5 de noviembre de 2025
Detectan la huella fósil de un parásito marino que afecta a las ostras desde hace 480 millones de años
El hallazgo fue en Marruecos. Qué dijeron los científicos
El proceso de descifrar el origen de estas huellas resultó complejo. Javier Ortega-Hernández, biólogo evolutivo de Harvard y curador del Museo de ZoologÃa Comparada de la universidad, relató que el equipo tardó en comprender el significado de las marcas, que parecÃan desafiar a los investigadores con su peculiar forma. Según Ortega-Hernández, la clave surgió tras revisar literatura cientÃfica poco conocida, lo que finalmente condujo al hallazgo.
El contexto ecológico del OrdovÃcico, caracterizado por un aumento de la movilidad, la depredación y el parasitismo en los ecosistemas oceánicos, refuerza la importancia de este hallazgo. Nanglu destacó que este perÃodo fue testigo de una intensificación de las interacciones biológicas, y el parasitismo documentado en los fósiles representa una manifestación temprana de estas dinámicas.
Para descartar otras posibles explicaciones, los investigadores consideraron si las marcas podrÃan haber sido producidas por los propios moluscos o por otros organismos. Sin embargo, la comparación con imágenes de estudios sobre gusanos modernos resultó decisiva. Nanglu afirmó que una fotografÃa en particular mostraba exactamente la misma forma dentro de una concha, lo que constituyó una prueba concluyente. “Esa fue la prueba irrefutableâ€, dijo Nanglu.La utilización de microtomografÃa computarizada, una técnica similar a la tomografÃa médica pero mucho más precisa, permitió a los cientÃficos observar el interior de las conchas y descubrir que existÃan más bivalvos parasitados ocultos en las capas de roca, apiladas como un pastel de varias capas. Nanglu reconoció que sin esta tecnologÃa, estos detalles habrÃan permanecido invisibles. “Nunca hubiéramos visto esto sin el escánerâ€, declaró Nanglu.
El ciclo de vida del parásito también fue reconstruido a partir de las evidencias fósiles. El gusano comenzaba su existencia como larva, se asentaba en el caparazón del huésped en un momento y lugar especÃficos, y disolvÃa una pequeña área para anclarse. A medida que crecÃa, profundizaba en la concha, generando la caracterÃstica figura de signo de interrogación. Según Nanglu, ningún otro animal conocido produce este patrón exacto. “Si no se trata de un espÃnido, entonces es algo que nunca hemos visto antes. Pero tendrÃa que haber desarrollado el mismo comportamiento, en el mismo lugar y de la misma maneraâ€, explicó.El yacimiento marroquà donde se hallaron los fósiles es célebre por preservar instantáneas de comportamientos animales extinguidos. Entre otros hallazgos, se han documentado animales sobre restos de criaturas similares a calamares, lo que proporciona pruebas únicas de antiguas interacciones entre especies. Nanglu valoró la excepcionalidad de estos registros: “Es una suerte encontrar algún registro de un animal de hace tanto tiempo. ¿Pero ver evidencia de la interacción entre dos animales? Eso es oro puroâ€.
