10 de julio de 2025
Un antiguo cráneo hallado en Israel reabre el enigma de la convivencia entre Homo sapiens y neandertales
El análisis de los restos óseos plantea nuevas hipótesis sobre su relación y los rituales funerarios de especies humanas en el Paleolítico Medio
Durante casi cien años, el cráneo fue objeto de análisis e interpretaciones diversas. La dificultad para clasificarlo se debe a la mezcla de rasgos anatómicos: aunque la mayorÃa de los restos de la cueva muestran caracterÃsticas propias del Homo sapiens, la mandÃbula infantil difiere significativamente. Esta particularidad dio origen a la hipótesis de que podrÃa pertenecer a un individuo de transición o a un linaje diferente.
El equipo liderado por Anne Dambricourt Malassé utilizó tomografÃa computarizada para obtener imágenes detalladas del cráneo y la mandÃbula. Esta técnica permitió comparar la estructura ósea con la de otros niños neandertales conocidos. Los resultados indicaron que la mandÃbula presenta rasgos asociados a los neandertales, mientras que el resto del cráneo corresponde al patrón morfológico del Homo sapiens.
A partir de esta combinación, los investigadores propusieron que la niña pudo haber sido un hÃbrido, hija de padres de distintas especies. “Hace tiempo que pienso que las hibridaciones no eran viables y sigo pensando que en su mayorÃa fueron abortivas. Este esqueleto revela que, no obstante, fueron posibles, a pesar de que esta niña solo vivió cinco añosâ€, declaró Dambricourt Malassé, citada por New Scientist.El estudio incorpora opiniones de expertos externos, como John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison, quien valoró la solidez del enfoque: “Este estudio es quizás el primero que ha fundamentado cientÃficamente los restos del niño Skhulâ€. Además, destacó que las reconstrucciones antiguas no permitÃan una comparación adecuada con suficientes especÃmenes infantiles, dificultando la comprensión de su biologÃa.A pesar de los avances tecnológicos y los nuevos análisis, la identificación definitiva del cráneo como hÃbrido permanece sin resolver. John Hawks advirtió que sin un análisis de ADN, no es posible confirmar la hibridación: “No podemos identificarlo definitivamente como un hÃbrido sin extraer su ADN... puede haber mucha variabilidad en su apariencia y forma fÃsica, incluso sin mezclarse con grupos antiguos como los neandertalesâ€.La ausencia de material genético en el cráneo limita las conclusiones del estudio. Las poblaciones humanas del Pleistoceno presentaban una notable diversidad morfológica, lo que dificulta distinguir entre variaciones propias de una especie y posibles señales de mezcla entre linajes distintos. Los especialistas coinciden en que, aunque la hipótesis del hÃbrido es plausible, no puede sostenerse de manera concluyente sin pruebas genéticas directas.Dany Coutinho Nogueira, de la Universidad de CoÃmbra en Portugal, comparó la región con una “estación central de autobuses†para los humanos del Pleistoceno, según recogió New Scientist. Esta imagen refuerza la idea de que el Levante pudo haber sido un espacio de contacto, intercambio genético y posible hibridación entre Homo sapiens, neandertales y otros homÃnidos, como los denisovanos.
Estudios de genomas antiguos y modernos han demostrado que Homo sapiens y neandertales intercambiaron genes en diversas ocasiones durante los últimos 200.000 años. En 2018, un fragmento óseo de 90.000 años hallado en Rusia confirmó mediante análisis de ADN la existencia de un hÃbrido entre neandertales y denisovanos. Estos antecedentes apoyan la posibilidad de que el cráneo de Skhul corresponda a un individuo hÃbrido, aunque la confirmación definitiva aún no se ha obtenido.El hallazgo del cráneo en Skhul en el Levante, considerado uno de los cementerios más antiguos conocidos, sugiere implicaciones que van más allá de la biologÃa evolutiva. Tradicionalmente, los primeros entierros organizados se han atribuido al Homo sapiens como evidencia de comportamiento ritual y simbólico. No obstante, el estudio reciente plantea que estas prácticas pudieron haber surgido entre neandertales o haber sido resultado de su interacción con Homo sapiens.La identidad de quienes realizaron el entierro continúa sin esclarecerse. “No sabemos quién enterró a este niño, si este lugar elegido para enterrar el cadáver era el de una sola comunidad, o si eran comunidades de diferentes linajes, pero que coexistÃan y establecÃan contactos o incluso uniones, compartÃan ritos y emocionesâ€, concluyó Dambricourt Malassé.