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28 de abril de 2026

Una muestra de ficción extraña inaugura un laboratorio para artistas sub-30 en el CC Borges

La muestra "Estadío Inicial", que reúne obras de Leila Simonian, Yasmín Antún y Renata Molinari, marca el comienzo de Piso Tres, una sala del Centro Cultural Borges exclusiva para artistas jóvenes

Con Estadío Inicial, una muestra con espíritu de weird-fiction que reúne obras de Leila Simonian, Yasmín Antún y Renata Molinari, el Centro Cultural Borges inauguró el ciclo Fases y con él un espacio institucional único en su tipo, pensado para dar proyección a artistas sub-30.

La exhibición se presenta en Piso Tres, un nuevo lugar expositivo, pero que es en su esencia una plataforma con el foco puesto en la experimentación y la investigación artística para creadores que apuesten por el sitio específico, la instalación, la escultura, el video y los nuevos medios, en mediano y gran formato.

La idea de crear un sitio para artistas emergentes surgió desde la dirección y se puso al frente al curador Joaquín Barrera, que durante el 2025 llevó adelante las muestras del segundo piso, y a quien le pareció "la oportunidad perfecta para utilizar esa plataforma para alentar a los artistas jóvenes a animarse a hacer otro tipo de producción".

"Son necesarios espacios para experimentar en la escena joven, a la que veo preocupantemente muy conservadora, atada al mercado, a la obra para vender, inmediata, al efecto, a la obra que entre en la casa de un coleccionista, que quede bien en un living", comentó Barrera a Infobae Cultura.

El proyecto, además, no solo busca artistas en proyección, sino también dar lugar a las nuevas miradas curatoriales y para eso se convocó también a un equipo sub-30, compuesto por Helena Spinnato, Lucía Ramundo, Olivia Azpiazu y Manuel Maquirriain, que se autodenominaron como Asamblea, y quienes trabajan bajo la supervisión de Barrera.

"Algo que habíamos identificado en las primeras reuniones que tuvimos en Curadores en Diálogo fue que no había espacios institucionales donde los jóvenes curadores pudieran hacer sus primeras prácticas. De hecho, a mí me llevó muchos años poder ingresar a est tipo de espacios para mostrar mi trabajo. Entonces, me parecía que era la oportunidad ideal para conformar un grupo", dijo Barrera.

Y agregó: "Las múltiples miradas ayudan a que el proyecto tome más cuerpo, tenga más presencia, llegue más afilado, porque la crítica sucede primero hacia el interior del grupo. Necesitamos más curadores, no alcanzan con los que somos, necesitamos democratizar la práctica. Además, la incorporación de nuevas voces también trae aparejado nuevos artistas, nuevas formas de mirar, nuevas formas de pensar el arte".

Por su parte, los Asamblea comentaron a Infobae Cultura: "Queremos invitar a una reflexión más general sobre nuestra generación, que en todas las muestras se va a manifestar de maneras distintas. También para que el ciclo tenga puntos en común y no sean muestras aisladas, que se pueda contar algo. Cómo pensamos el futuro, cómo pensamos el pasado".

El equipo curatorial abordó el proyecto partiendo de una consigna clara: buscar una propuesta irreverente, pero no desde la ruptura absoluta, sino desde la potencia del trabajo instalativo y colectivo.

Así, Estadío inicial fue concebida como el primer capítulo de un ciclo de cuatro exposiciones, estructuradas a partir de una narrativa, con la idea central en tres etapas: diagnóstico, cuidado y la ficción "como herramienta para imaginar escenarios futuros".

La muestra ingresa, en lo relativo a lo contextual, en la weird fiction (ficción extraña), un subgénero literario, surgido a finales del siglo XIX, en la que se fusionan elementos de terror, fantasía y ciencia ficción, donde la extreñeza no es lo anecdótico, sino una atmósfera, donde lo científico busca desafiar la lógica y que abre miradas sobre mundos posibles.

En la sala expositiva, Estadío Inicial logra, a primer golpe de vista, una sensación de ecuanimidad, ya que aún cuando las obras que se presentan no tienen similaridad estética, la iluminación focalizada de un espacio casi en prenumbras logra generar una atmósfera con cierto halo de misterio e, incluso, en la zona más iluminada, ya sobre el final del recorrido, se mantiene la lóggica del relato presentado.

El equipo define a la muestra como una instancia de observación y asistencia, un "pulso que articula la muestra" y que les permite imaginar "heterotopías de futuros abiertos" sin ofrecer respuestas definitivas ni caer en el desencanto. Desde ese punto intermedio mantienen un equilibrio deliberado, "en un sistema sensible donde conviven infraestructuras de cuidado, imágenes diagnósticas y entidades vivas", y habilitan, así, un entorno incierto pero fértil para la imaginación crítica.

En el inicio del recorrido Leila Simonian (Buenos Aires, 1997) se presenta con una serie de dispositivos bastante inquietantes: se escuchan latidos, gotas que caen y se evaporan en el aire, con unos "embriones" que flotan en recipientes vidriados, que se conectan mediante una sonda a un cuerpo amorfo, que remite a una existencia que es y no a la vez, con una reminisencia Gigereana.

Hay en los trabajos de Simonian un estado de latencia, algo que se extingue o comienza, que se sostiene por lo mínimo, por lo esencial, pero a la vez una monstruosidad subrepticia, como la vida que pende de un hilo, la fragilidad de lo impredescible, lo extraño como cotidiano.

En esa puesta, de presencia postapocalíptica, también, resulta ineludible, conectar con el body horror del cine de Cronenberg y, especialmente, con Crímenes del futuro (2022), donde la humanidad ha llevado a sus cuerpos a ser controlados por máquinas, en la que los órganos pueden ser reproducidos ad infinitum generando una pérdida de control sobre el sentido de la propia existencia, por nombrar algunos de los temas.

En el caso de Renata Molinari (Buenos Aires, 1996), una serie de piezas refulgen. Con distintas formas, algunas más ceranas a la botánica, otras a lo animal, estos "seres fito-zoomorfos" apuntan a disparar imaginarios posibles y bien podrían ser organismos que desde el fondo de algún océano atraen a sus presas en la mayor de las oscuridades a través de bellos fenómenos lumínicos.

Existen, en otras partes del mundo, una serie de hongos, venenosos claro, con capacidades bioluminescentes. Y de ellos se tomaron algunos genes para intervenir el ADN de plantas como petunias con un objetivo comercial, porque al parece no hay nada más hermoso que tener un invernadero que por las noches nos conecte con las estrellas, aunque desde el lab estadounidense se anuncie que es parte de un proyecto para generar plantas que puedan contribuir a la iluminación nocturna sin costo alguno, como si se tratara de la Pandora de Avatar (2009), de James Cameron, director que en la mayoría de su filmografía ingresa en el conflicto entre humano, ciencia y tecnología.

Las obras de Molinari ingresan en un territorio entre la ficción y lo real, con estos organismos que nos indagan sobre la mutación en la vida y la mano de la ciencia en eso, sobre aquello que -a diferencia de Simonian- se presenta como bello, con cierto encanto porque ingresa en el campo de la ensoñado, pero nos revelan un mismo tipo de latencia, donde el orden natural es ultrajado en pos de un algo, que nunca se llega a revelar del todo.

Ya en el caso de Yasmín Antún (Córdoba, 1997), la sala se ilumina un poco más, y se observa una sala hospitalaria, donde tocones yacen sobre camillas, a la espera de algún diagnóstico o en recuperación.

Este "Sanatorio de árboles", que se había mostrado en el MAC de 2025, presenta una serie de árboles nativos talados, como rastros de una vida que fue descartada -otra vez la mano del hombre- y sobre una de las paredes cuelgan imágenes de resonancias magnética que se les realizaron "para estrechar la brecha entre lo humano, lo animal y lo vegetal".

En esta parte, la expo se convierte en más "terrenal", los elementos no se proponen como de un futuro, sino nos llevan a lo actual, planteando una urgencia sobre la relación con lo natural, creando así un puente, como una cinta que vuelve a unir la propuesta con las obras de Simonian y la pregunta, ¿cuál es el inicio?, ¿cuál es el final?

La muestra, finalmente, se expandirá el miércoles 29 con una intervención de Francisco Álvarez,que "va a incorporar obra en que no aparece el humano, sino el mundo animal, el vegetal, un mundo más tecnológico" a partir de una serie de retratos indefinidos en yeso que parecen emerger de la pared.

*Estadío Inicial puede visitarse hasta el 7 de junio, de miércoles a domingo, de 14 a 21h, con entrada gratuita, en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525.

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