro empleado que estaba ahí lo atacara, sacó el cuchillo, justo el patrón se tropezó y cayó sobre el arma… cosas que pasan.

¿Qué tiene que ver ese Juan Bautista Alberdi con el que, hacia el final de su vida, escribirá que "la Patria es libre, en cuanto no depende del extranjero: pero el individuo carece de libertad, en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto"? ¿O con el que escribirá —¿derrotado?— que la monarquía puede ser el mejor sistema político para América Latina, aunque matice esa idea enseguida?

¿Qué tiene que ver el que organiza un Estado a través de la Carta Magna y allí pone que "La Constitución asegura en beneficio de todas las clases del Estado la instrucción gratuita, que será sostenida con fondos nacionales destinados de un modo irrevocable y especial a ese destino" con el que mira, años más tarde, las sociedades sajonas y escribe: "Cuando el pueblo de esas sociedades necesita alguna obra o mejoramiento de público interés, sus hombres se miran unos a otros, se buscan, se reúnen, discuten, ponen de acuerdo sus voluntades y obran por sí mismos en la ejecución del trabajo que sus comunes intereses necesitan ver satisfecho?".

Sí; Alberdi en Omnipotencia del Estado —la conferencia de 1880 a la que pertenece el párrafo anterior— parece estar diciendo que si quieren puentes y cloacas se los hagan solos, como sugería el presidente argentino Javier Milei en sus discursos de campaña.

Y no es caprichosa la alusión al presidente argentino. Tal vez la idea de este libro empieza a tomar forma cuando Javier Milei, recién electo, declara que "volvemos a abrazar las ideas de Alberdi. De nuestros padres fundadores que hicieron que en 35 años pasáramos de ser un país de bárbaros a ser potencia". Antes había dicho: "Con Alberdi y una profunda reforma del Estado, en unos 35 años la Argentina podría alcanzar el dinamismo de los Estados Unidos".

En la conmoción de esos días, la frase quedó sonando y muchos periodistas nos lanzamos a ver qué había dicho en realidad Alberdi, qué nos estaba anunciando ese flamante presidente tan particular y para muchos impredecible.

Así nos encontramos con ideas como: "El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata". ¿Sí? ¿Era así? ¿Desde 1853 tenemos un criadero de oro y plata? El sentido común nos decía que, si esta frase de Alberdi era verdad, algo había fallado. Y acá estaba Javier Milei, que parecía señalar: lo que falló es que se dejó de lado ESA idea de libertad.

También hallamos sentencias como: "Si la economía es el juicio en los gastos, la disipación es la locura en el gobierno y en el país", una frase que daría legitimidad "de origen" a la motosierra, el recorte feroz que había anunciado el entonces presidente electo.

O cuando Alberdi dice que la aduana es mala pero inevitable. O cuando quiere, sí, educación y educación pública sostenida por el Estado pero que sea una educación práctica porque "la instrucción primaria dada al pueblo más bien fue perniciosa. ¿De qué sirvió al hombre del pueblo el saber leer?". Sí, eso dice Alberdi: de qué le sirvió al hombre del pueblo saber leer. Educación para trabajar está bien, pero veneno de la prensa electoral, que contamina y destruye en vez de ilustrar", sostiene tan luego él, que había sido parte de un periódico de título tan moderado como Muera Rosas y donde se escribían delicadezas como: "Si en verdad librar te quieres / De esas fieras horrorosas, / Hombres, niños y mujeres / Griten todos: ¡Muera Rosas!".

Así, podría pensarse que Milei pisa sobre terreno firme cuando se instala como sucesor de Juan Bautista Alberdi. Pero a medida que íbamos leyendo, advertimos que había de todo en Alberdi, y que cortando y pegando se le podía hacer decir cosas muy acordes a los planteos libertarios… o lo contrario. O casi.

"Debemos recordar la precaución con la que es necesario acercarse a la caracterización ideológica de los actores políticos del siglo XIX latinoamericano", advierte el historiador Eduardo Zimmermann que es profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés y un estudioso de las ideas liberales del siglo XIX —en su artículo "Liberalismo y conservadurismo en el pensamiento político de Juan B. Alberdi"—. Porque hay que tener en cuenta dos cuestiones: por un lado, que la norma de la época era la fusión de ideas de distintos orígenes, lo que resultaba en un pensamiento ecléctico y no "puro". Por otro —esto lo veo claro en Alberdi—, el hecho de que esos actores pensaban para un momento concreto y convulso: había que organizar países nuevos. Entonces, dice el autor de Los liberales reformistas. La cuestión social en la Argentina (1890-1916), tenían que construir autoridad y, a la vez, limitarla.

"Hubo reactualizaciones de Alberdi de parte del nacionalismo, hubo reactualizaciones de Alberdi del socialismo romántico y ahora hay reactualización de Alberdi desde el libertarianismo", me explica Zimmermann, por Zoom. "Cada uno va tomando partes de esa mezcla. Yo creo que efectivamente el eclecticismo permite eso, las reactualizaciones diversas de distintos lados".

¿Alberdi es un antecedente de Milei? Zimmermann entiende que "a Milei le viene bien todo lo que Alberdi dice en términos de liberalismo económico. Y también una flexibilidad respecto a la idea de usar instrumentos, lo que llamaríamos 'decretos de necesidad y urgencia', para acelerar el proceso de transformación". Claro que el historiador no desconoce que uno vivía en el siglo XIX y el otro, en el XXI: ¿es posible usar los mismos instrumentos? "Son realidades distintas. Pero coinciden en la necesidad de producir reformas rápidas, dramáticas, que usan el liberalismo económico como medio".

Más coincidencias: la alternativa entre shock y gradualismo de la que tanto se sigue hablando. En el siglo XIX, sostiene, hubo por un lado un "gradualismo evolucionista", que implicaba mirar el país que acababa de desprenderse de un imperio y aprender "a construir instituciones que sirven para esa realidad, en vez de traer una fórmula única", dice Zimmermann. Pero, por otro lado, apareció "esta cosa reformista ambiciosa de decir: 'vamos a derogar toda la legislación colonial de un plumazo y todo lo que sancionemos tiene que estar de acuerdo con esta nueva Constitución'. Una tensión entre el gradualismo, por un lado, y la ambición reformista rápida, fuerte y brutal que con la ley quiere cambiar la realidad".

Sí, se pueden trazar paralelos también aquí: la ambición de cambiar todo de un plumazo. Como antes se quería enterrar la colonia —y el rosismo— ahora se podría buscar darle punto final y pasaje de salida al peronismo (¿y, de paso, a la socialdemocracia?).

"Creo que el núcleo del mensaje libertario anarcocapitalista hubiera horrorizado a Alberdi", dice Zimmermann. "Él no hubiera estado de acuerdo de ningún modo con esta idea de que hay que disolver el Estado. Alberdi enfrentaba un dilema: ser un liberal, pero al mismo tiempo ser un constructor de un Estado y tener que pensar cómo se construye autoridad en un desierto despoblado y arrasado por guerras civiles, enfrentamientos o dictadura. Buscaba tener un orden nacional fuerte para que hiciera posible el desarrollo de la libertad. En ese sentido, hay un matiz de distinción con el mensaje libertario duro que a veces Milei expone".

No hay contradicción en esto, sin embargo. Ni se toma de la historia como un bloque ni el pensamiento de Alberdi es inmutable.

Así, Juan Pablo Lichtmajer —exministro de Educación de Tucumán— escribió Alberdi: la noble igualdad, y allí supo decir que el político del siglo XIX desmentiría al del siglo XX porque "Alberdi plantea que, sin igualdad, no hay libertad". Pero ¿de qué habla Alberdi cuando habla de igualdad? Otra vez, todo puede verse de un lado y de su contrario.

Como si fuera una clave que se pone al comienzo de un pentagrama e indica en qué altura debe leerse una composición, cómo se la va a tocar, Alberdi escribe al comienzo de sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina: "Sembrad fuera de la estación oportuna: no veréis nacer el trigo". No habla de agricultura, habla de política. Las cosas, dice, funcionan si son oportunas. Y por si no se entendió, abunda: "Dejad que el metal ablandado por el fuego recupere, con la frialdad, su dureza ordinaria: el martillo dará golpes impotentes. Hay siempre una hora dada en que la palabra humana se hace carne. Cuando ha sonado esa hora, el que propone la palabra, orador o escritor, hace la ley. La ley no es suya en ese caso; es la obra de las cosas. Pero esa es la ley duradera, porque es la verdadera ley".

Digo esto porque si algo tiene claro Alberdi es que las leyes, las Constituciones, no son catedrales sagradas construidas en el espacio, sino herramientas en función de un proyecto de país en un momento determinado. Por eso sostiene: "La Constitución es, en materia económica [...] la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América".

Alberdi escribe —lo dice— en la urgencia y para su época. Y sabe que lo que es útil y hasta indispensable en un momento —para, por ejemplo, separarse de España— puede no serlo medio siglo más tarde.

La Constitución que él propone —en la que se abre las puertas a los extranjeros porque el país es desierto, es decir, atraso; se garantiza libertad de culto para que los anglicanos vivan cómodos en tierras católicas; se quita todo obstáculo a la navegación extranjera por los ríos interiores— sirve al modelo que, según cree, convertirá la miseria en riqueza. "Nos hallamos, pues, ante las exigencias de una ley que reclama para la civilización el suelo que mantenemos desierto para el atraso", postula en sus Bases… ¿Tiene eso que ver con nuestro presente?

Alberdi escribe tras la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, en 1852. Una nueva era se abre en esta Argentina todavía en formación. La batalla de Caseros, dice, "es un evento tan grande como la revolución de Mayo, que destruyó el gobierno colonial español". Situado en este momento que se vive como fundacional es que Alberdi traza su Constitución, su proyecto de organización del país.

Algo parecido quizás entienda Javier Milei, que llamó Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos —un título tan parecido al de la obra más relevante de Juan Bautista Alberdi—, al descomunal paquete legislativo que daba un piso a su gestión. Como si señalara, dijimos, otro momento fundacional, acaso el de la derrota del peronismo, tomando la vieja línea San Martín-Rosas-Perón. O tal vez solo Rosas-Perón…

Acaso algo de eso tenga que ver con la adopción de Alberdi por parte de Javier Milei. Fin de una era "totalitaria", comienzo de una era "de libertad y de progreso".

"A mí me parece que las citas que él hace pueden no ser ni siquiera precisas, lo que importa allí es la efectividad que logra con la cita de Alberdi", dice el historiador Darío Roldán, doctor en Estudios Políticos y miembro de número de la Academia Nacional de la Historia. "Es la referencia a alguien que todo el mundo entiende que es alguien importante del siglo XIX, que es considerado como un liberal en la Argentina. Eso forma parte de la eficacia de la cita".

Milei, si lo pensamos así, dice "Alberdi" para decir "autoridad" y "liberalismo". "Esa autoridad de Alberdi es Milei mismo quien la construye", sostiene Roldán. "Porque estoy seguro de que a la mayor parte de los asistentes a los actos de Milei les resultaría muy difícil ubicar a Alberdi. Pero Milei le confiere a Alberdi una autoridad que el público acepta. Entonces uno podría decir: 'Alberdi no dijo esto porque en realidad lo que dijo es tal cosa, pero antes había dicho esta otra cosa', pero no tiene sentido hacerlo porque no es una clase, no es una conferencia. Es algo que hace Milei: con el eco de un nombre más o menos conocido crea una autoridad sobre la que se va a montar".

Esta idea recuerda a una que formuló Borges en el artículo "Kafka y sus precursores" y que ayuda a pensar el vínculo entre Alberdi y Milei. "Cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro", dice el escritor. Milei empodera a Alberdi y, entonces, lo transforma.

Juan Bautista Alberdi, un pensador político cuyas ideas fueron afinándose, cambiando según ocurrían los acontecimientos, sirve para dar legitimidad a un discurso político y económico que aparece como rupturista. Rompe con "el fracaso" y salta hacia atrás buscando y, de alguna manera creando, un modelo exitoso en el pasado.

Lo que le sirve a Milei, apunta Roldán, es hacer una flecha que una la Constitución, que se escribe sobre las ideas de Alberdi, con el progreso económico. "Lo que es importante es esta interpretación que dice que Alberdi creó la Constitución, la Constitución ordenó el país y el país entró en un ciclo que va hasta 1930. Y que eso fue el período de mayor crecimiento de la economía argentina". Si esa prosperidad fue tan próspera, cómo se repartió la riqueza y qué pasó después son elementos que no parecen tenerse en cuenta en esta lectura.

Entonces, si Alberdi ordenó las ideas que llevaron al éxito económico, ese es el precursor que Milei necesita. "Para poder sostener eso, uno tendría que construir el vínculo económico y con la inscripción de la economía en el mundo. Y ahí hay distintos países a los que les pasó más o menos lo mismo y que tenían constituciones distintas", aporta Roldán.

Sus planteos —de la redacción de la Constitución a la sugerencia, hacia el fin de su vida, de que un gobierno centralizado con un ejecutivo fuerte podía resultar mejor que la república para estas tierras— representan proyectos para ubicar un país periférico en el mundo. Las circunstancias cambiaron; la ambición todavía está vigente.

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