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13 de marzo de 2026

La segunda vida de Ailén, la trapecista que venció el miedo tras un accidente y volvió a volar colgada de sus cabellos

La joven cayó desde cinco metros durante una rutina junto a su novio. Cómo fue su reacción cuando los médicos le informaron que no iba a poder volver al circo

El video que resume el momento está anclado en el inicio del Instagram de Ailén Provoste. La joven trapecista realizaba una rutina con tela junto a su novio en la altura de la carpa de un circo brasileño. Todo el público tenía la cabeza inclinada hacia arriba y realizaba pequeñas exclamaciones ante las acrobacias de la pareja. En pocos segundos todo cambió. Ailén y Sebastián García cayeron al vacío desde cinco metros.

La joven trapecista impactó directamente de cabeza. "No recuerdo nada de ese momento - cuenta Ailén en diálogo con Infobae-. Estaba en el aire y después me desperté en el hospital toda dolorida".

Provoste cuenta que cada tanto vuelve a ver el video. A darse cuenta que por suerte tuvo una segunda oportunidad. "Lo vuelvo a mirar y digo si me sobrepuse a esto, debo poder con casi cualquier cosa", sostiene convencida y con la misma sonrisa que suele mostrar en los escenarios circenses. Antes de esta segunda vida, Ailén tuvo un inicio que la hizo enamorarse de las pistas de aserrín y las carpas enormes que recorren provincias y países.

"Desde muy chica siempre quise ser bailarina. Estudié desde siempre con el apoyo de mis padres que me bancaron los estudios en Necochea", explica.

Ailén tenía 19 años y se acercaba la temporada en Necochea. La rotisería en la que trabajaba cerró y ella tuvo que buscarse otro trabajo. "Me avisaron que buscaban bailarinas en el circo que había llegado a su ciudad para el verano. Fui y quedé para esos shows", recuerda.

En ese momento, la vida de Ailén hace un clic que cambiará su futuro. La joven se dio cuenta que era donde siempre había querido estar. "Bailar en las pistas y todo el público que te aplaude. Me daba mucha felicidad", sostiene.

Pasó el verano y el circo levantó su carpa y sus trailers y cambió de ciudad. Ailén seguía enganchada con el tema. Ese invierno se anotó en una escuela de circo en Necochea para aprender las acrobacias. "Recuerdo todo lo que me costó trepar una cuerda. En ese momento entendí que no es sólo cuestión de fuerza, que hay una técnica", explica Ailén.

Luego surgió una segunda oportunidad y viajó a Olavarría en busca de otro circo que estaba en esa ciudad. Volvió a quedar como bailarina y ahí conoció a su pareja el trapecista Sebastián García. "Así pasé del trailer con compañeras a vivir en uno con Sebastián", cuenta la joven.

Sebastián la impulsó a hacer los primeros números en el aire. "Hacíamos un dúo con tela que para él era el más fácil de reaccionar en caso de problemas", explica. Al mismo tiempo, Ailén seguía explorando en las artes circenses.

La acróbata empezó con ejercicios de fuerza capilar. Las compañeras del circo le habían enseñado la forma de atar el pelo y algunos secretos para mantenerse en el aire sólo sostenida por el cabello. "Vi que lo hacía una chica de 14 años en un circo brasileño. Le pregunté y me dio algunos tips para empezar. La primera vez me elevé apenas unos diez centímetros y sentía unos dolores que nunca antes había sentido. Es como que te parece que te va a explotar la cabeza. Me asusté mucho, pero seguí intentando", recuerda.

A Ailén la pandemia de coronavirus la sorprendió en una gira en Uruguay. Se fueron con el circo a Brasil y allí sobrevivieron sin poder actuar. "Recién después de varios meses se pudieron hacer shows con el público dentro de sus autos y luego recién volver a la carpa tradicional", cuenta Provoste.

Ailén perfeccionó la técnica de la fuerza capilar y empezó a hacer un número colgada de su pelo a unos cinco metros de altura. También seguía con su novio en el dúo con tela sobre la cima de la carpa.

Hasta que llegó la noche del accidente. Primero sube Sebastián y detrás va Ailén. Una tercera persona los subía con un motor. "Sebastián le había dicho que tenga en cuenta una bola de boliche que había cerca del techo y que era buena referencia para saber cuando tenía que frenar", explica Provoste.

"Esta persona no frenó el motor. No sé bien que le pasó. Nunca volví a hablar con él - revela Ailén -. La roldana que nos había subido se soltó y caímos desde unos cinco metros, desde casi el techo de la carpa del circo".

Ailén sufrió la perforación de un pulmón, una lesión en la columna, en la clavícula y un fuerte golpe en la cabeza. A su alrededor había sangre y una de las primeras compañeras que la asistió trataba de tranquilizarla. "No recuerdo nada de esos momentos. Creo que mi mente lo bloqueó para que yo no tenga miedo y pueda volver a actuar", explica.

Ailén despertó en un hospital del sur de Brasil con fuertes dolores en todo el cuerpo. Los médicos le hablaban de seis meses de recuperación y en forma tajante descartaron su vuelta al circo y a las alturas. "Lo dijeron de manera muy fría. Primero lloré mucho y después enseguida pensé en cómo arrancar con la recuperación", recuerda Provoste.

En el video que tiene anclado en su Instagram a trapecista muestra la caída y también las cicatrices. Una línea de puntos recorre su columna y también una venda le cubría parte de su frente. Ailén terminó su recuperación en Necochea. "A los tres meses empecé a hacer fisioterapia y los ejercicios me parecían muy fáciles - explica Provoste-. Entonces, pensé que podía probar de nuevo la fuerza capilar."

La fisioterapeuta le propuso hacerlo en el consultorio para mayor seguridad. "Otra vez volví a sentir los dolores de la primera vez, pero seguí. A las cuatro semanas ya estaba para volver a intentarlo en las alturas", relata Ailén.

Ailén volvió a los escenarios con su show de fuerza capilar. Provoste voló colgada de su pelo por sobre las cabezas de los espectadores que la volvieron a mirar asombrados. Su pareja, Sebastián, retornó con su rutina de trapecista.

Por ahora, no volvieron a hacer el número compartido con tela. La rutina con la que cayeron al vacío desde cinco metros. "Para eso es necesario una tercera persona en la que confiar al 100 por ciento. Todavía no la encontramos", admite.

La pareja en la actualidad trabaja en un circo que está instalado en Rafaela, Santa Fe. "Tenemos nuestro auto y un trailer para movernos. Es nuestra casa que llevamos de circo en circo. Y eso nos hace muy feliz", sostiene Ailén.

La joven trapecista sostiene que no le tiene miedo a la altura. "Me daba pánico estar en el hospital, pero cuando subo al escenario me olvido de todo", explica.

Así, llega el turno de un nuevo show. La carpa empieza a colmarse de público y Ailén empieza con el calentamiento y la preparación de su vestuario y maquillaje. En el momento indicado cuando la presentan ya estará lista para entrar a la carpa con su amplia sonrisa. Así Ailén renace cada vez que se cuelga de su pelo para recorrer la pista desde la cima de la carpa. Y vuelve a ser feliz. A vivir su segunda vida.

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