10 de febrero de 2026
La poco conocida historia del abuelo médico de Perón que luchó contra la fiebre amarilla y fue distinguido por Sarmiento

Tomás Liberato Perón era un joven médico cuando en 1871 Buenos Aires sufrió la peor epidemia de esa enfermedad. Su novedosa mirada como sanitarista y su lucha contra la contaminación del Riachuelo
Faltaban todavía diez años para que el médico y bacteriólogo cubano Carlos Finlay planteara la hipótesis que el mosquito Aedes aegypti era el vector de transmisión de la enfermedad y más de tres décadas para que pudiera comprobarse. Por eso, durante el brote porteño de 1871, los médicos no sólo trataban, con poca suerte, de salvar las vidas de los afectados, sino que también intentaban descubrir cuáles podían ser los orígenes de la infección.El médico higienista Guillermo Rawson describió el impacto que le había causado la epidemia: “Yo he presenciado, por razón de mi profesión, lo que ha sucedido en la epidemia pasada... Yo recuerdo... la soledad que se hacía en torno de los enfermos. Yo he visto abandonado el hijo por el padre, he visto a la esposa abandonar al esposo; he visto al hermano moribundo abandonado por el hermano”, relató.El doctor Guillermo Rawson sobrevivió a la epidemia, igual que otro joven médico, diputado con mandato cumplido e integrante del Consejo de Higiene pública, que estaba convencido de que la contaminación del agua del Riachuelo – que era utilizada para el consumo por parte de la población de la ciudad – era una probable vía de transmisión de la enfermedad. Su nombre era Tomás Liberato Perón, el abuelo del general.
Su nombre completo era Tomás Liberato Perón Hughes y nació en Buenos Aires el 17 de agosto de 1839. Su padre, Tomás Mario Perón era un genovés que había llegado desde Italia a la Argentina en 1831, donde se casó con Ana Hughes McKenzie, una joven británica, nacida en Londres, cuya familia se había radicado en la ciudad rioplatense. Para la familia Perón, la educación era importante y por eso inscribió a Tomás Liberato en el Colegio Nacional, donde terminó el secundario en 1869. Al año siguiente se inscribió en la Facultad de Medicina y estaba a punto de recibirse cuando, en 1865, tuvo que interrumpir brevemente sus estudios para prestar servicio como practicante en la atención de los heridos de la Guerra de la Triple Alianza que eran trasladados a Buenos Aires. De esa época es una carta del médico Horacio Pirovano al escritor Eduardo Wilde que describe el desempeño de Tomás Liberato, elogiando su “pericia y sacrificio”. Finalmente obtuvo el título de doctor en Medicina en 1867, con una tesis de grado titulada “Envenenamiento por ácido arsenioso”, que fue apadrinada por otro de los médicos más respetados de la época, Leopoldo Montes de Oca.“Siendo un joven de 29 años ocupó una banca en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, lo que fue aprovechado por él para buscar el bien de sus conciudadanos señalando al gobierno los problemas atinentes a la higiene y la salud públicas, a las condiciones de trabajo en los saladeros y graserías existentes por entonces en las márgenes del Riachuelo, observando el peligro de su ubicación, frontera a la ciudad, que luego habría de comprometer trágicamente la epidemia de 1871”, describió la labor legislativa de Tomás Liberato el periodista y escritor Gastón Federico Tobal (padre).
Cuando a principios de 1871 se desató la epidemia de fiebre amarilla, el joven doctor Tomás Liberato Perón puso de inmediato la mirada en el Riachuelo. Pensó que esas aguas contaminadas con los desechos que verían los saladeros podían ser una causa posible de la infección. Sabía que esas aguas abastecían a parte de la ciudad y podían ser un problema para la salud pública. Esta hipótesis fue recogida por el diario La Nación, que en uno de sus editoriales durante la epidemia describió al lecho del Riachuelo como “una inmensa capa de materias en putrefacción. Su corriente no tiene ni el color del agua. Unas veces sangrienta, otras verde y espesa, parece un torrente de pus que escapa a raudales de la herida abierta en el seno gangrenado de la Tierra. Un foco tal de infección puede ser causa de todos los flagelos, el cólera y la fiebre. ¿Hasta cuándo inspiraremos el aliento y beberemos la podredumbre de ese gran cadáver tendido a espaldas de nuestra ciudad?”.La idea de Tomás Liberato Perón que señalaba al Riachuelo como posible causante de la epidemia no estaba del todo errada, aunque la verdadera causa no tenía que ver con la contaminación del agua sino con su estancamiento, que provocó la proliferación del mosquito Aedes aegypti, el desconocido vector en la transmisión del contagio.Desde 1867 –poco después de haberse recibido de médico– Tomás Liberato mantenía una relación amorosa con Dominga Dutey, con quien convivía sin casarse. La pareja recién contrajo matrimonio en 1881. Se instalaron en una casaquinta de la localidad bonaerense de Ramos Mejía, donde Tomás Liberato pasó sus últimos años enfrentando continuos problemas de salud. Murió el 1 de febrero de 1889 a causa de una pulmonía.
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“Siendo un joven de 29 años ocupó una banca en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, lo que fue aprovechado por él para buscar el bien de sus conciudadanos señalando al gobierno los problemas atinentes a la higiene y la salud públicas, a las condiciones de trabajo en los saladeros y graserías existentes por entonces en las márgenes del Riachuelo, observando el peligro de su ubicación, frontera a la ciudad, que luego habría de comprometer trágicamente la epidemia de 1871”, describió la labor legislativa de Tomás Liberato el periodista y escritor Gastón Federico Tobal (padre).


