10 de noviembre de 2025
Recuerdos de aquellos veranos mágicos de Maradona en la playa Marisol: �??Siempre le pedía a mi abuela que le hiciera alitas de pollo�?�
Los hermanos Ana Lía y Martín Bahía recibieron en los �??90 a Diego, Claudia y sus hijas en lo que por entonces era un desconocido balneario del sur bonaerense. �??Se hicieron parte de la familia�?�, contaron a Infobae. Los días de playa, los bailes de Carnaval, los asados y la solidaridad que dejaron una marca para siempre en los pueblos de la zona. Fotos inéditas
Es de esos dÃas el Maradona que entrevistó otro legendario periodista, Enrique Moltoni, para el viejo Canal 9 desde la mismÃsima arena: un Diego en sunga verde flúo que habla de volver al nido familiar, a quedarse en su patria, un héroe de camino hacia una de sus tantas redenciones.
Es el mismo Diego hiper sensible que se viraliza cada tanto, el que participa de un partido a beneficio en la zona, en Tres Arroyos, y luego de otros dos, y se emociona hasta las lágrimas cuando, para agradecerle el gesto que tuvo con los niños discapacitados, le regalan un cuchillo con su nombre tallado.Diego llora puñal en mano y habla de lo injusto que es un mundo que trata de manera desigual a los discapacitados. “Acá no hay intereses, acá hay gente que trabaja para los chicos que no pueden caminar, que muchas veces creemos que son inferiores a nosotros y no es verdad. Con la ayuda nuestra los vamos a hacer igual a nosotrosâ€, es la frase que se hizo célebre y que Diego casi no pudo terminar, quebrado, con los ojos a punto de rebalsar de lágrimas.Hoy Ana LÃa tiene 50 y un hijo de 8 fanatizado con el fútbol que no puede creer que su mamá, su tÃo y sus abuelos hayan sido tan amigos del astro mundial de todos los tiempos.
“Andaba por el pueblo solo, nadie lo molestaba, lo tratábamos como uno más y él conocÃa el nombre de todos, saludaba a todos; a mi casa entraba sin golpear, le pedÃa a mi abuela que le cocinara alitas de pollo y aparecÃa y se las robaba del hornoâ€, rÃe y se emociona ella.
Parece inexplicable, un capricho del cosmos, que Maradona haya entrado en la vida bucólica de los habitantes de Marisol y del pueblo cabecera Oriente que, para esos años, tenÃa apenas 2000 habitantes. Pero todo tiene una explicación. Diego llegó por sugerencia de su médico psiquiatra de entonces. Le contó que era un lugar ideal para que, tras los problemas en Italia, nadie lo molestara. Allà podrÃa pescar, salir a cazar, vivÃa muy poca gente (según el censo, en Marisol lo hacÃan 18 personas). Diego fue con Claudia a tantear antes, en noviembre de 1991, y Pablo, el padre de Ana LÃa, junto a su hermano MartÃn, fueron sus guÃas de pesca y de la vida cotidiana en el pueblo.“Desde el vamos se dio cuenta que era toda gente sencilla y él era uno más entre esa gente. Lo invitaban a comer de todas las casas y él iba con toda su familiaâ€, recuerda Ana LÃa, que jovencita como era se la pasaba jugando con Dalma y Giannina.
- ¿Por qué te decÃa Gordillo?
En el partido de Tres Arroyos (que se llenó tanto que, recordarÃa el propio Diego fue el único partido de su carrera que la gente “lo vio de costado porque de frente no entrabaâ€), Maradona le cedió el tiro libre a Gordillo para que lo patee. “Por supuesto que no lo pateéâ€, rÃe tres décadas después del susto.
“Desde el primer dÃa que llegaron siempre fueron naturales todos. Él venÃa de abajo y asà era. Era muy humano, llevaba comida y gaseosas a la playa y le convidaba a todo el mundo, llevó unas motos de agua y dejaba que la use quien quisiera. Hemos vivido millones de anécdotasâ€, admite MartÃn que lo recuerda a Maradona como “un buen pescador y buen jugador de pádel; era increÃble, hacÃa bien todoâ€.
Maradona, es sabido, bailaba muy bien. Los hermanos BahÃa conservan fotos y videos de Diego en plena danza, tanto en el bolichito del pueblo como en las fiesta de carnaval o los cumpleaños.“Mi casa era la parada obligatoria. Almorzábamos y cenábamos ahà con Diego. Mi abuela lo amaba, lo llenaba a bombones, a empanadas de corvina, a alfajores de dulce de leche y cocoâ€, enumera Ana. Claudia adoraba el lenguado al roquefort que hacÃan en la casa de los BahÃa y de hecho lo recordó durante su paso por el reality Masterchef. Ana LÃa lo cuenta orgullosa.
MartÃn recuerda que para Maradona era una aventura entrar a la playa con la Estanciera 4x4 y un carro tirado con 20 chicos y adultos arriba. Nadie puede desconocer el parentesco entre esa escena y la de los Cebollitas en el Rastrojero de Yayo.Otra imagen que no se olvida Ana LÃa: “Se levantaba todas las mañanas y se afeitaba al sol, sacaba un espejito afuera, porque era lo que su papá hacÃa en Fiorito. Le gustaba hacer eso. Después de afeitarse se ponÃa a bailar con las nenas. Siempre estaba de buen humorâ€.
Era un Diego joven, fuerte, de 31 años. Un sector de la sociedad lo cuestionaba, pero llevaba consigo el aura de la persona más famosa y querida del planeta.“Estábamos todo el dÃa en la playaâ€, sintetiza Ana LÃa, y sigue MartÃn: “Hablábamos de cualquier cosa. Él nos contaba de sus goles, del gol con la mano a los ingleses, de su vida en Fiorito, de las cosas que vivió, pero también se prendÃa a las guerras de los chicos con las bombuchasâ€.
“Siempre fue el Ãdolo de todosâ€, agrega MartÃn, que la última vez que lo vio fue en 1998. “Conocimos un lado B que no se ve en la tele. Fuimos parte de una misma familia, un mismo clan, toda gente sencillaâ€, resume Ana LÃa que después del verano del 94 nunca más abrazó a Diego Armando Maradona.
