17 de septiembre de 2025
Cuando conoció a Dustin Hoffman y el día que le regaló plata a un taxista: el recuerdo de la China Zorrilla, a once años de su adiós
La reconocida protagonista de �??Esperando la carroza�?�, �??Elsa y Fred�?� y �??Conversaciones con mamá�?�, falleció en Montevideo el 17 de septiembre de 2014, a los 92 años. Sus anécdotas más memorables y sus últimos días
Lo mismo hizo China cuando le llegó la hora. Es verdad que venÃa de una neumonÃa por la que habÃa sido internada unos dÃas atrás en la clÃnica Asociación Española. Pero la muerte la encontró durmiendo tranquila, después de haber visto una comedia norteamericana y de haberle indicado a su sobrina Laila Amorin, quien solÃa pasar largas horas charlando con ella en el segundo piso de la casa familiar, que se encontraba bien. No hubo drama. Simplemente, se fue. Pero dejó una inmensa cantidad de historias, algunas que se pudieron ver en televisión y, otras, que siguen pasando de boca en boca hasta la actualidad.
En los años que habÃa vivido en los Estados Unidos, por ejemplo, China se habÃa desempeñado como empleada en una productora. “Yo trabajaba de secretaria en una oficina. Allà tenÃa un joven compañero con el que tecleábamos todo el dÃa la máquina de escribir. Él era tan feo y tan infeliz, que cuando me confesaba que querÃa ser actor yo pensaba: ‘¿Adónde vas a llegar con esa cara?’. Estuvo dos años conmigo. Era la imagen del actor que no puede llegar a ningún lado. Petiso y fiero. Un dÃa me dijo que le habÃan ofrecido un papel en una pelÃcula y que se tenÃa que ir a Los Ãngeles. ¿Sabés quién era? Dustin Hoffman. Y la pelÃcula que fue a filmar era El Graduado’“, recordó la actriz sin ponerse colorada.Trabajó en pelÃculas como “Elsa y Fredâ€, “Besos en la frente†y “Conversaciones con mamáâ€, además de sus incontables trabajos en teatro, como “Eva y Victoria†y “El Camino a la Mecaâ€, y televisión, como “Los Roldán†o “Vidas Robadasâ€, y facturó muy bien. Pero nunca le importó la plata. Usaba siempre las mismas blusas, tenÃa una vida sencilla y era desprendida por demás. En una oportunidad, se conmovió con un taxista que le contó que estaba endeudado, a punto de perder su casa. Y, como ella venÃa de cobrar un trabajo, no lo dudó y le dio 37 mil dólares a ese perfecto desconocido. “Cuando usted pueda me lo devuelveâ€, le dijo ingenua, sin firmar ningún papel a cambio. Y no se sorprendió cuando, ocho años más tarde, el hombre tocó a su puerta para devolverle el dinero. “Por uno solo que te devuelva lo que le has prestado vale la pena la cantidad de personas que no me han devuelto’â€, fue su reflexión de entonces.Lejos de los egos de otros artistas, Zorrilla tuvo un gesto muy noble durante el rodaje de “Esperando la carrozaâ€. Resulta que, a último momento, los productores del film de Alejandro Doria habÃan salido a buscar un vestido para que Betiana Blum usara durante su visita a la casa de su cuñada, ya que no se sentÃa cómoda con el que le habÃan preparado en vestuario. Y encontraron solo uno rojo, que le quedaba pintado. Pero resulta que China también tenÃa uno rojo para la ocasión y, cualquier otra actriz en su lugar, se hubiera opuesto a que su colega luciera un atuendo del mismo color. Ella, en cambio, decidió ponerse otro y jugar a que iba a cambiárselo para competir con su invitada, transformando lo que podrÃa haber sido un conflicto en uno de los gags más memorable de la pelÃcula.
En otra oportunidad, China acompañó a Carlos Perciavalle a hacer una función en Washington para la embajada Argentina. Era la noche de Navidad y él pensó que ella se iba a encargar de buscar los 200 dólares de la paga, pero la actriz no lo hizo y recién se dio cuenta cuando estaban en el colectivo de regreso a Nueva York. El actor se preocupó, ya que a ella le quedaban apenas 1,20 dólar en la cartera y, a él, 80 centavos para la cena de esa noche. Y todo empeoró cuando vino una persona a pedirles una colaboración y Zorrilla decidió darle todo lo que tenÃan los dos, convencida de que Dios los iba a ayudar. Por suerte, unos amigos los invitaron a pasar la fiesta en su domicilio de Park Avenue 957, donde obviamente fueron y comieron a lo grande. Aunque, cuando al dÃa siguiente los anfitriones le reprocharon su ausencia, se dieron cuenta de que se habÃan equivocado de piso y habÃan celebrado, de colados, junto a un grupo de desconocidos.
