21 de enero de 2026
Cinco proyecciones científicas sobre cómo el cambio climático podría transformar la vida en la Antártida

Un grupo de expertos publicó en Nature Biodiversity Reviews un análisis que describe distintos panoramas posibles para el continente blanco
El primero, denominado “Restringido”, describe un panorama donde las condiciones extremas tradicionales —frío, sequedad, vientos y aislamiento— siguen actuando como barreras insalvables para la expansión de la biodiversidad. Bajo este supuesto, la flora y fauna antártica permanecerá limitada a áreas reducidas, y cualquier cambio sucederá muy lentamente.El segundo escenario, “Dinámico”, contempla un escenario en el que el aislamiento de la Antártida impide tanto la expansión de las especies nativas a nuevas regiones sin hielo como la llegada y establecimiento de especies invasoras. Este contexto sugiere una relativa estabilidad, pero marcada por una limitada movilidad tanto de la biota originaria como de potenciales invasores.En contraste, el tercer escenario, “Diversificación”, predice un proceso más abierto: las especies autóctonas logran adaptarse a temperaturas altas y superficies sin hielo cada vez más extensas, mientras que nuevas especies enriquecen la ya existente biodiversidad continental y la de sus islas circundantes. El resultado es un notable aumento en la diversidad biológica, favorecido por la llegada de organismos desde otras latitudes.El cuarto escenario, denominado “Interactivo”, presupone un incremento tanto en la frecuencia como en la complejidad de las interacciones entre especies. La atenuación de los condicionantes físicos extremos habilita relaciones más densas entre organismos, lo que produce mosaicos ecológicos más complejos y una riqueza de vínculos inédita en la historia reciente del continente.Por último, el escenario “Desordenado” plantea un futuro caracterizado por la intensidad de fenómenos aleatorios: los eventos extremos como olas de calor e inundaciones provocarán pérdidas locales significativas y una merma general de la biodiversidad. La imprevisibilidad ambiental se convierte aquí en el factor dominante, haciendo que la desaparición de especies sea localmente frecuente y que la estabilidad ecológica se fragmente.Según los autores, entre las amenazas emergentes a las que la vida antártica debe hacer frente destacan la aceleración del cambio climático, la proliferación de especies invasoras y, más recientemente, la aparición de enfermedades como la gripe aviar H5N1. Este espectro de retos ambientales obliga a anticipar cómo evolucionarán tanto las especies nativas —desde pingüinos y musgos hasta microorganismos— como las futuras comunidades biológicas del continente.
A partir de este marco, el equipo de Securing Antarctica’s Environmental Future distribuyó los futuros plausibles de la vida antártica en cinco escenarios, que responden a combinaciones variables de procesos ecológicos, presiones climáticas y factores humanos.
Según McGeoch, la velocidad y la magnitud de la respuesta biológica a estos desafíos estarán necesariamente moduladas por las condiciones persistentes de frío, sequedad, viento y aislamiento, que distinguen a la Antártida. Esto ralentiza los procesos de expansión y adaptación, aunque la heterogeneidad regional —fruto tanto de la evolución local como de la acción de eventos extremos— provoca una respuesta desigual de la vida antártica a lo largo del continente. La profesora expresó al medio de la Universidad de Monash: “Buscar pruebas de estos escenarios emergentes y anticipar dónde tiene mayor probabilidad de producirse cada uno en la región acelerará nuestra comprensión de su futuro”.En este sentido, los científicos no sólo plantean escenarios, sino que señalan lagunas críticas de información: identificar con más precisión la distancia y la frecuencia de los desplazamientos de las especies, su capacidad real de adaptación genética y ecológica, los sitios más susceptibles a la invasión de nuevas especies, así como la reacción de las comunidades biológicas ante fenómenos extremos se colocan en la agenda prioritaria del monitoreo científico.El estudio de la profesora Melodie McGeoch y su equipo se convierte así en referencia insoslayable para la planificación de conservación y el diseño de políticas ambientales que deberán configurar la gestión del territorio antártico en las próximas décadas.
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En contraste, el tercer escenario, “Diversificación”, predice un proceso más abierto: las especies autóctonas logran adaptarse a temperaturas altas y superficies sin hielo cada vez más extensas, mientras que nuevas especies enriquecen la ya existente biodiversidad continental y la de sus islas circundantes. El resultado es un notable aumento en la diversidad biológica, favorecido por la llegada de organismos desde otras latitudes.El cuarto escenario, denominado “Interactivo”, presupone un incremento tanto en la frecuencia como en la complejidad de las interacciones entre especies. La atenuación de los condicionantes físicos extremos habilita relaciones más densas entre organismos, lo que produce mosaicos ecológicos más complejos y una riqueza de vínculos inédita en la historia reciente del continente.Por último, el escenario “Desordenado” plantea un futuro caracterizado por la intensidad de fenómenos aleatorios: los eventos extremos como olas de calor e inundaciones provocarán pérdidas locales significativas y una merma general de la biodiversidad. La imprevisibilidad ambiental se convierte aquí en el factor dominante, haciendo que la desaparición de especies sea localmente frecuente y que la estabilidad ecológica se fragmente.Según los autores, entre las amenazas emergentes a las que la vida antártica debe hacer frente destacan la aceleración del cambio climático, la proliferación de especies invasoras y, más recientemente, la aparición de enfermedades como la gripe aviar H5N1. Este espectro de retos ambientales obliga a anticipar cómo evolucionarán tanto las especies nativas —desde pingüinos y musgos hasta microorganismos— como las futuras comunidades biológicas del continente.
A partir de este marco, el equipo de Securing Antarctica’s Environmental Future distribuyó los futuros plausibles de la vida antártica en cinco escenarios, que responden a combinaciones variables de procesos ecológicos, presiones climáticas y factores humanos.
Según McGeoch, la velocidad y la magnitud de la respuesta biológica a estos desafíos estarán necesariamente moduladas por las condiciones persistentes de frío, sequedad, viento y aislamiento, que distinguen a la Antártida. Esto ralentiza los procesos de expansión y adaptación, aunque la heterogeneidad regional —fruto tanto de la evolución local como de la acción de eventos extremos— provoca una respuesta desigual de la vida antártica a lo largo del continente. La profesora expresó al medio de la Universidad de Monash: “Buscar pruebas de estos escenarios emergentes y anticipar dónde tiene mayor probabilidad de producirse cada uno en la región acelerará nuestra comprensión de su futuro”.En este sentido, los científicos no sólo plantean escenarios, sino que señalan lagunas críticas de información: identificar con más precisión la distancia y la frecuencia de los desplazamientos de las especies, su capacidad real de adaptación genética y ecológica, los sitios más susceptibles a la invasión de nuevas especies, así como la reacción de las comunidades biológicas ante fenómenos extremos se colocan en la agenda prioritaria del monitoreo científico.El estudio de la profesora Melodie McGeoch y su equipo se convierte así en referencia insoslayable para la planificación de conservación y el diseño de políticas ambientales que deberán configurar la gestión del territorio antártico en las próximas décadas.
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Según los autores, entre las amenazas emergentes a las que la vida antártica debe hacer frente destacan la aceleración del cambio climático, la proliferación de especies invasoras y, más recientemente, la aparición de enfermedades como la gripe aviar H5N1. Este espectro de retos ambientales obliga a anticipar cómo evolucionarán tanto las especies nativas —desde pingüinos y musgos hasta microorganismos— como las futuras comunidades biológicas del continente.
A partir de este marco, el equipo de Securing Antarctica’s Environmental Future distribuyó los futuros plausibles de la vida antártica en cinco escenarios, que responden a combinaciones variables de procesos ecológicos, presiones climáticas y factores humanos.
Según McGeoch, la velocidad y la magnitud de la respuesta biológica a estos desafíos estarán necesariamente moduladas por las condiciones persistentes de frío, sequedad, viento y aislamiento, que distinguen a la Antártida. Esto ralentiza los procesos de expansión y adaptación, aunque la heterogeneidad regional —fruto tanto de la evolución local como de la acción de eventos extremos— provoca una respuesta desigual de la vida antártica a lo largo del continente. La profesora expresó al medio de la Universidad de Monash: “Buscar pruebas de estos escenarios emergentes y anticipar dónde tiene mayor probabilidad de producirse cada uno en la región acelerará nuestra comprensión de su futuro”.En este sentido, los científicos no sólo plantean escenarios, sino que señalan lagunas críticas de información: identificar con más precisión la distancia y la frecuencia de los desplazamientos de las especies, su capacidad real de adaptación genética y ecológica, los sitios más susceptibles a la invasión de nuevas especies, así como la reacción de las comunidades biológicas ante fenómenos extremos se colocan en la agenda prioritaria del monitoreo científico.El estudio de la profesora Melodie McGeoch y su equipo se convierte así en referencia insoslayable para la planificación de conservación y el diseño de políticas ambientales que deberán configurar la gestión del territorio antártico en las próximas décadas.

