10 de diciembre de 2025
La lucha, el secuestro y el asesinato de Azucena Villaflor, la primera presidenta de las Madres de Plaza de Mayo
La mañana del 10 de diciembre de 1977, cuando iba a comprar el diario donde aparecería la primera solicitada de la agrupación de derechos humanos, fue secuestrada por un grupo de tareas en Avellaneda. Días después fue arrojada con vida al mar desde un avión junto con otras dos de las madres fundadoras
El recuerdo de la mañana del dÃa que secuestraron a su madre permaneció siempre vÃvido en la memoria de Cecilia. Bien temprano, ese sábado 10 de diciembre de 1977, Azucena Villaflor se asomó por la puerta de su dormitorio y le preguntó:
—Pescado, mamá —contestó Cecilia en esa conversación mÃnima, Ãntima, la última que tuvo con su madre.
—¿Qué te pasa, mamá? —le habÃa preguntado.
Se referÃa a Esther Ballestrino de Careaga y MarÃa Eugenia Ponce de Bianco. El jueves 8 una patota de la Escuela de Mécánica de la Armada las habÃa secuestrado al salir de una misa en la Iglesia de la Santa Cruz, luego de ser señaladas con un beso por el represor Alfredo Astiz, infiltrado entre las Madres haciéndose pasar por el hermano de una militante desaparecida. Junto a las dos madres, el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada se habÃa llevado a otras ocho personas: Angela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovilla, Gabriel Horane, Patricia Oviedo y la monja francesa Alice Domon, que colaboraban con ellas en la búsqueda.
—¡Basta, Azucena! ¡Si vos seguÃs buscándolo a Néstor yo me voy de casa! —le habÃa dicho, casi gritado con desesperación, a su mujer.
—¿Querés que te prepare la valija? —le respondió.
El 30 de noviembre de 1976 otro grupo de tareas de la dictadura habÃa secuestrado a uno de los cuatro hijos de Azucena y Pedro De Vincenti, Néstor. Con él se habÃan llevado a su novia, Raquel Mangin. Desde entonces, nada se sabÃa de ellos. Solo que se los habÃan llevado vivos. Azucena habÃa empezado la búsqueda de Néstor en soledad, recorriendo comisarÃas, cuarteles y reparticiones oficiales. Siempre le daban la misma respuesta: no sabemos nada. En ese peregrinaje habÃa encontrado a otras mujeres que, como ella, querÃan saber dónde estaban sus hijos desaparecidos.Esas primeras madres, decidieron organizarse y luchar juntas con ese objetivo. Por iniciativa de Azucena, que querÃa visibilizar sus búsquedas, se citaron el 30 de abril de 1977 en la Plaza de Mayo para exigir que alguien las recibiera en la Casa Rosada. Eran trece mujeres: Azucena Villaflor de De Vincenti, Josefa de Noia, Raquel de Caimi, Beatriz de Neuhaus, Delicia de González, Raquel ArcusÃn, Haydee de GarcÃa Buela, Mirta de Varavalle, Berta de Brawerman, MarÃa Adela Gard de Antokoletz y sus tres hermanas, Cándida Felicia Gard, MarÃa Mercedes Gard y Julia Gard de Piva.—¡Circulen! —les ordenó, autoritario.
Otra de las Madres fundadoras, Haydee de GarcÃa Buela, le contó a Arrosagaray, no sin algo de vergüenza, un entredicho que tuvo en esos primeros dÃas, cuando eran menos de veinte mujeres, con Villaflor. Azucena aportaba ideas constantemente sobre qué hacer y dónde reclamar, a veces de manera un poco impetuosa. Eso molestó a Haydee, que en una de las reuniones la interrumpió de mal modo:
DÃas después Haydee le pidió disculpas a Azucena. “Por suerte me di cuenta pronto de la calidad de mujer que era Azucena y entendà que ella conducÃa naturalmente porque tenÃa una gran capacidad para organizarnosâ€, contó años más tarde. Otra Madre de aquellos primeros dÃas, MarÃa del Rosario Carballeda de Cerruti, la definió con cuatro simples palabras: “Era una lÃder naturalâ€.
A partir de aquel 30 de abril de 1977, cuando la policÃa les ordenó circular y ellas comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide, las “locas†de Plaza de Mayo —como se las llamó para descalificarlas— se transformaron en un problema para la dictadura. Como respuesta, Julio Cortázar las reivindicó usando ese mismo calificativo: “Sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de palabra, exiliados de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos, argentinos: no hay otra manera de acabar con esa razón que vocifera sus slogans de orden, disciplina y patriotismo. Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundoâ€, escribió.No sabÃan que tenÃan un infiltrado que buscarÃa destruirlas. Alfredo Astiz, bajo el nombre falso de Gustavo Niño y haciéndose pasar por hermano de una persona desaparecida, se habÃa ganado la confianza de las Madres para detectar a quiénes las lideraban y cortar de raÃz un movimiento del cual ya se empezaba a hablar en el mundo. Señaló a Azucena como una de ellas.
La mañana del 10 de diciembre, después de preguntarle a Cecilia qué querÃa comer, la fundadora de las Madres caminó hasta la avenida Mitre, la principal de Avellaneda, para comprar el diario en el kiosco al que iba siempre. Cuando cruzaba la avenida, un grupo de tareas integrado por hombres de civil que se movilizaban en varios Ford Falcon se la llevó. “Ella se resistió, gritó para que la vean, un colectivo que pasaba por ahà paró, pero los militares sacaron armas largas y le dijeron que siga. Unos vecinos vieron y vinieron a contar lo que habÃa pasadoâ€, reconstruyó Cecilia en una charla con el autor de esta nota.
El calvario sufrido por Azucena en las mazmorras de la ESMA se conoció muchos años después por el testimonio de algunos sobrevivientes que la vieron allÃ. “Una de las detenidas recordó que le habÃan alcanzado un mate y ella les habÃa dicho que seguramente le iban a dar un susto, que hicieran la lista de los que estaban ahà para informar a sus familiares cuando la liberaranâ€, recordó Cecilia. Los testimonios coinciden en que un dÃa después de haber llegado tenÃa muchos moretones en su cuerpo porque habÃa sido torturada.
Pese a la muerte de Azucena y sus compañeras —y el terror que a través de ellas quiso generar la dictadura entre quienes reclamaban por los desaparecidos— las Madres de Plaza de Mayo siguieron adelante con sus reclamos y sus marchas, y se convirtieron en un sÃmbolo de resistencia al Estado terrorista instalado en la Argentina. Por estos dÃas, cuando se cumplen 48 años del secuestro de Azucena Villaflor y vuelven a escucharse discursos negacionistas, las Madres siguen siendo el sÃmbolo más potente de la lucha de los argentinos por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
