3 de octubre de 2025
Viajó a Francia para ser niñera y terminó protagonizando una película premiada en San Sebastián: su revelación en una sala de cine
A los 20, Isabel Aimé González Sola dejó Mendoza para empezar una nueva vida en Europa. Poco después de llegar, la ilusión inicial se desmoronó: �??No entendía una palabra de francés y lloraba todas las noches�?�. En medio de esa crisis se encontró con el teatro y con él se abrió un mundo. �??La actuación me ocupó todo el espacio y las ganas�?�, dice
Dominar el francés tampoco fue fácil. “EntendÃa apenas algunas palabras y eso me angustiaba. Lloraba todas las nochesâ€, recuerda. Entre la rutina y el aislamiento, Isabel encontró un respiro. Todos los domingos se tomaba dos colectivos para llegar al centro de Nantes y sentarse en una sala de cine. “Una vez que salà de mirar una pelÃcula y dije: ‘Este es el único lugar donde me siento bien. Es por acá’â€. Esa certeza pronto marcó el rumbo de su vida.
Isabel nació y creció en Chacras de Coria, Mendoza, en una familia numerosa y ensamblada. “Somos seis hermanos: todos de la misma madre, pero de distinto padreâ€, explica. En ese pequeño pueblo de Luján de Cuyo, los dÃas parecÃan infinitos. “Tuve una infancia salvaje. Mucho tiempo libre, jugando con los perros y aburriéndonosâ€, recuerda. Como en su casa la televisión estaba restringida, se escapaba a lo de su vecina, Rosa, para mirar novelas mexicanas, que después analizaba con obsesión antes de dormir. “Me quedaba horas pensando ‘¿Qué le va a pasar a la protagonista?’. Le daba mucho espacio a las historias ficticiasâ€, dice.
La idea del viaje Francia apareció temprano. Su padre vivÃa en el exterior desde que ella era muy pequeña y eso le hizo saber que habÃa otro mundo posible. A los 20 probó suerte unos meses en Buenos Aires, hasta que encontró el programa de intercambio que la llevó a Nantes. “A esa edad no le tenés miedo a nada. O capaz le tenés miedo a todo, pero es inconsciente. Me animé porque pensaba que la vida verdadera iba a empezar ahÃ. A los meses, toda esa rutina con la familia de panaderos empezó a parecerse más a la vida en un conventoâ€, dice.
Esa insatisfacción la obligó a preguntarse qué era lo que realmente le hacÃa bien. La respuesta estaba clara: el cine. Esa revelación fue el primer paso: si el cine era refugio, ¿por qué no tomar clases de actuación? “Ahà arranqué a averiguar cómo hacer para empezar a estudiar teatro y me di cuenta de que era mucho más difÃcil de lo que yo pensaba. En Francia tenés que prepararte para una audición, entrar a una escuela por dos años y, después, a otra por tres más. Es muy académicoâ€, cuenta. Aun asÃ, lo intentó. Cuando decidió empezar a estudiar teatro, Isabel lo tomó como “algo serioâ€. Lo primero que hizo fue buscar una maestra. Asà llegó a Odette, una mujer de casi ochenta años que con una carrera artÃstica más desarrollada en Bélgica. “La llamé por teléfono y me dijo: ‘SÃ, ¿pero vos hablás francés?’. Le dije que sÃ, aunque apenas podÃa. Nos encontramos en un café que se llamaba Molière, y me propuso preparar unas escenas de AntÃgona —la tragedia de Sófocles— para que pudiera presentarme en una escuelaâ€, cuenta.“Mientras estudiaba, mi papá me ayudaba económicamente. Si bien nos pagaban comida y alojamiento, siempre necesitás una mÃnima ayuda. Mucho no podÃa trabajar porque los horarios eran delirantesâ€, cuenta. Tras su egreso, y hasta que consiguió su primer trabajo como actriz, hizo de todo: fue profesora de español, probó otra vez como niñera y trabajó en comedores estudiantiles. “La gaviota de Chéjov fue mi primera obra. Y ahà medio que arranqué y no paré. En Francia, cuando sumás horas como actriz, el Estado te da un estatus: aunque no trabajes ese mes, recibÃs ayudaâ€, cuenta.
—“Las Corrientes†es tu primer protagónico en cine. ¿Antes habÃas hecho otras pelÃculas?
—SÃ. Cuando egresé de la escuela filmamos una pelÃcula totalmente punk con mis amigos, se llama El pequeño caos de Ana. Yo hacÃa de Ana. No tenÃamos un peso: nos prestaron un avión para rodar una escena, autos de carrera para hacer persecuciones, habÃa tiros, armas… Fue todo a pulmón. Después vinieron muchas obras de teatro —ya perdà la cuenta— con compañeros de la escuela y directores que me audicionaban. Mi primera pelÃcula “oficial†fue en realidad un papel mÃnimo, pero inolvidable: actué junto a Catherine Deneuve en Fête de famille (La fiesta de la familia). Mi rol era muy chiquito, pero estaba siempre ahÃ, viendo cómo trabajaba todo el elenco.—Hay una escena que filmé en el agua que fue tremenda. Estábamos en Suiza, nevaba, y el agua estaba superfrÃa. Me entrené con un traje de neoprene, pero igual fue durÃsimo. Entraba y salÃa, iba a un sauna y volvÃa a meterme. Fue clave para que no me diera hipotermia. Y después estuvo el tema del acento: yo tengo muy marcado el mendocino y Lina, mi personaje, debÃa sonar porteña. Trabajamos mucho con Mariana Guerrero, coach vocal, para bajarlo.
—Parece increÃble que todavÃa conserves el acento mendocino si hace más de 15 años que vivÃs en Europa.—En el Festival de San Sebastián, la pelÃcula ganó el Premio RTVE Otra Mirada. ¿Cómo lo viviste?
—Fue Hermoso. No soy de estar pendiente de los premios, pero San Sebastián me conmovió. Vi pelÃculas que me encantaron, como Nuestra tierra de Lucrecia Martel. El festival me pareció un lugar perfecto para bautizar Las corrientes: el público fue muy afectuoso, sentimos mucho cariño. Antes habÃamos ido al Festival de Toronto, pero fue distinto: yo no hablo inglés y me costó. Además, es una ciudad enorme, me sentà medio perdida. San Sebastián fue todo lo contrario.—Mi mamá, Mercedes, viajó hasta San Sebastián con mi hermanita. Vengo de una familia muy amorosa y siempre estuve muy anclada a mis hermanos (Amparo, Rosario, Ana, Gregorio, Sol, Indiana y Alma) y a mis padres y sus parejas. Creo que mi madre solo me habÃa visto en La gaviota, cuando recién salà de la escuela. Para ella también era importante porque gran parte de mi vida artÃstica la hice en el anonimato y lejos de casa. En este momento tengo varias hermanas viviendo afuera y estamos todas repartidas. Mi padre, Gustavo, que pasó muchos años en el exterior, ahora está más en Francia, y me dijo que va a viajar a ver el estreno en Argentina.
—No, no tengo el sueño del Óscar. Por estos dÃas estoy escribiendo un proyecto con mi hermana y me encantarÃa filmar en Mendoza. Ser actor o actriz hoy es muy difÃcil, y tampoco sé si lo más sano es quedarse esperando un reconocimiento.
