17 de noviembre de 2025
La tragedia del misionero que visitó la isla más peligrosa del mundo con regalos para una tribu caníbal y fue asesinado a flechazos
John Allen Chau tenía 26 años cuando el 17 de noviembre pasado intentó descender a Sentinel del Norte, un lugar remoto del Océano Índico. Muchos creen que detrás de su misión evangelizadora había otro propósito: ¿quería provocar el Apocalipsis para la segunda llegada de Jesús?
Su diario de viajes, recuperado de los pescadores, es la crónica de una fatalidad anunciada. Es un testimonio escalofriante de la disonancia entre su fe y la realidad que se le venÃa encima.
El 14 de noviembre, llegaron a la isla. Al dÃa siguiente, Chau se subió a un kayak y remó hacia la orilla cargado con regalos: peces, una pelota de fútbol, tijeras. Intentó hablarles en su idioma, Xhosa, sin éxito. Los sentineleses, descritos como bajos de estatura, con el pelo ensortijado y la piel oscura, emergieron de la jungla. Sus rostros no mostraban curiosidad, sino furia.“Grité: ‘Mi nombre es John, te amo y Jesús te ama’â€, escribió Chau en su diario. La respuesta fue inmediata. Un joven de la tribu tensó su arco y disparó. La flecha le atravesó la Biblia que Chau llevaba pegada al pecho, salvándole la vida.Esa noche, su diario reflejó la profunda fractura en su psique: “¿Por qué este hermoso lugar tiene que tener tanta muerte aquÃ? Espero que esta no sea una de mis últimas notas, pero si lo es, que ‘para Dios sea la Gloria’â€. Y luego, escribió una frase que reveló el terror que su fe no lograba sofocar: El 16 de noviembre, entregó sus últimas notas a los pescadores. Les dijo que volverÃa a remar a la isla y que lo recogieran al dÃa siguiente. SabÃa que su aventura podÃa costarle la vida. Los pescadores contaron a la policÃa que vieron por última vez a Chau con vida el viernes.
A la mañana siguiente, el sábado 17 de noviembre, los pescadores vieron el desenlace desde la distancia prudencial del barco: observaron a los nativos arrastrar el cuerpo de Chau por la arena blanca y luego enterrarlo. La misión habÃa terminado.La familia de Chau publicó un comunicado perdonando a los asesinos. Ellos estaban convencidos de que su hijo Siete personas, incluidos los cinco pescadores, fueron arrestadas por ayudarlo. Los sentineleses, por supuesto, fueron librados de culpa y cargos. Samuel Brownback, entonces Embajador en General para la Libertad de Religión Internacional de EE. UU., lo confirmó: el crimen no tuvo imputados.
Pero a medida que el asombro inicial se disipaba, emergió una explicación nueva y mucho más inquietante. ¿Y si la muerte de Chau no fue un accidente trágico en un intento de evangelización, sino el objetivo mismo? ¿Por qué volvió después de que una flecha casi le quitara la vida?Suena a delirio, pero los documentos de su propia iglesia lo respaldan con una claridad aterradora. La “Declaración de Fe†de All Nations Family, en su punto 11, detalla esta creencia: “Creemos y estamos orando por una gran cosecha de almas y el surgimiento de una iglesia victoriosa al final de la era que experimentará una pureza y un poder sin precedentes para predicar el evangelio como un ‘testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin’â€.
Esta teorÃa reformula cada acción de Chau. Su primer intento no fue un fracaso, fue un testimonio. La flecha en la Biblia no fue una advertencia, fue una señal de que Satanás protegÃa la isla. Y su segunda incursión, la que sabÃa que podrÃa ser mortal, no era una misión de conversión, era una misión de sacrificio.
¿Se vio a sà mismo como el catalizador que forzarÃa la mano de Dios y desencadenarÃa el fin de los tiempos? Ya no era un simple misionero. Era, en su propia mente, el hombre que iniciarÃa el Apocalipsis.
Hoy, siete años después, la Isla Sentinel del Norte sigue envuelta en su misterio. Las olas borraron las huellas de Chau, y la selva se tragó el lugar de su tumba. Los sentineleses siguen allÃ, ajenos al Dios, al debate y al joven que creyó que su sangre podÃa acelerar la segunda venida del Señor a la tierra. El enigma de John Allen Chau no es por qué murió, sino por qué estaba tan desesperado por hacerlo.
