20 de enero de 2026
Una sala de tortura en el sótano, la fuga desesperada de un niño y dos gurús de la crianza condenadas por abuso infantil
Jodi Hildebrandt y Ruby Franke, una terapeuta y una madre youtuber, se aliaron para dar consejos sobre cómo criar hijos. Lo que empezó como un asesoramiento online derivó en un caso de maltrato que conmocionó por su crudeza
Con testimonios, material de archivo y análisis de especialistas, la producción intenta responder una pregunta inquietante: cómo fue posible que dos figuras públicas llegaran tan lejos sin ser cuestionadas. El caso, además, funciona como una advertencia sobre los riesgos de la cultura influencer, la alta exposición en redes sociales y la falta de controles.
Sucedió la mañana del 30 de agosto de 2023. Ese dÃa, uno de los hijos menores de Ruby Franke logró escapar por una ventana de la casa de Jodi Hildebrandt y llegó pidiendo auxilio a la casa de un vecino. Era la tercera puerta que golpeaba. TenÃa signos evidentes de desnutrición, heridas abiertas y las extremidades envueltas en cinta adhesiva. “¿Qué sucede?â€, quiso saber el hombre. “Es un asunto personalâ€, contestó el chico, temeroso.El llamado quedó registrado en un audio del Departamento de PolicÃa de Santa Clara–Ivins. “Acaba de venir un niño de 12 años a pedir ayuda. Tiene los tobillos vendados y no nos dice por qué. Tocó timbre y me pidió que llamara a la policÃaâ€, contó el vecino, todavÃa sin dimensionar lo que estaba describiendo. Del otro lado de la lÃnea, el operador preguntó si el menor parecÃa drogado o alcoholizado. “Noâ€, respondió. Y entonces se quebró: “Tiene cinta adhesiva en cada tobillo. Creo que tiene llagas alrededor y también en las muñecas. Este chico estuvo retenidoâ€.En su relato, el niño dijo que habÃa estado atado con sogas y esposas, y que se merecÃa las heridas. También contó que su hermana de 10 años seguÃa en la vivienda de la que él habÃa huido y que hacÃa un mes que no la veÃa. Rápido, los investigadores consiguieron una orden de allanamiento con un único objetivo: rescatar a la niña.
Hasta ese momento, Jodi Hildebrandt era una figura respetada: terapeuta, coach de vida y fundadora del programa ConneXions, que instaba a la gente a “vivir en la verdadâ€. Según el documental, contaba con el apoyo de un obispo mormón y muchos fieles llegaban a ella derivados por el religioso. Para entonces, su especialidad eran las relaciones de pareja: la mayorÃa de los matrimonios de la comunidad que atravesaban una crisis la consultaban.
El cruce entre ambas empezó como una relación profesional. Los Franke llegaron al consultorio de Hildebrandt buscando guÃa, pero ella encontró algo más valioso: una plataforma de exposición. Jodi aspiraba a que la siguieran algunos de los millones de seguidores que Ruby habÃa tenido en su proyecto previo. En ese contexto, se acercó a la pareja como consejera, ganó confianza y fue escalando posiciones dentro de la familia hasta que terminó desplazando a Kevin Franke y aislándolo de sus hijos, mientras Ruby se entregaba cada vez más a esa lógica de obediencia, disciplina y castigo.
“Es curioso: una persona que influencia a otras sobre cómo ser una buena madre terminó detenida por ser una mala madre. Pero una terapeuta que lleva a alguien a creer que necesita torturar a sus hijos… eso es más aterradorâ€, sostuvo el fiscal del caso, Eric Clarke. “Para Jodi, Ruby era una persona que estaba dispuesta a ser guiada y hacer todo lo que le dijeran. Me pregunto si su vÃnculo no se volvió asà de horrible porque Jodi solo estaba viendo hasta dónde podÃa llevar a Ruby antes de que se resistieraâ€, agregó.
Con el correr de los meses, Kevin Franke terminó apartado de la casa y la rutina familiar se reorganizó bajo una lógica cada vez más estricta. De acuerdo con la declaración de los dos hijos menores de Ruby, los castigos empezaron con tareas fÃsicas: cargar cajas y subir y bajar escaleras hasta el agotamiento. Después escalaron a castigos corporales extremos por motivos mÃnimos. “Los hacÃan saltar en un trampolÃn durante horas en el verano al rayo del sol. Si tomaban un descanso, los castigaban por ‘deshonestos’â€, contó el fiscal.El niño que se fugó para pedir ayuda ya habÃa intentado escaparse una semana antes. Según los investigadores, ese primer intento desató un castigo tan perverso como terrorÃfico: lo ataron con sogas de muñecas y tobillos y lo dejaron inmovilizado, boca abajo, durante horas. Su frase en la ambulancia —“Me merezco estas heridasâ€â€” no solo describió el daño fÃsico: mostró hasta qué punto la violencia habÃa sido instalada como culpa.
El caso culminó con una condena histórica. Cinco meses después de su arresto, en febrero de 2024, tanto Jodi Hildebrandt como Ruby Franke fueron sentenciadas a cumplir cuatro penas consecutivas de entre 1 y 15 años de prisión (el máximo previsto por la ley de Utah), tras declararse culpables de múltiples cargos de abuso infantil agravado.En el tribunal, el fiscal Eric Clarke dijo que dos de los hijos menores de Franke vivÃan en un “ambiente parecido a un campo de concentración†y calificó a ambas mujeres como una amenaza significativa para la comunidad. “A los niños se les negaba regularmente comida, agua, camas para dormir y prácticamente todas las formas de entretenimientoâ€, sostuvo.El dÃa que se conoció la condena, Kevin Franke, el padre, obtuvo la tenencia exclusiva de los cuatro hijos menores y volvió a vivir con ellos. Ni Shari ni sus hermanos esperan la salida de Ruby de la cárcel. Jodi, por su parte, nunca asumió su culpabilidad: sigue convencida de que es una enviada y comparándose con profetas incomprendidos y rechazados.
