Martes 24 de Febrero de 2026

Hoy es Martes 24 de Febrero de 2026 y son las 12:22 -

24 de febrero de 2026

Cuatro años de guerra en Ucrania: cómo los drones transformaron el campo de batalla

Los dispositivos voladores no tripulados pasaron de ser una novedad tecnológica a convertirse en los responsables de hasta el 80% de las bajas en el conflicto. En el aniversario de la invasión rusa, un recorrido por la transformación más radical de la guerra moderna

>Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022, el mundo anticipaba un conflicto definido por columnas blindadas, artillería pesada y asaltos de infantería masivos. Cuatro años después, esa guerra existe apenas en los libros de historia. Lo que se libra hoy en el este de Ucrania es algo radicalmente distinto: una guerra dominada por el zumbido constante de los drones, donde moverse puede significar morir.

El aniversario de la invasión encuentra a ambos ejércitos inmersos en una carrera tecnológica sin precedentes, en la que pequeños dispositivos voladores —muchos derivados de drones comerciales que cualquier civil podría comprar— refinieron las reglas del combate.

El cambio más profundo en el campo de batalla es la aparición de lo que los militares llaman la “zona de muerte”: una franja de terreno que se extiende hasta 20 kilómetros de profundidad a lo largo de la línea del frente, donde cualquier movimiento visible puede ser detectado y atacado en cuestión de minutos.

Lo que antes era la retaguardia —donde los vehículos de suministro circulaban con relativa libertad— es ahora una zona de blanco permanente. “Todo lo que se mueve puede ser destruido de inmediato”, describió al Financial Times Taras Chmut, veterano de la infantería de marina ucraniana y fundador de Come Back Alive, una de las principales organizaciones de apoyo al ejército. “Para los europeos aún es difícil comprenderlo.

Las rutas de suministro, que antes eran transitadas libremente por camiones, están ahora cubiertas por kilómetros de redes protectoras que intentan detener los ataques aéreos. Los vehículos que se atreven a circular por esas rutas lucen modificaciones que hace cuatro años habrían parecido sacadas de una película de ciencia ficción: jaulas metálicas antidrones, pinchos para desviar el impacto de explosivos y sistemas de interferencia electrónica. Aun así, muchos no llegan a destino.

En el centro de esta transformación está el dron de primera persona, conocido por sus siglas en inglés como FPV. Estos aparatos —baratos, maniobrables y letales— sobrevolaron las líneas de suministro, cazaron vehículos y atacaron posiciones con una precisión que las armas convencionales raramente alcanzan.

Según el ministro de Defensa ucraniano Mykhailo Fedorov, los drones son responsables de hasta el 80% de los daños en el campo de batalla. Roman Kostenko, presidente de la comisión de Defensa del Parlamento ucraniano, estimó que ese porcentaje se aplica también a las bajas humanas en ambos bandos.

La respuesta ucraniana fue escalar la producción de manera acelerada. En 2024, Ucrania fabricó más de un millón de drones FPV; en 2025 esa cifra se multiplicó: el ministro de Defensa Denys Shmyhal confirmó en diciembre que las fuerzas armadas recibieron tres millones de unidades durante el año, casi el triple que el período anterior. El coronel Vadym Sukharevsky, comandante de la Fuerza de Aviones No Tripulados, resumió la nueva doctrina con una frase: “robots primero”.

Rusia, por su parte, no se quedó atrás. El primer ministro ruso Mikhail Mishustin afirmó en julio de 2025 que el país había triplicado su producción planificada de drones para ese año. Según la inteligencia militar ucraniana, Moscú producía unos 2.700 Una de las innovaciones más impactantes de estos cuatro años es el uso de cables de fibra óptica ultrafinos para controlar los drones en lugar de señales de radio. Esta tecnología hace que los drones sean prácticamente inmunes a la guerra electrónica, que de otro modo podría cortarles la conexión con sus operadores.

El resultado visual es casi surrealista: franjas de ciudades y campos del frente cubiertas por marañas de cables que los drones rusos dejan tras de sí. Rusia ha desplegado versiones de fibra óptica con un alcance de hasta 40 kilómetros, según reportó el Financial Times. Algunos de esos drones están programados para ocultarse junto a las rutas de tráfico y atacar vehículos que pasan, funcionando como una forma nueva y dinámica de mina.

La guerra no se libra solo en el frente. Las ciudades ucranianas, especialmente en el sur y el este, llevan meses conviviendo con ataques nocturnos de drones de largo alcance. Kherson, la única capital regional que cayó en manos rusas antes de ser liberada en noviembre de 2022, se convirtió en un laboratorio involuntario de defensa urbana.

“Somos el futuro para otras ciudades de la línea del frente”, afirmó Prokudin al Financial Times. “Kherson es ahora el modelo de defensa contra la guerra moderna.”

El próximo capítulo de esta evolución ya está siendo escrito. Ingenieros de ambos bandos trabajan para dotar a los drones de inteligencia artificial, permitiéndoles tomar decisiones autónomas en los segundos finales antes del impacto, cuando la conexión con el operador suele interrumpirse.

Sin embargo, los expertos advierten que la automatización total está lejos. “La IA cumple una función de ayuda, no reemplaza al humano”, señaló la analista militar Kateryna Bondar.

Cuatro años después del inicio de la invasión, la guerra en Ucrania sigue siendo, en última instancia, cosa de personas. Pero el cielo sobre ellas ya no es el mismo.

COMPARTIR:

Comentarios

  • Desarrollado por
  • RadiosNet